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Historias

5 cosas que podemos aprender del hombre que controla el mundo emoji

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Mark Davis es el "guardián de los emoji en la sombra"

Franc Sayol

07 Marzo 2016 19:28

Los emoji se han convertido en una parte esencial de nuestra cultura.

Todos los usamos a diario, en 2015 uno de ellos fue escogido como “palabra del año” y han inspirado todo tipo de estudios (por ejemplo, el que dice que los usuarios de emoji tienen más sexo).

Pero, ¿qué sabemos de ellos? ¿Quién los diseña? ¿Quién sugiere los nuevos? ¿Quién decide cuáles se añaden? ¿Por qué hay un emoji de tempura de gambas y no uno de pescado al horno?

La mayoría de estas preguntas puedes responderlas un hombre llamado Mark Davis.



Davis tiene 63 años, trabaja en Google, y es el cofundador y presidente de Unicode Consortium, la organización sin ánimo de lucro que se encarga de gestionar los emoji.

El grupo nació con el objetivo de estandarizar la codificación de los caracteres de centenares de idiomas en los distintos tipos de software para ordenador, pero ha sido su influencia sobre los emoji lo que más notoriedad les ha dado. Hasta el punto de que a Davis se le conoce como el “señor de los emoji en la sombra”.

En los últimos meses, Davis ha salido de la penumbra para conceder diversas entrevistas en las que ha explicado las claves del funcionamiento de los emoji.

Aquí algunas de las cosas que hemos aprendido:

1. Todo el mundo puede proponer nuevos emojis.

En la página web de Unicode se explica el procedimiento que debe seguirse para proponer un nuevo emoji. Es un proceso abierto a todo el mundo, pero, para ser aceptadas, las propuestas deben ser sólidas. Tal y como explica Davis a Time, no vale con decir “quiero que haya un emoji de una ardilla borracha porque todos mis amigos creen que es una gran idea”.

2. El criterio de elección tiene más que ver con el arte conceptual que con la ingeniería.

El criterio que utiliza Unicode para decidir cuales se aceptan tiene en cuenta distintos factores. Por ejemplo, no se aceptan emoji de personas reales o ficticias, deidades o logotipos de empresas. Una de de las claves es calcular la popularidad que podría tener el emoji. En este sentido, uno de los criterios más llamativos es el que hace referencia a los “usos múltiples”. En él, entra en juego la poesía: cuando más potencial metafórico tenga una imagen, más posibilidades de que acabe convertida en emoji. No hace falta que hablemos del emoji de la berenjena, ¿no?

3. El problema de la diversidad es, a menudo, tecnológico.

La falta de diversidad ha sido una de las críticas más recurrentes a las que se han enfrentado los emoji. Pero, a menudo, ello se debe a las limitaciones tecnológicas. “La cantidad de memoria que tienen los teléfonos marca una gran diferencia”, dice Davis a Time. Dar con el sistema que permite escoger el tono del color de la piel dejando pulsado los emoji de las caras (lo que permite no tener que multiplicar en exceso el número de emojis) llevó un año de trabajo.

4. El objetivo es acabar con cualquier tipo de discriminación.

Hace solo unos días, Unicode ha presentado un borrador que, de aprobarse, multiplicaría las posibilidades de customización de los emoji. Por ejemplo, se podría escoger entre un corredor masculino, femenina o neutral, sin género específico. Según Davis, una de las maneras más efectivas de luchar contra la discriminación es contactar directamente con las compañías tecnológicas que ofrecen uso de emojis y hacer las peticiones correspondientes. También se puede contacar con Unicode directamente.

5. Cualquiera puede participar en el proceso de decisión sobre nuevos emoji... pero tiene un precio.

Cualquier persona o organización puede unirse a Unicode Constortium previo pago de una tarifa de ingreso. Eso sí, poder participar en el proceso de selección de los emoji no es precisamente barato. Para ello deberías tener el nivel más alto de afiliación, el cual tiene un precio de 16.000 euros.

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