Historias

Cómo la policía mató a un niño de 12 años y logró que se desvaneciera el caso

Un policía blanco mató a Tamir Rice cuando jugaba con una pistola de juguete. Pero ni siquiera hubo juicio.

El 22 de noviembre de 2014, Tamir Rice fue disparado. Recibió dos tiros a corta distancia en un parque de Cleveland (Ohio). Su intestino delgado se salió del abdomen durante los cuatro minutos que estuvo yaciendo solo en el suelo. En unas horas, ya estaba muerto. Tenía 12 años y estaba jugando con una pistola de juguete.

En una época en la que la agresividad policial contra la comunidad negra había crecido desorbitadamente, el asesinato de Rice se convirtió en un elemento clave en la lucha contra los abusos raciales de la policía estadounidense.

Sin embargo, el caso acabó sin ningún culpable. El pasado 25 de abril, se acordó que la ciudad pagaría 6 millones de dólares a la familia por lo ocurrido. Pero nadie sería puesto en prisión ni multado por el grave crimen cometido.

"Fue una tormenta perfecta de errores humanos y falta de comunicación por parte de todos los involucrados”.

Según el fiscal del condado de  Cuyahoga, Timothy J. McGinty, el caso no fue más que “una tormenta perfecta de errores humanos y falta de comunicación por parte de todos los involucrados”.

Tal y como recogieron las cámaras de seguridad que grababan la zona, el día de su muerte, el niño estaba haciendo bromas pesadas a las personas que iban caminando por la calle con una pistola de aire comprimido. Apuntaba a la gente y hacía como que disparaba, pero nadie le hacía el menor caso.

Pero una persona llamó a la policía. “ Hay un tipo con una pistola aquí. Probablemente sea una broma, pero está apuntando a todo el mundo”, dijo el hombre que efectuó la llamada.

Desde el principio se dijo que podría tratarse de una arma falsa. “ El chico está enfundado y desenfundado su arma todo el rato. Probablemente sea falsa, pero está asustándome”. Además, añadió que era posible que se tratara de un menor de edad, y que temía por si se había escapado de un centro juvenil.

Esa fue la única llamada que el 911 recibió sobre Tamir Rice. La operadora obvió las palabras "probablemente falsa" y "probablemente sea un menor" y clasificó la llamada dentro del código 1, el de más alta prioridad.

El agente Timothy Loehmann disparó al niño en cuanto salió del coche.

Pronto, dos policías se personaron al lugar de los hechos: Timothy Loehmann, de 26 años, y Frank Garmback, de 46. Ambos llegaron al parque con relativa velocidad, en un coche camuflado.

En cuanto bajaron del vehículo, Loehmann disparó contra el niño.

Poco después se supo que Loehmann no estaba preparado para afrontar casos de este tipo. En su anterior trabajo como oficial de policía en el suburbio de Independence, en Cleveland, fue declarado como emocionalmente inestable y no apto para el servicio.

Sin embargo, esto no fue tenido en cuenta por el gran jurado que debía decidir si había juicio o no.

En las declaraciones de Loehmann y Garmback, ambos dijeron que pidieron al chico que alzara las manos en varias ocasiones antes de disparar. Al negarse y llevarse las manos al bolsillo, Loehmann disparó al verse amenazado.

Pero estas declaraciones no encajan en absoluto con el vídeo de lo ocurrido. En este se observa cómo el agente no tardó ni 3 segundos en apretar el gatillo. Aun así, nadie hizo las preguntas pertinentes a los policías. Tomaron su declaración, fue aceptada y se marcharon tal y como habían venido.

A las palabras de los implicados se sumaron las de un experto en vídeo contratado por el propio McGinty para mejorar la calidad de las imágenes de las cámaras instaladas en el parque y analizarlas.

Una vez las imágenes fueron mejoradas, quedó claro que Tamir no hizo ningún gesto a los policías. Sin embargo, parecía esclarecerse que metía su mano en el pantalón en el instante en el que el policía le disparó.

Aun así, la defensa decía que realmente Tamir tuvo la mano en los bolsillos durante todo ese tiempo, algo que no terminaba de verse bien en las imágenes.

Nunca hubo justicia para Tamir. Por más que las pruebas esclarecieron los hechos, la fiscalía dio tantas vueltas al caso que consiguió dejar libre a sus agentes.

Al no esclarecerse, el abogado de la familia contrató a Jesse Wobrock, un experto en biomecánica. Éste dijo que Tamir tuvo las manos en los bolsillos en todo momento, algo que, en su opinión, podía verse por su movimiento al recibir el disparo.

Sin embargo, la fiscalía se quitó de encima a Wobrock con el simple argumento de que no era experto en desciframiento de código de vídeo, excluyendo así una de las mayores pruebas que podrían haber provocado que Loehmann fuera a juicio.

La mayoría de acusados hubiera recibido un trato distinto. Se hubiera celebrado un juicio rápido que, probablemente, se hubiera resuelto con facilidad al aportar pruebas como el vídeo. Pero, al tratarse de agentes policiales, el caso contó con un informe de 224 páginas elaborado por  la propia fiscalía del condado de Cuyahoga. Este contaba con entrevistas a 27 personas, testimonios de varios testigos y conclusiones de expertos externos.

Finalmente, ante el informe del fiscal, el gran jurado decidió no presentar cargos contra los policías y todo quedó en una multa, que pagaría el propio condado a los familiares del niño.

Hubo numerosas protestas en las calles. Pero nunca les escucharon.

Ahora, la madre de Tamir sigue sin poder quejarse. Solo suscita pena entre sus allegados y, si se queja más de la cuenta, le dicen que está en contra de todos sus vecinos, ya que el jurado al final es la representación de los mismos.

Nunca hubo justicia para Tamir. Por más que las pruebas esclarecieron los hechos, la fiscalía dio tantas vueltas al caso que consiguió dejar libre a sus agentes.  

[Vía GQ]

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