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Historias

Así fue el primer malware de la historia, y así han evolucionado hasta la actualidad

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En 1988, un estudiante universitario infectó 6.000 servidores por un error de código

Juan Carlos Saloz

27 Diciembre 2016 06:00

2016 se ha convertido en un año clave para la guerra cibernética. A finales de septiembre, más de un millón de dispositivos hackeados se ensañaron a la vez con una página web en un ciberataque sin precedentes. El pasado octubre se llevó a cabo el mayor ataque hacker de la década, que afectó a plataformas como Netflix o Spotify. También hace apenas unos días Yahoo admitió que les habían robado datos de más de mil millones de cuentas.

Según datos de Wired, entre abril y junio de este año se detectaron unos 4,2 millones de emails maliciosos y 3,4 millones de mensajes SPAM. Además, a lo largo del segundo trimestre, se localizaron hasta 43 millones de amenazas provenientes de internet.

En los últimos meses, las noticias relacionadas con malwares no han cesado de aparecer. Pero, al contrario de lo que pueda parecer, no es un problema para nada reciente. Su origen data de tres décadas atrás.



El gusano Morris infectó al 10% de todos los servidores que existían en 1988.


Para entender el momento en el que nos encontramos, Wired ha elaborado una cronología en la que detalla los momentos por los que ha pasado el malware desde sus orígenes. Aunque fue en 1966 el año en el que se descubrió cómo infectar un sistema –gracias a la teoría de autómatas reproductivos–, no fue hasta 1988 cuando se desarrolló el primer malware de la historia: el gusano Morris.

Por aquel entonces internet era ARPANET, el nombre genérico de la red computacional del Departamento de Defensa de Estados Unidos. El autor de aquel primer malware fue Robert Tappan Morris, un estudiante de solo 23 años de la Universidad de Cornell, y la reproducción del malware no fue más que un error de código.

Todo empezó cuando Morris se encontraba probando el tamaño de la red mediante una infección controlada. Mientras escribía los códigos, cometió un error fatal de programación. Al momento, su error comenzó a difundirse por toda la red.



Robert Tappan Morris

El malware no estaba diseñado para infligir daño, pero al difundirse de manera automática provocó errores fatales en 6.000 servidores, el 10% de los que había entonces. Los equipos se ralentizaron, los sistemas se desplomaron y la seguridad se eliminó casi por completo, dejando una puerta abierta a los primeros cibercriminales que pudieron acceder a todos los datos guardados en los sistemas afectados.

La solución al gusano Morris llegó tan solo dos días después de su propagación, gracias al trabajo conjunto de la Universidad de Berkley y el MIT. Pero su consecuencia más fatal no fue el daño que provocó en los equipos, sino la idea que sembró en la mente de millones de informáticos de todo el mundo. Ahora todos sabían que era posible infectar a los ordenadores de todo el mundo, y para ello solo necesitaban derribar las obsoletas barreras de seguridad que existían entonces.



El gusano Morris implantó la idea de que cualquiera podía infectar un sistema informático


Durante los años 90, después de que el primer malware dejara huella en la comunidad, comenzaron a propagarse decenas de virus que a su vez fueron erradicados por sistemas de seguridad cada vez más potentes. El mayor problema llegó con los llamados troyanos, softwares maliciosos que parecen legítimos e inofensivos, pero que, al ejecutarlos, brindan acceso al atacante al equipo afectado.

También fue la década en la que se realizó un gran avance para el ciberespionaje. Los gobiernos perfeccionaron sus técnicas de acceso a los equipos de los ciudadanos de a pie, y hasta bien avanzados los 2000 no se destaparon estrategias como las que utilizaba la NSA estadounidense.



Pero lo peor ha llegado en el último periodo. En 2005 se desarrolló Commwarrior, el primer virus para dispositivos móviles, propagado a través de mensajes MMS.

A partir de entonces, los mayores ataques han llegado a través del llamado "internet de las cosas", los aparatos externos con acceso a internet. Así se gestó el ataque del pasado octubre, infectando a miles de cámaras, monitores de bebés, routers domésticos y hasta lavadoras que no cuentan con contraseñas lo suficientemente potentes como para resultar seguras.

Cuando se desarrolló el primer malware de la historia, apenas había 60.000 servidores que podían ser infectados. Hoy, los servidores se cuentan por miles de millones. Pero también son muchas más las compañías encargadas de derribar cada posible ataque. Más que una amenaza, es una guerra en la que nadie puede mantenerse al margen.



[Vía Wired]

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