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Historias

La triste razón por la que esta mujer intentó ser animadora a los 33 años

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Robó la identidad de su hija y, durante 16 días, volvió a ser una adolescente de 15 años

alba losada

08 Julio 2016 16:59

Wendy Brown tenía 33 años cuando revivió el sueño adolescente. Poco después, se encontró vestida con un mono naranja, con grilletes en sus tobillos y en frente de un tribunal.

¿Su delito? Querer ser animadora de instituto.

En septiembre de 2008, Brown entró tímidamente en la Escuela Secundaria Ashwaubenon en Green Bay, Wisconsin (EE. UU.), escondida bajo la capucha de una sudadera rosa y una mochila decorada con un estampado de corazones reposando sobre su espalda.

Había robado la identidad de su hija y, durante 16 días, volvió a ser una chica de 15 años. Iba a clase, se apuntó al equipo de animadoras Ahswaubenon de Bachillerato y asistió a una de las desenfrenadas fiestas adolescentes al estilo americano.

Sin embargo, cuando descubrieron que en lugar de 15 años tenía 33 el sueño terminó. En pie, en frente a un tribunal desconcertado, tuvo que justificar su vuelta al instituto: “Sólo quería decir que lo siento por lo que he hecho. Me siento mal por ello. Y lo lamento. Um, siempre tengo... yo no soy una mala persona. Acabo de cometer un error”.


Robó la identidad de su hija y, durante 16 días, volvió a ser una chica de 15 años con el objetivo de ser animadora


La actitud y los actos cometidos por Brown dejaron a la corte a cuadros, como si no pudiesen creer lo que estaban escuchando. Por ello, el juez examinó su pasado y encontró evidencias que afirmaban que había sido un poco turbulento: en 2002 estuvo en prisión por robo y en 2004 por obstruir la justicia.

Durante el periodo en el que se hizo pasar por alumna de secundaria, sin embargo, el único delito que se le imputó fue pagar 134,10 dólares con un cheque sin fondos. Era lo que costaba el uniforme de animadora.

Desde entonces, Brown no volvió a hablar públicamente sobre el tema hasta que se reunió con el periodista de Jeff Maysh, de The Atlantic, este mes de enero. Sentados en un bar cercano a la Escuela Secundaria Ashwaubenon, le confesó que su viaje en el tiempo había sido para cumplir un sueño que había sido aplastado años atrás.

 1990, el Muro de Berlín ya había caído, la primera Guerra del Golfo se avecinaba y Brown empezaba la etapa más trascendental del instituto. Tenía 16 años y quería comerse el mundo. Sin embargo, sus días no fueron como pretendía, ya que estuvo expuesta a burlas e intimidaciones constantes por parte de sus compañeros.

En casa, las cosas tampoco eran fáciles. La relación con su madre era especialmente complicada. “Nos peleábamos todo el tiempo... Ella me decía cosas para humillarme y me golpeaba”.


Brown volvió al instituto para cumplir un sueño que había sido aplastado años atrás


En los pasillos del instituto se sentía invisible, como si hubiese una barrera impenetrable que la separaba de las animadoras guapas y populares. “Siempre estaba celosa de ellos. Me parecía que tenían una gran vida”.

Por si no tuviese suficiente, se quedó embarazada y cuando se dio cuenta ya estaba de 4 meses, por lo que se vio obligada a tener al bebé, a quien llamaría Joey, como su padre. Pero su novio no quiso asumir responsabilidades y la dejó sola. Además, contó a todo el instituto lo sucedido, por lo que las burlas se intensificaron y, con el tiempo, se vio obligada a abandonar sus estudios. “Yo quería mi diploma de secundaria, pero eran demasiadas cosas”.

Mientras ella se había visto obligada a renunciar a su vida, su hermana menor Jennifer vivía lo que le había sido arrebatado. “La odiaba. Tenía todo lo que yo quería y yo estaba muy celosa de ella”. Jennifer era el perfecto reflejo de lo que ella podría haber sido si la suerte le hubiese sonreído un poco más.

Después que el tribunal estudiara su caso y la trayectoria de una vida castigada, Brown fue declarada no culpable "a causa de enfermedad o deficiencia mental". Sin embargo, sí que se consideró oportuno que estuviese 3 años internada en un centro de salud mental de Winnebago, en Wisconsin.

"Realmente se convenció a sí misma de que podría mejorar su vida si se inscribía en el instituto y empezaba su vida de nuevo siendo su hija de 15 años... Su fantasía de terminar el instituto y ser animadora se convirtió en un delirio", dijo el doctor Ralph Baker, el psiquiatra que la evaluó a petición del juzgado.

Hay espinas que quedan clavadas de por vida y esta es la de Brown: arreglar ese sueño roto, ser la animadora que nunca pudo ser.

[Vía The Atlantic]

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