Historias

El drama de pasar una mañana en una piscina municipal en 29 escenas

Incomodidades y fobias sociales en uno de los escenarios más concurridos en verano

1. Estás en la cola para entrar y goteando de sudor. La mochila se te pega a la espalda.   Tu camiseta tiene la misma textura empapada que el trapo vileda del fregadero de casa.

2. Llevas la nevera azul con el asa blanca, la gorra empapada también y tienes que buscar la cartera para pagar los cinco pavos que cuesta pasar el día ahí.

3. Si tienes un hijo pequeño o acudes con un niño, seguro que viene a darte el coñazo en ese momento y te estira del bañador.

4. Buscas un sitio. Pero no hay sitio. Llevabas pensando en la hamaca a la sombra todo el día de ayer con la brisa rozándote la nariz... Lo siento.

5. En el medio metro que tienes entre esos dos y la familia con tres críos de al lado, pones la toalla. Y el césped está embarrado porque lo han mojado los niños al correr.

6. Te quitas las chanclas y se te quedan pedazos de césped pegados en el pie. También te llevas una colilla mojada.

7. Recibes el pelotazo de unos niños cuando ya habías empezado a dormirtar.

8. Te acercas a la piscina pero te acuerdas que antes hay que ir a la ducha, porque te piensas que toda la piscina te va a fulminar con la mirada por maleducado si te tiras sin ducharte cuando, en verdad, a la gente le da igual lo que hagas con tu vida.

9. Llegas a la ducha y hay avispas merodeando por ese charquito lleno de hongos que tanto te agrada pisar.

10. Te duchas y apenas cae agua. Estiras la barbilla hacia arriba y te haces pasar por el actor del anuncio de Dolce & Gabbana. Cierras los labios mientras el agua te rebota en la cara.

11. Te crees que te mira toda la piscina pero estás más blanco que el Mont Blanc. Y aquí solo hay gente con sus padres. O chicas con sus parejas. Y adolescentes de 15 años. Con sus padres.

12. Te tiras de cabeza a la piscina y, al sacar la cabeza, el socorrista te echa la bronca. La primera de ellas.

13. El agua está caliente y te imaginas lo peor…

14. Tú también tienes ganas de orinar. Sin embargo, te preocupa que aparezca el líquido de color que señala que has sido tú. Aunque no lo usen en esa piscina.

15. Pisas el suelo de la piscina y te haces un corte en el pie porque el niñato que te había dado el pelotazo ha quitado el azulejo. Los colecciona.

16. Sales de la piscina por el bordillo y sientes la agradable sensación de darte un golpe con la rodilla en el conglomerado de hormigón y gravilla blanca que seguirán poniendo inexplicablemente en todas las piscinas.

17. Al menos servirán para que, cuando el niñato haga un mortal hacia atrás, se parta la crisma.

18. Si fumas, al salir te enciendes un cigarro y te lo cargas porque tienes las manos mojadas.

19. Lo tiras al suelo para que lo pise el cabrón que tiró el que tú pisaste.

20. Abres una cerveza y de pronto las avispas abandonan el charco de la ducha.

21. Tienes que aguantar el besuqueo ñoño de los dos a los que tienes a medio metro. Y a la madre de los tres críos gritándoles por no ponerse el gorro.

22. Reparas en todo lo que habrás pillado en el agua.

23. Y de que tienes ganas de ir al baño.

24. Te llena de entusiasmo el olor de eso a lo que llaman “baño".

25. Y no hay papel.

26. Vuelves a tu sitio: los niños te han pisado ahora la toalla.

27. De vuelta a casa piensas que lo mejor que podrías haber hecho era darte una ducha fría y quedarte en el sofá con el aire acondicionado o el ventilador.

28. Y piensas que el año que viene no te vas a quedar en la ciudad en verano. Ni de coña.

29. Que es lo mismo que pensaste el año pasado.

Crees que ir a la piscina o a la playa es lo que toca en verano

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