Historias

Por qué somos mejores dando consejos que tomando decisiones propias

Qué fácil es aconsejarle a tu amiga que deje a su novio capullo y qué dificil cuando te toca hacerlo a ti misma... Tiene una explicación

¿Eres ese amigo al que todo el mundo acude en busca de un buen consejo pero luego es incapaz de aplicárselo a sí mismo?

No eres el único. De hecho, según la ciencia, le pasa a todo el mundo. Nuestra capacidad de elección (sobre todo, de buena elección), se va mermando a lo largo del día. Un fenómeno psicológico conocido como “fatiga de decisión”.

"La toma de decisiones constante nos provoca fatiga de decisión"

Haz el ejercicio de pensar en la cantidad de decisiones que tomas tanto consciente como inconscientemente, importantes y, aparentemente insignificantes, a lo largo de un solo día. Es realmente agotador y ese cansancio puede provocarnos indecisión ante una encrucijada cuya resolución todo el mundo ve clara... menos tú, haciéndonos tirar por el camino equivocado.

Así lo ha demostrado un estudio publicado en Social Psychology and Personality Science.

Sin embargo, la misma regla no se aplica a la hora de tomar decisiones por los demás. Es como si para el ser humano hubiera algo divertido y liberador en tomar decisiones por otro.

Lo importante es saber elegir a la persona a la que pedir consejo, ya que estos variarán según su personalidad. Sorprendentemente, la peor persona a la que acudir en busca de ayuda es alguien a quien le gusta ayudar a los demás. Esto se debe a que esa persona también puede sufrir “fatiga de decisión” de tanto aconsejar a los demás.

"Las personas a las que les gusta ayudar a los demás se desaconsejan a la hora de pedir ayuda"

Por ejemplo, el mismo estudio ha determinado que las enfermeras más empáticas se queman antes que las que no lo son. La mejor persona a la que acudir en busca de consejo es, pues, alguien relativamente imperturbable ante tus circunstancias. Alguien que normalmente cuestione a los demás y se tenga a sí mismo en alta estima porque no se dejará influir por la opinión de los demás.

Además, los investigadores consideran positivo pedir consejo, ya que ofrece una perspectiva diferente y un proceso de reflexión más cuidadoso. También pone sobre la mesa las opciones que la fatiga de decisión nunca nos dejaría escoger, ya que ésta nos hace optar por las que se adaptan mejor al status quo. En otras palabras, optar por una decisión arriesgada, es a veces justo lo que necesitamos.

Tan arriesgado como confiar tu destino en la decisión de otra persona.

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