Historias

Me estoy poniendo gorda

Una carta abierta a mí misma, a mi hambre y a mi carne

Querida Luna, estás gorda.

Lo estás y sabes que lo estás, y además sabes que no puedes hacer nada para remediarlo.

Bueno, de acuerdo, estoy exagerando. Pero reconoce que cuando esta mañana te has pesado y la báscula indicaba un kilo más que la semana pasada, el corazón te ha dado un vuelco.

¿Cómo has llegado hasta aquí? Haz un poco de memoria. ¿Habrán sido las pizzas de los domingos? ¿Habrá sido la cerveza? ¿Habrán sido los frutos secos o las galletas entre comida y comida?

Estás gorda, Lunita, ¡tanto que dentro de poco tus amigos te van a llamar luna llena!

Pero ya sabes, la vida es eso que pasa entre que decides que estás cómoda con tu cuerpo y ese momento en el que unos gramos de más te hacen sentir absolutamente miserable frente al espejo.

Recortarías por aquí, amasarías por allá, apretarías hacia adentro hasta que cada uno de tus bultos indeseados desapareciera. ¿Y para qué?

Es el cuento de nunca acabar. Hoy te prohíbes las galletas para mañana poder comer galletas. Hoy te prohíbes las comilonas para mañana poder hacer excesos. Es el pez que se muerde la cola, con la diferencia de que al final eres tú la que muerde, la que traga y la que engulle.

¿Esconder las bolsas de patatas en los más fondo del armario? ¿Hacer sentadillas ridículas antes de acostarte o bailar la danza del vientre mientras te duchas? ¿Pedir a tu pareja que se termine tu postre? ¿Comprar un montón de fruta pero mirarla con pereza cada vez que abres la nevera? ¿Desnatados, sin azúcares, toda esa basura para ir al váter que anuncian en la tele? ¿Zamparte la barra de pan antes de que sirvan la comida? ¿Culpar a las marcas de ropa de que cada vez hacen las tallas más pequeñas? ¿Relamerte con una tostada de Nutella mientras lloras pensando en calorías? ¿Intentar hacer equilibrios imposibles entre una hamburguesa doble y una Cocacola Light?

¿Te suena de algo?

A diario, Luna, te animas mirando galerías de “belleza distinta”, leyendo artículos sobre “femenino y natural” o admirando a nuevas modelos “diferentes”. Lo cierto es que la sociedad ha acabado creando una ilusión óptica, porque por mucho amor hacia las tallas grandes que se cree ahí fuera, dentro de tus pantalones hay algo que va a estallar.

Tu tripa se infla. Tu ánimo se desinfla. A veces eres como un bróker apostándolo todo al té verde o a la piña diurética. ¿No es un poco triste?

Así que no te preocupes, querida Luna, el mundo es redondo, y es muy bonito. La vida es ancha y apacible, y todas estas cosas deberían darte absolutamente igual.

Recuerda además que hubo un día en el que te sentiste orgullosa de que en tu perfil de Myspace la descripción de tu fisionomía indicase “hay donde agarrar”.

Porque lo hubo.

Y lo hay.

Y lo habrá.

Y eso es lo que te hace hermosa

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