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Historias

La mano oscura detrás de 8chan, la mayor cloaca de internet

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Frederick Brennan es la cara visible, Jim Watkins es el propietario. Así llegó un pionero del porno en internet en los 90, veterano del ejército de EEUU y dueño de una granja de cerdos en Filipinas al peor agujero de internet

Rafa Martí

25 Abril 2016 23:08

La alianza de Frederick Brennan y Jim Watkins suena a guión de película de serie B.

Imagina a un adolescente con osteogenesis imperfecta —una grave enfermedad degenerativa—, en silla de ruedas y que viste con pijamas de Mario Bros. Y luego a un tipo grueso, con gafas y perilla, pionero del porno de internet en los 90, geek, y propietario de una granja de cerdos en Filipinas.

El primero es Brennan, y el segundo es Watkins.



Ambos son los responsables de 8chan, una página que se define como el último rincón de la libertad de expresión en Internet.

La realidad que se ampara bajo esa proclama, sin embargo, es muy diferente: 8chan es la sucesora y la versión (aún más) radical de 4chan. Es una página que acoge todo tipo de contenidos, sin ningún tipo de censura ni moderación. Y ahí ha encontrado refugio una ingente y anónima comunidad de machistas, racistas, incitadores al odio, defensores de la supremacía blanca, de la violación y del porno de venganza.

Entre las hazañas de 8chan está, por ejemplo, haber convertido al bot de Microsoft en una máquina racista que adora a Hitler. Los usuarios de 8chan se pusieron de acuerdo para bombardear al bot hasta forzar un cambio en sus patrones de comportamiento.

8chan es como el portaaviones de las tropas del mal en internet. Sin la página, ellos no podrían llevar a cabo su particular guerra.

Mario Bros contra las mujeres

Sobre el fundador de 8chan, Brennan, se han escrito ríos de tinta. Brevemente, para recapitular, Brennan se hizo conocido cuando 4Chan entró por primera vez a moderar el contenido del sitio en 2014, a raíz del Gamergate.

Aquel año, la página se hizo famosa por la publicación de fotos íntimas de famosas como Jennifer Lawrence. Habían sido robadas de sus archivos personales o enviadas por exnovios vengativos que querían que todos los machos del planeta humillaran a sus exnovias. Los motivos podían ser los cuernos, o que les hubieran dejado. A pesar de la brutalidad de esta acción, Brennan no tenía suficiente. Para él, la libertad de expresión tenía que demostrarse en todo.

En septiembre, usuarios de 4Chan filtraron centenares de datos personales de mujeres prominentes en la industria de los videojuegos, desde sus cuentas de la Seguridad Social hasta sus direcciones postales. Esta acción fue conocida con el nombre de Gamergate. Los responsables de la filtración querían emprender una cruzada contra la intrusión de la igualdad y del feminismo en el mundo de los videojuegos. Su objetivo era cargarse a cualquiera que no pensara como ellos.

Lo lograron.


Chris Poole, fundador de 4Chan

La filtración provocó una oleada de amenazas a las mujeres que trabajaban en favor de videojuegos que mostraran a la mujer como algo más que un objeto sexual, entre otras cosas.

Pero para el fundador de 4Chan, Chris Poole, esta vez se habían pasado los límites (con el porno de venganza, sin embargo, consideraba que no). Poole intervino para evitar que las amenazas se tradujeran en algo peor. A pesar de su historial, esta acción le valió a Poole la redención. Ahora es una de las estrellas de Google en Cupertino.

El movimiento de Poole fue la excusa perfecta para Brennan. Este se autoproclamó general de los defensores de la libertad de expresión. Aquel mismo mes comenzó a publicitar su nueva plataforma como "la alternativa a 4chan respetuosa con la libertad de expresión". Ya llevaba un año funcionando, pero en ese momento consiguió redirigir el éxodo de los gamers machistas a 8chan. Aquel mes, pasó de tener 100 publicaciones por hora a tener 4.000.

Su guerra contra las mujeres en el mundo de los videojuegos le valió el reconocimiento de la comunidad machista más grande de Internet, el blog Return of the Kings. Nada más conocerse el éxito de 8chan, le dedicaron una entrevista titulada "La nueva esperanza. Una entrevista con el fundador de 8chan".

Aquel mes de octubre, Brennan también fue a un stripclub de Nueva York con otros responsables del Gamergate. Celebraron el primer aniversario de 8chan. Y también la mudanza de Brennan a Filipinas, donde le esperaba un desconocido Jim Watkins.

Mecenas amoral

La aventura en solitario de Brennan tuvo un despegue excepcional. Pero mantener la página era otra cosa: la comunidad crecía y él pasó a dedicar todo su tiempo a administrar 8chan. Necesitaba servidores potentes y quería dinero por su tiempo. Mucho dinero. Lanzó una campaña para captar mecenas a través de Patreon, pero duró poco. No era estable. Y ahí apareció Watkins.

Watkins era hijo de una empleada de Boeing y de un operario de una compañía telefónica local en Seattle. Ingresó en el ejército de EEUU, que posteriormente financió su formación informática. Todavía en el ejército, fue uno de los pioneros del porno en internet con la página "The Asian Bikini Bar”. También creó la empresa N.T Technologies.

Al dejar el ejército, con sus conocimientos de informática se dedicó completamente a sus dos nuevos negocios. Más tarde, en 2004, coincidiendo con el boom tecnológico, se trasladó a Filipinas. Compró una granja de cerdos a las afueras de Manila y estableció su compañía ahí. Su feed de Twitter evidencia su pasión por las chicas jóvenes asiáticas.

Watkins hizo dinero alojando sitios porno restringidos por la legislación japonesa. Había logrado la infraestructura suficiente para mantener una página como 8chan. Se enteró de la existencia de Brennan por un reportaje de Al Jazeera America. Al cabo de unos meses, contactó con él.

Ante la necesidad económica de Brennan, Watkins compró la página y se hizo cargo del mantenimiento. Brennan aceptó: él seguiría administrando el sitio, Watkins le daría el soporte.


Brennan con amigos suyos del Gamergate en su fiesta de despedida antes de irse a Filipinas

¿Qué movió a Watkins a hacerse con el control de la página que aloja el contenido más vil de la red? ¿Tiene remordimientos alguien que ha comprado un sitio desde el que se promueven campañas para acosar a mujeres o a negros?

Si hacemos caso a sus recientes respuestas para Fusion, las motivaciones de Watkins se escudan, en primer lugar, en una lógica capitalista amoral: 8chan era una oportunidad de negocio. Para él, la actividad del sitio es lo de menos, con tal de que genere dinero.

Según explica el propio Watkins, él compró 8chan porque era un sitio como muchos otros "con un gran potencial y que luego desaparecía". Watkins quiso hacerse cargo de una página con una comunidad salvaje y activa. Y opina que, mientras los usuarios no hagan amenazas inminentes de hacer daño a alguien, todo lo que digan está amparado por la libertad de emitir opiniones políticas. "Lo que hacen no es distinto a lo que Clinton, Trump o quien sea dice o hace", asegura.

Watkins prefiere callarse cuando le preguntan por el rendimiento económico que le genera 8chan, pero los analistas estiman que la publicidad le ha hecho de oro.



En segundo lugar, su motivación descansa también en un argumento que han usado otros buitres de Internet: la defensa de la libertad de expresión.

Es el argumento recurrente de los fundadores de sitios como SilkRoad, dedicada, entre otras cosas, al tráfico de drogas, o de ComplaintsBureau.com, dedicada a chantajear a víctimas de porno de venganza. La máxima que usan todos parece ser esta: "Yo solo pongo los medios para que cualquiera pueda decir lo que quiera, lo que la gente haga no es mi problema".

A pesar del contenido que aloja en 8chan, Watkins declina aceptar cualquier tipo de responsabilidad. En la conversación con Fusion, Watkins asegura no tener ningún problema con el hecho de que, por ejemplo, el portal del que es propietario sea un imán para supremacistas blancos con ganas de lanzar sus mensajes al mundo.

