Historias

“Perdí a mi madre hace unos días, ahora he venido a Barcelona a fumar marihuana”

Retratos del turismo que nunca te contaron

Me habían pedido escribir sobre los turistas barceloneses. Nos pasamos el día quejándonos del turismo pero rara vez interactuamos con ellos. Se suponía que tenía que averiguar cómo son ellos realmente, qué motivaciones tienen y si había algún tipo de humanidad más allá del lugar común que nos los dibuja como despreciables bebedores de sangría en chanclas. Entonces decidí asomarme por una asociación de fumadores de cannabis.

Allí conozco a Mick. Mick lleva una camisa de cuadros y sobre ella un jersey blanco; sobre el jersey lleva un chaleco de explorador gastado y sucio. Nadie diría que es inglés; ni mucho menos que en el pasado vendió droga y que ha estado en la guerra.

Mick ha venido a Barcelona por la hierba. Ahora es temporada baja y en la asociación solo está él. Tiene los ojos vidriosos. A los 57 años acaba de quedarse huérfano, pero su aspecto no parece muy apenado. La historia que tiene detrás parece muy diferente a la del típico guiri. 

—Me llamo Michael, pero prefiero Mick.

—¿Como Mick Jagger?

—No hombre... más como Mickey Mouse.

Se está liando un porro tamaño 'L' y sorbe una copa de zumo de manzana. Como él dice, "fumar hierba y beber alcohol es como mearle de cara al viento".

La madre de Mick acaba de morir, y ahora él se aloja en un hotel de cuatro estrellas y viene solo a una asociación cannábica

Mick se aloja en un hotel de cuatro estrellas. "Elegí un hotel caro a propósito. Con mi aspecto, los de seguridad siempre me cierran el paso... hasta que les enseño la tarjeta", dice, y luego me enseña la hoja de reserva del hotel: "El otro día vi una peli de terror llamada 1408, y mira... ¡Me han dado esa habitación!". Mick se ríe.

Intento saber de dónde saca el dinero y le pregunto si tiene pensado buscar un trabajo. "Soy demasiado viejo para trabajar. Ya he trabajado suficiente, ahora solo quiero vivir la vida", dice.

—He sido chef, propietario de un estanco, he trabajado en una imprenta, he pasado hierba... y he estado en la guerra.

Entonces saca un trozo de tela del bolsillo y me lo enseña. Es un parche militar que dice "Asociación de Voluntarios Extranjeros en la Guerra de la Patria Croata". De la Guerra de Croacia hace ya más de veinte años. "Los serbios asesinaban a mujeres y niños. Vi un anuncio y me hice voluntario", dice. De esa época solo le queda un recuerdo de muerte y algunos amigos croatas que visitar en España. Cuando le pregunto sus motivaciones para ir allí, Mick prefiere cambiar de tema.

En Barcelona está solo. Lleva un día en la ciudad pero ya quiere vivir aquí. Una de las razones son estos clubes de marihuana. "A mi edad, me da igual lo que me digan por fumar. ¡Nunca me enfermo, es medicinal!", señala al porro y suelta una carcajada. "El hachís en Inglaterra es una basura, el peor hachís del mundo. Todo el mundo en Inglaterra habla de estos sitios de Barcelona. Ya nadie habla de Ámsterdam", dice.

Mick perdió a su madre hace solo unos días. Estuvo cuidando de ella en el sur de Francia. Cuando murió, Mick vino a Barcelona como por un impulso irracional. Acaba de abrir una nueva etapa de su vida, quizá la última, y eso es algo que se le nota en los ojos y también en la voz quebrada.

Todo el mundo en Inglaterra habla de los clubes de cannabis de Barcelona. Ya nadie habla de Ámsterdam.

—Lo siento, pero no me puedo creer que esté aquí sentado. Tú no puedes sentirlo, pero esto es especial.

—¿Qué sientes?

—Me siento... brillante.

Mick se queda reflexionando unos segundos y luego dice: "Pero no hay gatos". Le pido que se explique y me cuenta que su madre era una fanática de los gatos, y que de pequeño llegó a cuidar hasta quince a la vez. "Me encantan los gatos, pero en el hotel no puedo tener uno".

Es posible que yo sea la primera persona con la que Mick habla en Barcelona. Le digo que escribiré sobre él y le pido un email para enviarle el artículo. Me dice que no tiene de eso, así que le doy un papel con la dirección de Playground y le dejo reflexionando sobre su nueva vida.

Mick es una combinación perfecta entre la tristeza y el humor. Echa de menos a su madre y se comporta con la fascinación de un fumeta Erasmus recién llegado a Barcelona con veinte años. Su historia transforma la banalidad en trascendencia: tras combatir en la guerra y asisitir a la muerte de su madre, Mick vino a Barcelona a fumar marihuana.

Y eso es todo.

Tras combatir en la guerra y asisitir a la desaparición de su madre, Mick vino a Barcelona a fumar marihuana

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