Historias

El químico capaz de causar histeria a quienes lo manipulan

El disulfuro de carbono lleva más de un siglo provocando trastornos y parece que vuelve a estar cada vez más presente en nuestras vidas

“Los hombres eran tan propensos a las crisis nerviosas como las mujeres”, explica el historiador Mark Micale. “Si la histeria no se diagnosticó antes de que ellos la padecieran, fue por razones sociales y políticas”.

“Antiguamente, se creía que los hombres eran seres que únicamente se movían por la razón y que, a diferencia de las mujeres, consideradas frágiles y dependientes, éstos eran capaces de controlar sus estados emocionales . Esa construcción social vino, directamente, del patriarcado y del poder”.

La histeria, un trastorno que los doctores anteriores al siglo XX habían atribuido sólo a mujeres, y cuyas causas pasaban siempre por tener “un útero inactivo o insatisfecho” (sic), empezó también a diagnosticarse en varones a finales del siglo XIX.

La constatación de la histeria masculina se produjo en 1887, en Nueva York, tras darse varios casos de pacientes que ingresaron en el Hudson River State Hospital con síntomas similares: discurso incoherente, sobreexcitación, y violencia verbal.

El doctor Frederick Peterson, intuyendo que ese tipo de conductas tenían relación entre sí –en todos los casos, los afectado trabajaban en la misma fábrica-, interrogó a los pacientes que padecían lo que entonces se diagnosticó como histeria, confirmando así sus sospechas. Todos ellos, durante el trabajo, habían manipulado disulfuro de carbono.

Antes de que Peterson descubriera que estos ataques de histeria no eran casuales, el parisino Auguste Delpech ya había localizado, en 1856, varios casos en los que el sulfuro de carbono había afectado a pacientes franceses, haciéndoles envejecer prematuramente y perder su apetito sexual.

El sulfuro de carbono, utilizado sobre todo en las fábricas que se dedicaban a la fabricación y manipulación de goma y caucho, podía ser causa de una locura aguda. A algunos de los trabajadores incluso se precipitaban desde los pisos superiores de la fábrica, con un resultado mortal.

Este componente, al que le debemos la existencia de las suelas de nuestros zapatos o los neumáticos de los vehículos, es una toxina que, según el médico Paul Blanc, además de causar la locura, “puede propiciar también enfermedades arteriales, como la aterosclerosis o el parkinson”.

Del mismo modo, el disulfuro de carbono puede provocar malformaciones en fetos y trastornos menstruales.

Lejos de haber dejado de utilizarse, el sulfuro de carbono todavía se usa en algunas fábricas. En ellas, los trabajadores que se exponen a esta toxina tienen mayor probabilidad (más del doble) de padecer enfermedades cardiacas, si los comparamos con sus compañeros de trabajo que no manipulan este producto.

Además de en fábricas de goma y en la fumigación agrícola, el sulfuro de carbono también se utiliza en la fabricación de celofán o de rayón, una fibra artificial también conocida como viscosa o seda artificial. “En las campañas de marketing se evita utilizar el término ‘rayón’ y se habla de ‘viscosa’ en su lugar”, denuncia Mark Micale.

Aunque la viscosa o el celofán hayan sido definidos —en comparación con, por ejemplo, el nylon— como ‘productos ecológicos’, el doctor Paul Blanc, profesor de la Universidad de California San Francisco y autor del libro Fake Silk, The Lethal History of Viscose Rayon, desmiente esta teoría. “Puede que el producto final sea seguro, que lo es, pero al estar hecho con productos químicos tóxicos, jamás podrá ser ecológico”.

En este sentido, en un informe emitido este mismo año, la EPA señalaba el sulfuro de carbono como una amenaza para el medioambiente, sobre todo en áreas urbanas, y muy especialmente en Estados Unidos.

Esto, con Trump en el poder, tiene todas las probabilidades de ir en aumento.

“Las fábricas americanas que hagan viscosa ya no tendrán que preocuparse de estar contaminando el aire o de que les impongan restricciones”, lamenta Blanc. De estar en lo cierto, la salud de muchas personas saldrá perdiendo.

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