Watkins asegura que él no era un supremacista blanco porque, al vivir en Filipinas, "se pasaba días enteros sin ver a un blanco" y eso no le suponía un problema. También dijo no tener problemas con las comunidades a las que había acogido en su página: "Tendrán sus razones para sus creencias. Yo no necesito justificar o explicar en lo que creen", aseguró.

Cuando le preguntaron sobre campañas de acoso o de porno de venganza, se limitó a decir que no estaba seguro de qué era eso. Él solo cumplía con las solicitudes o reclamos de la DMCA (Autoridad de Copywright) sobre contenidos protegidos. Para él, todo lo demás es libre, y merece ser contado.

Sin embargo, toca preguntarse: ¿no tiene responsabilidad el propietario del portaaviones desde el que pueden orquestar sus ataques los ejércitos machistas y racistas de internet?


Jim Watkins, en su foto de perfil de Twitter

Al contrario que Scott Bernstein, el fundador de ComplaintsBureau, Watkins no ha rectificado. Ni pretende hacerlo.

Su desconexión con la realidad y el sufrimiento que han provocado los usuarios de su página es la principal razón. Detrás de una pantalla, en Filipinas, hay océanos de distancia con los problemas reales que afectan a la gente por culpa de 8chan. Él solo pone una plataforma y gana dinero con ella, opina.

Los usuarios de su página tampoco son muy diferentes: chicos con un interior neoreaccionario y voraz que a menudo han crecido sabiendo lo que es ser el nerd del instituto. Y con la posibilidad de vomitarlo todo tras la sombra del anonimato en internet y de sentir el poder de una comunidad que nunca tuvieron en el mundo real.

Bernstein se dio de bruces con la realidad cuando una víctima del porno de venganza le mandó un mensaje. No le pedía que retirara sus fotos. Le habló de su dolor. Watkins, sin embargo, sigue mirando hacia otro lado.

La guerra en Internet es, además, cruda. No es fácil enfrentarse a alguien a quien respalda un ejército de trolls y piratas informáticos. Protegido por ellos, él solo hace oídos sordos para seguir sacando petróleo de un pozo podrido.

Y si no fuera él, ¿no habría alguien que se haría cargo de la página? Seguramente sí.




Ambos son los responsables de 8chan, una página que sedefine como el último rincón de la libertad de expresión enInternet.

La realidad que se ampara bajo esa proclama, sin embargo, es muydiferente: 8chan es la sucesora y la versión (aún más) radical de4chan. Es una página que acoge todo tipo de contenidos, sin ningúntipo de censura ni moderación. Y ahí ha encontrado refugiouna ingente y anónima comunidad de machistas, racistas, incitadoresal odio, defensores de la supremacía blanca, de la violación y delporno de venganza.

Entre las hazañas de 8chan está, por ejemplo, haberconvertido al bot de Microsoft en una máquina racista que adora aHitler. Los usuarios de 8chan se pusieron de acuerdo parabombardear al bot hasta que forzar un cambio en sus patrones decomportamiento.

8chan es como el portaaviones de las tropas del mal eninternet. Sin la página, ellos no podrían llevar a cabo suparticular guerra.

Mario Bros contra las mujeres

Sobre el fundador de 8chan, Brennan, se han escrito ríos detinta. Brevemente, para recapitular, Brennan se hizo conocidocuando 4Chan entró por primera vez a moderar el contenido del sitioen 2014, a raíz del Gamergate.

Aquel año, la página se hizo famosa por la publicación de fotosíntimas de famosas como Jennifer Lawrence. Habían sido robadas desus archivos personales o enviadas por exnovios vengativos quequerían que todos los machos del planeta humillaran a sus exnovias.Los motivos podían ser los cuernos, o que les hubieran dejado. Apesar de la brutalidad de esta acción, Brennan no tenía suficiente.Para él, la libertad de expresión tenía que demostrarse en todo.

