Historias

"Hay un pájaro azul en mi corazón que quiere salir"

La ilustradora Meghan Howland llena las bocas de flores y los pechos de corazones alados

A veces tenemos cosas dentro de nosotros que nos da miedo sacar al exterior. Sentimientos que nos parecen demasiado cursis, opiniones arriesgadas que nos nacen del órgano más sangriento del cuerpo y que tenemos que dosificar para que su goteo sea más lento. Es lo mismo que le ocurría al escritor maldito Charles Bukowski, conocido por todos por sus novelas y poemarios sobre alcohol, sexo y delirios.

En uno de sus poemas más célebres, sin embargo, el célebre autor norteamericano decidió sincerarse y dar rienda suelta a aquellos pensamientos más íntimos y blandos que quizá en otras épocas de su vida —tal vez por pose, tal vez por presión—le hubiera sido más complicado sacar. Hay un pájaro azul en mi corazón que quiere salir, escribió. Y con ese simple verso reconoció al mundo que él también era humano, y que a pesar de la oscuridad que rodeaba a su figura, dentro de su víscera bombeante también había luminosos neones de colores.

Pájaros en el corazón. Pájaros en la boca. Pájaros entre el cabello, y quizá también entre los huesos. Así son los óleos de otra artista, la joven Meghan Howland, que, a pesar de no parecerse en nada al viejo Bukowski, sí comparte con él una manera de emocionar a todo espectador que se detenga ante su obra. Sus pinturas son completamente poéticas, y nos hacen pensar que sus personajes retratados viven en un sueño eterno, o en un surrealista torbellino de sentimientos que les obliga a comer flores, a retorcerse entre la hierba o a mirar el cielo con el cuello torcido, como buscando una respuesta entre las nubes.

La obra de Howland es cada vez más popular en Internet, quizá por la precisión de su estilo o quizá también porque los mundos que nos entrega impresionan por su belleza y su intriga. En varias entrevistas en blogs de arte, la ilustradora admite que para ella son importantísimos los detalles naturales, y que los pájaros siempre estarán en su obra, pues el aleteo de sus plumas es sinónimo de trazo y velocidad. Podría decirse entonces que Meghan Howland tiene uno, y dos, y tres, y hasta miles de pájaros en el corazón. Pero ella los deja salir y, así, nos los entrega.

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