Historias

7 razones por las que la Nochevieja nunca es tan buena como la pintan

¿Una noche para el recuerdo? Sólo si nada sale mal...

La última noche del año. La noche de San Silvestre y el muérdago. El momento en el que nos deshacemos de lo viejo y saludamos ilusionados a lo que está por venir. Que el año haya sido bueno o nefasto da lo mismo: somos una especie optimista por naturaleza y cada vez que llega el 31 de diciembre hacemos nuestras apuestas, siempre con buena cara.

Nos creemos que esta vez sí, que en 2015 iremos al gimnasio, o viajaremos más o conoceremos a esa persona especial. Y para celebrar todo lo que está por venir nos juntamos con otros seres humanos, nos ponemos guapos y nos ponemos ciegos, alimentando la ilusión de que va a ser la mejor noche de nuestras vidas.

Sin embargo ya tenemos una edad y en el fondo sabemos que las cosas nunca van a ser como las imaginamos. Salvo la resaca, esa sí que no perdona ningún Año Nuevo. He aquí algunas de las razones que hacen que la última noche del año nunca sea cómo esperábamos.

1. La presión social es demasiado fuerte

A nadie le gusta que le obliguen a pasarlo bien. Por eso las mejores fiestas pasan un martes cuando nadie se lo espera, y por eso el marketing nos deja siempre insatisfechos. Somos animales contradictorios. Además todo el mundo te bombardea con planazos de fin de año hasta el punto en que empiezas a preguntarte qué has hecho mal con tu vida para no tenerlos tú también y acabas deseando meterte debajo de la manta a ver episodios repetidos de Corrupción en Miami.

2. Es la noche de las interacciones incómodas

Un montón de costumbres de fin de año involucran algún tipo de incomodidad. Desde nuestras uvas, que muchos somos incapaces de acabar sin atragantarnos, al muérdago anglosajón, que nunca es tan encantador como en las películas, y que te hará sentirte incómodo tanto si tienes a alguien a quien besar como si no. Luego está ese momento en el que te das cuenta de que has bebido demasiado y eres incapaz de lanzar las serpentinas que te han puesto en la mano. En serio, ¿quién inventó semejante cosa?

3. El transporte es un infierno

Vas con ropa de gala y hace mucho frío afuera, así que para moverte a tu próximo destino vas a necesitar algún tipo de vehículo. ¿Taxi? Imposible, todos están cogidos. ¿Coche? Demasiado tráfico y poco espacio para meter a tus quince amigos. Acabarás en el metro, apretujado como sardina en lata junto otros tantos pobres desgraciados que van demasiado bien vestidos para un lugar en el que hace mucho calor. Y seguramente antes de salir del vagón, alguien te sople un matasuegras en el ojo.

5. Las fiestas siempre son demasiado caras

Y cuatro consumiciones de garrafón no compensan todo el tiempo y dinero que has gastado en conseguir un traje con el que estar aceptable. Tampoco la música, que siempre suelen ser versiones terribles de éxitos que nunca te gustaron, o el espectáculo de ver a un montón de personas adultas con gorritos demasiado borrachas como para comportarse o andar rectas. Es como si todos nos hubieramos puesto de acuerdo para dejarnos robar y salir muy vestidos a los mismos sitios donde normalmente vamos en vaqueros.

4. La televisión está imposible

Puedes decidir entonces que harás una fiesta en casa con unos cuantos amigos, que pondréis la tele y bailaréis un rato. Pero entonces tendréis que lidiar con todas las galas pregrabadas terribles que ponen en todos los canales de televisión: los mismos especiales de cómicos mediocres y los mismos hits que te han estado machacando todo el año, pero esta vez interpretados en playback ante una audiencia que trata de aparentar que en realidad es fin de año y no 17 de noviembre. ¿Recomendación? Tele apagada. A poder ser para siempre.

6. No te vas a enamorar

Hay demasiadas películas en las que pasan cosas estupendas en Nochevieja. En las que el chico llega en el último minuto a la fiesta de la chica que siempre le ha gustado y le declara su amor y los dos se besan mientras estallan los fuegos artificiales tras ellos. En las que los amigos miran la ciudad llena de promesas desde lo alto de una azotea de Manhattan. Pero tú no vives en Manhattan, y estás rodeado de gente a la que no conoces y con la que apenas puedes hablar. En una discoteca es lo más normal, pero después de tanta ficción va a hacer que te sientas fatal.

7. Al día siguiente es Año Nuevo

Y además de una terrible resaca de cava barato, tendrás que sentarte delante de un montón de comida y familiares que te harán preguntas que no quieres contestar. Lo único bueno es que a esas alturas ya habrás olvidado la lista de propósitos para el año que te hiciste al día anterior, y podrás concentrarte en los muslos de pollo relleno y en la cama que te espera después de comer y en todos los meses que tienes por delante en los que, afortunadamente, ya no será Navidad.

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