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Historias

Las ratas de cloaca que se enfrentaron a los superhéroes de Marvel

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Los dibujantes del mítico cómic underground 'El Víbora' no eran tan distintos de los personajes que inventaron

Guiem Alba

16 Marzo 2015 06:00

"Lo que hacíamos era llevar mala vida. Después del consejo de redacción, nos íbamos a comer por ahí, fumábamos canutos, ligábamos y vivíamos la noche hasta las tantas de la madrugada". Emilio Bernárdez define su grupo de amigos como "una pandilla cualquiera libre de prejuicios", pero eran algo más que eso.

Estamos en 1979, y ese grupo de amigos se reúne en un piso compartido para dibujar cómics pasados de sexo, violencia y drogas. Le llaman 'El Víbora'. Nadie esperaba que las nuevas ratas del tebeo dibujaran más de diez números seguidos, pero acabaron publicando 299 y lideraron el boom del cómic adulto durante 25 años.


Leer el Víbora sirve para entender la evolución de las drogas en España



Hablamos con Emilio, que trabajó y salió de fiesta con los protagonistas del cómic underground; hablamos también con Aritz Cirbián, productor del documental que recupera la historia de la revista de cómics más chunga de España y que ahora se editará en DVD.


Tráiler del documental 'Solo para supervivientes', que ha abierto un crowdfunding para seguir difundiendo la historia de El Víbora.



"Trasladábamos a la revista lo que vivíamos en la calle: drogadictos, delincuentes, y gente de mal vivir en general –cuenta Emilio–; estábamos muy influenciados por el tebeo underground americano, que era tan políticamente incorrecto como nosotros; ellos no dibujaban superhéroes de Marvel". Los personajes de El Víbora no eran héroes, más bien todo lo contrario: Cuatroplazas es un taxista violento; Makoki es un loco fugado del manicomio y Anarcoma es un detective transexual.

Son historias inspiradas en ratas que, una vez muerto Franco, se hicieron callejeras. Eran los nietos de la Guerra Civil y, para ellos, la libertad ya había llegado y ahora tocaba ejercerla sin ningún miedo.

Mariscal, hoy un diseñador hiper consagrado, dibujaba entonces a "la Guardia Civil entrando colocada al Congreso", según dice Aritz. Cuesta creer que diez años después, Mariscal creara a Cobi, la mascota de los Juegos Olímpicos de Barcelona '92. Y pocos saben que el adorable Cobi está inspirado en Los Garriris, una de las viñetas de Mariscal en El Víbora.

Tanto Mariscal como Max o Nazario, igual que los personajes que dibujaban, eran gente chunga y orgullosa de serlo: tanto, que bautizaron su estilo como línea chunga, opuesta a la línea clara de los cómics de Tintin. "Teníamos un trazo mucho menos definido; una línea más desgarradora y gruesa", dice Emilio.


Los tomaban por tirados apolíticos, hasta que llegó el golpe de Estado y fueron los primeros en reírse de ello



Más chungo que el trazo eran los temas que trataban, y Aritz dice que leer el Víbora es entender la evolución de la droga en España: "Cuando las drogas de moda eran el jaco y el hachís, la violencia en la revista era mucho menor; cuando eran el éxtasis y la farlopa, los chistes iban sobre cocainómanos que se pegan entre ellos".

Torturas, peleas gore y penetraciones múltiples completaban el menú de El Víbora. "Multiplicaban la violencia hasta un punto psicótico, como en una exageración violenta que llega a ser cómica", comenta Aritz. Demasiada violencia gratuita para que les quisiera alguien. Ni las autoridades les querían, ni tampoco la Gauche Divine, la izquierda intelectual barcelonesa de la época: "Los veían como una panda de punkis guarros sin apenas discurso político".

Pero pronto quedó demostrado que eso no era del todo cierto.

El Víbora fue la primera revista que se atrevió a reírse del golpe de Estado de 1981, y eso hizo que explotara su fama.

"Sacamos el especial del 23F y, de repente, nos empezó a respetar mucha gente que antes pasaba de nosotros. Creo que los progresistas dijeron '¡coño, si estos tíos piensan!'", comenta Emilio. "Estaba todo el mundo acojonado, y ellos sacaron un número especial. Lo habían dibujado muy rápido y de manera colaborativa, en comuna", añade Aritz.

De repente, todo el mundo estaba interesado en leer las barbaridades de El Víbora, y las ratas del underground salieron a la superficie para reventar las ventas de cómics en los 80. Así se ganaron una popularidad que les permitió vivir de la revista durante 25 años.


Las ratas se ganaron el respeto cuando demostraron que, además de violentas, podían ser políticas


Con el tiempo, las ventas cayeron al abismo y El Víbora tuvo que cerrar en 2004. No había sido vencida por los superhéroes del cómic comercial, sino directamente por ordenadores, consolas y otras formas nuevas de ocio.

"Fue doloroso ver morir a El Víbora", dice Emilio. Aunque al parecer hoy ya nadie quiera leer nada que no sea manga japonés, en La Cúpula –editorial que surgió para publicar El Víbora– siguen publicando cómic alternativo y políticamente incorrecto. Al fin y al cabo, el lema compartido por La Cúpula y El Víbora siempre fue Comix para supervivientes.

"Si los recuperas, cada lectura es más interesante, porque pillas la mala hostia que hay detrás de la primera capa", dice Aritz.

Aunque la revista desapareció, el macarrismo político de El Víbora se hizo atemporal. Porque el sexo, la droga y la violencia siempre serán temas vivos en la calle.  



¡Coño, si estos tíos piensan!



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