Historias

Por qué pensar en sexo es mucho mejor que tener sexo

Admítelo: follar da mucho palo

Imagen de Sophia Elbert

Tengo un amigo que el otro día se quedó dormido teniendo sexo.

No fue durante el acto en sí, evidentemente. Eso sería más preocupante... o no. Seguro que existe una filia así. “Yo es que no me excito si el otro no se duerme encima de mí”... Hay gente para todo.

Pero, a lo que íbamos: se quedó dormido.

Habían ido a cenar a un restaurante bueno, habían bebido mucho vino, llegaron a casa, se metieron en la cama, se empezaron a desvestir, hasta que a ella se le ocurrió ir a por unos geles o no sé que mierdas usan... El problema es que no recordaba dónde los había guardado. Estuvo cinco minutos rebuscando entre cajones y cuando volvió a la habitación a mi amigo ya estaba soltando la babilla.

Si me das a elegir entre una siesta y el sexo, me quedo con la siesta y espero soñar sobre sexo

“Patético”, dijo ella cuando me lo contaron.

Pero a mí me hizo pensar en una frase que le oí hace años a alguien:

“Si me das a elegir entre una siesta y el sexo, me quedo con la siesta y espero soñar sobre sexo”.

Por supuesto.

No es que no me guste el sexo. El sexo está bien. Es divertido, te hace sentir bien, es saludable y te permite llenar incontables conversaciones.

Lo que me irrita es que todo lo que envuelve al sexo es una exageración.

Exageramos acerca de las veces que lo tenemos, de la intensidad con la que lo tenemos, acerca del aspecto de las personas con las que lo tenemos...

Pero, sobre todo, exageramos acerca de lo que sentimos al hacerlo.

Joder, no es para tanto.

Hay trozos de pizza que pueden hacer sentir cosas más intensas que según qué polvo.

“Tu problema es que has tenido sexo de mierda”, diréis.

Hay trozos de pizza que pueden hacer sentir cosas más intensas que según qué polvo

Probablemente. Como la mayoría de personas.

Admitámoslo, la mayoría de hombres somos rematadamente malos follando. Especialmente si no estás en buena forma física. Te pones ahí encima y siempre llega un punto en que que empiezas a pensar más en lo que te duelen los brazos que no en el placer que estás sintiendo.

Y ya no hablamos de darle placer a tu pareja. Pobres chicas. Luego hay tipos que se extrañan de que no quieran follar con el primero que pase como hacen los hombres.

No quieren porque saben que lo más probable es que sea un follador de mierda.

La mayoría de hombres somos rematadamente malos follando. Especialmente si no estás en buena forma física. Te pones ahí encima y siempre llega un punto en que que empiezas a pensar más en lo que te duelen los brazos que no en el placer que estás sintiendo

Mira, entiendo que si eres un hombre de 25 años y todavía eres virgen tengas el sexo mitificado.

El sexo, como tantas otras cosas, se vuelve inmensamente importante cuando no lo tienes.

Pero una vez ya has follado un poco, te das cuenta de que no vale pena.

Es como el hecho mismo de perder la virginidad. Nadie lo hace realmente por el hecho de experimentar el sexo. Sino para que tus amigos dejen de vacilarte.

Piénsalo bien: estás ahí, paralizado por el miedo a hacer el ridículo, demasiado tenso como para sentir nada y, de repente, hay sangre. Y ya. ¿A que viene la obsesión con vivir un momento así?

A medida que pasan los años, todavía es peor.

Quince minutos de sexo no compensan la energía que tienes que invertir con tal de conseguirlos.

Me siento ridículo navegando entre emojis intentando descifrar cual será el que le hará derretirse.

Por cierto, algo no estamos haciendo bien cuando el flirteo se ha vuelto como el sistema de evaluación de pre-escolar.

Quince minutos de sexo no compensan la energía que tienes que invertir con tal de conseguirlos. Me siento ridículo navegando entre emojis intentando descifrar cual será el que le hará derretirse

Hace tiempo que no siento el impulso de salir “a por ello”, ya me entendéis.

Nunca he sido el típico tío lanzado. Hay tipos que tienen ese tipo de confianza. Estos que llevan camisas de rayas y se acercan a una chica con la que no han cruzado palabra en su vida como quien se acerca a un amigo que le debe dinero.

Las miran como diciendo: “ya sabes lo que va a ocurrir, ¿no?” Y encima les funciona.

Yo no soy así. La mayoría de mis conquistas no han sido fruto de mi iniciativa, sino más bien consecuencias inevitables. Un cúmulo de coincidencias espacio-temporales y grandes cantidades de alcohol.

El problema es que cada vez tengo menos amigos dispuestos a emborracharse como ratas hasta las cinco de la mañana para ver si cae algo.

Hay tipos que tienen ese tipo de confianza. Estos que llevan camisas de rayas y se acercan a una chica con la que no han cruzado palabra en su vida como quien se acerca a un amigo que le debe dinero

Ahora quieren hacer vermuts. Pero claro, no es lo mismo.

No es plan de hincharme a vermuts para ver si, por casualidad, me tropiezo con una chica igual de borracha que yo a la una del mediodía, nos miramos y decimos: “¿por qué no?”.

Me parece admirable que todavía haya gente que vaya a citas y estas cosas.

Veo a dos personas en un cita, con sus risitas nerviosas y sus ojos muy abiertos, y me hace ilusión. Está bien pensar que hay gente que todavía tiene esperanza.

La gente es capaz de cualquier cosa por un polvo, sobre todo los hombres.

Son capaces de ir a conciertos de música tibetana, apuntarse a un workshop de capoeira o, incluso, ayudar en una mudanza. Lo que sea por la oportunidad de irse a la cama con una chica.

Solo de pensarlo me agobio.

No hay nada que hacer: mi misantropía le ha ganado definitivamente la batalla a mi libido.

¿Significa esto que no pienso en el sexo? Por supuesto que no: soy un hombre, estoy condenado a pensar en sexo continuamente.

Y me gustaría que no fuese así. Me gustaría poder hablar con una chica y que mi cabeza no empezara a imaginar que le estoy bajando las bragas. Pero es imposible. ¿Por qué no podemos escapar de esto? Estoy harto de tanta perversión.

¿Significa esto que no pienso en el sexo? Por supuesto que no: soy un hombre, estoy condenado a pensar en sexo continuamente. Y me gustaría que no fuese así. Me gustaría poder hablar con una chica y que mi cabeza no empezara a imaginar que le estoy bajando las bragas. Pero es imposible.

Me pasa lo mismo viendo porno. A veces me elevo un poco y me veo a mi mismo en pleno frenesí masturbatorio y pienso, “¿qué coño estás haciendo? Estás masturbándote viendo follar a dos personas que te darían asco si te las cruzaras por la calle. ¿Por qué me excitan si en la vida real lo único que me inspirarían serían juicios de valor?”.

Sí, a veces pienso estas cosas cuando me masturbo viendo porno. Es absurdo. Pero luego llega el día siguiente y, hala, otra vez.

Quizá justamente este es el problema. Quizá es que pienso tanto y tan bien en el sexo que sé que la realidad nunca estará a la altura de mi mente.

O quizá es todo es producto de mi pánico al rechazo.

Lo único que sé con certeza es que el sexo nos vuelve a todos idiotas y, en mi caso, ya estoy harto de hacer el idiota en público.

sex brain horny

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar