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Historias

Las niñas que detuvieron un país con su risa

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En 1962, tres niñas comenzaron en Tanganica una epidemia de la risa que alcanzó a 1.000 personas y cerró 14 colegios

Ignacio Pato

13 Abril 2015 06:00

Un buen día, en la escuela femenina de la aldea de Kashasha, tres niñas empezaron a reírse. Ni ellas podían parar la risa ni las demás evitar su contagio. Era el 30 de enero de 1962 y en un remoto punto de Tanganica, al lado del lago Victoria, acababa de comenzar la epidemia de la risa.

Podemos imaginarnos fácilmente a los profesores tratando de amonestar a las chicas. Sin embargo esta vez fue inútil. La cosa no iba de falta de seriedad o de conducta inadecuada. Sencillamente, la risa estaba al mando.

Los lugares donde el LOL se hacía fuerte eran precisamente en escuelas y entre la población joven y femenina

A los días, 95 de las 159 estudiantes habían sucumbido al poder de la carcajada. A algunas les duraba horas, a otras días. Los maestros, eso sí, parecían inmunes. El 18 de marzo, el colegio tuvo que cerrar. Ni las alumnas ni los profesores podían concentrarse. A pesar de que dos meses después intentó reabrirse, de nuevo fue inviable continuar con las clases.

Mientras tanto, la risa se iba extendiendo por las diversas aldeas en las que residían las afectadas. Los lugares donde el LOL se hacía fuerte eran precisamente escuelas y entre la población joven y femenina.

El informe médico realizado en la época por los doctores Rankin y Philip –y que sirve de base para el caso– habla de ataques de risa y llanto con descansos periódicos para volver a retomar la risa o las lágrimas de nuevo. Incluso, se deja constancia de testimonios que aseguran ver moverse objetos y experimentar sensación de persecución.

Sin embargo, nada de fiebres, ni rigidez en articulaciones ni ninguna otra anomalía física. Los análisis de sangre y estudios víricos no mostraron nada raro. Tampoco en la comida se encontró el posible origen, a pesar de que parte de la población sospechaba de un envenenamiento masivo en la harina de maíz de la zona o la influencia de algún presunto ataque nuclear.

Para mayo, 217 personas de cada 10.000 habitantes habían sido presas de estos ataques. Más colegios de niñas, en la región de Bukoba, tuvieron que parar el curso escolar aquella primavera de la risa. Incluso en la vecina Uganda se registró un brote que afectó a 60 estudiantes.

La leyenda de la epidemia de Tanganica ha llegado a contar un millar de personas durante año y medio y 14 escuelas cerradas. Investigaciones posteriores han tratado de arrojar más luz al caso, sin demasiada concreción por el momento.

La mayoría de especialistas coinciden en que no se trató de una cuestión de humor. Sucesos como el de Tanganica se suelen encuadrar dentro de las llamadas enfermedades psicogénicas masivas (EPM), en las que los afectados presentan síntomas relacionados con la angustia o la incapacidad psicomotriz (como en este caso), siguiendo la división que suelen realizar los expertos entre las de tipo ansiedad o las de tipo motor. La imitación de conductas se produce más fácilmente bajo estos estados de excitación.

De 3 niñas en clase a 1.000 personas y 14 colegios cerrados

Christian Hempelmann, investigador especializado en teoría del humor, asegura que la histeria colectiva pudo estar detrás del incidente en Tanganica, como parte de las vidas de personas sin demasiado poder que expresan así su inquietud hacia algo que no les satisface. Hempelmann lo relaciona de esta manera con mujeres, jóvenes y población empobrecida.

Según el mismo especialista, el cuerpo humano no puede resistir mucho más de 20 segundos de carcajada sin experimentar malestar en la respiración, y recalca que la epidemia se daba en episodios breves a lo largo de un tiempo. Es poco creíble un escenario de risas continuadas durante un año cuando difícilmente puede una persona aguantar minutos riendo sin parar.


La risa también puede causar sufrimiento físico



En otras palabras, y aunque no solamos pararnos a pensarlo, la risa puede hacer sufrir físicamente. El colectivo humorístico Monty Python ya trató en uno de sus más famosos sketches el poder letal de la risa. Esto es lo que ocurre con “el chiste más gracioso del mundo”:

O lo que, según IMDb, provocó el actor Robin Williams en un programa de TV: tuvieron que sacar a un espectador del plató en ambulancia con una hernia de tanto reír.

Sin embargo, en Tanganica el misterio continúa. Según el estudio del psiquiatra tanzano Kroeber Rugenetinu expuesto en el documental Laughology, la conlusión es clara. A sus comprobaciones las denonimó NAD. Es decir: Nada Anormal Detectado.

Pero algo pasó realmente en Tanganica, por entonces un efímero país puente entre el territorio liberado del imperio británico y la Tanzania actual que resultaría de su unión con Zanzíbar. El estado de las cosas, la cantera de esa nación, la escuela, alteró su curso. Y todo por una razón aún no del todo clara.

Quién sabe si aquellas tres niñas empezaron a reírse porque imaginaban que acabarían parando las aburridas clases con aquella primavera de la risa.

Estaríamos entonces ante el sabotaje infantil más alegre de la historia.


La risa es revolucionaria porque neutraliza el miedo



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