En septiembre, usuarios de 4Chan filtraron centenares de datospersonales de mujeres prominentes en la industria de los videojuegos,desde sus cuentas de la Seguridad Social hasta sus direccionespostales. Esta acción fue conocida con el nombre de Gamergate.Los responsables de la filtración querían emprender una cruzadacontra la intrusión de la igualdad y del feminismo en el mundo delos videojuegos. Su objetivo era cargarse a cualquiera queno pensara como ellos. Lo lograron: la filtración provocó unaoleada de amenazas a las mujeres que trabajaban por videojuegos quemostraran a la mujer como algo más que un objeto sexual, entre otrascosas

Chris Poole, fundador de 4Chan

Pero para el fundador de 4Chan, Chris Poole, esta vez se habíanpasado los límites (con el porno de venganza, sin embargoconsideraba que no). Poole intervino para evitar que las amenazas setradujeran en algo peor. A pesar de su historial, esta acciónle valió a Poole la redención. Ahora es una de las estrellas deGoogle en Cupertino.

El movimiento de Poole fue la excusa perfecta para Brennan. Estese autoproclamó general de los defensores de la libertad deexpresión. Aquel mismo mes comenzó a publicitar su nuevaplataforma como "la alternativa a 4chan respetuosa con lalibertad de expresión". Ya llevaba un año funcionando, pero enese momento consiguió redirigir el éxodo de los gamers machistas a8chan. Aquel mes, pasó de tener 100 publicaciones por hora a tener4.000.

Su guerra contra las mujeres en elmundo de los videojuegos le valió el reconocimiento de lacomunidad machista más grande de Internet, el blog Return of theKings. Nada más conocerse el éxito de 8chan, le dedicaronuna entrevista titulada "Lanueva esperanza. Una entrevista con el fundador de 8chan".

Aquel mes de octubre, Brennantambién fue a un stripclub de Nueva York con otros responsables delGamergate. Celebraron el primer aniversario de 8chan. Ytambién la mudanza de Brennan a Filipinas, donde le esperaba undesconocido Jim Watkins.

Mecenas amoral

La aventura en solitario de Brennantuvo un despegue excepcional. Pero mantener la página era otra cosa:la comunidad crecía y él pasó a dedicar todo su tiempo aadministrar 8chan. Necesitaba servidores potentes y queríadinero por su tiempo. Mucho dinero. Lanzó una campaña paracaptar mecenas a través de Patreon, pero duró poco. No era estable.Y ahí apareció Watkins.

Watkins era hijo de una empleada deBoeing y de un operario de una compañía telefónica local enSeattle. Ingresó en el ejército de EEUU, que posteriormentefinanció su formación informática. Todavía en elejército, fue uno de los pioneros del porno en internet conla página "The Asian Bikini Bar”. También creó la empresaN.T Technologies. Al dejar el ejército, con sus conocimientos deinformática se dedicó completamente a sus dos nuevos negocios. Mástarde, en 2004, coincidiendo con el boom tecnológico, se trasladó aFilipinas. Compró una granja de cerdos a las afueras de Manila yestableció su compañía ahí.

Watkins hizo dinero alojando sitiosporno restringidos por la legislación japonesa. Había logrado lainfraestructura suficiente para mantener una página como 8chan. Seenteró de la existencia de Brennan por un reportaje de Al JazeeraAméricas. Al cabo de unos meses, contactó con él. Ante lanecesidad económica de Brennan, Watkins compró la página y se hizocargo del mantenimiento. Brennan aceptó: él seguiríaadministrando el sitio, Watkins le daría el soporte.

¿Qué movió a Watkins ahacerse con el control de la página que aloja el contenido más vilde la red? ¿Tiene remordimientos alguien que ha comprado una páginaen la que se organizan campañas para acosar a mujeres o a negros?Un periodista de Fusionconsiguió hacerle algunas preguntas por teléfono.

Las motivaciones de Watkins seescudaron, en primer lugar, en una lógica capitalista amoral: 8chanera una oportunidad de negocio. Cuál fuese el negocio, si dabadinero, era lo de menos. Al igual que se inició en elnegocio del porno, Watkins quiso hacerse cargo de una página con unacomunidad salvaje y activa, que se traducía en un montón de dinero.Watkins no dijo a Fusion cuánto ganaba, pero la publicidad le hahecho de oro.

N.T Technologies, además, ya alojabaun sitio de foros con mensajes anónimos conocido con el nombre de2channel. Para Watkins no era nada nuevo meterse en estemundo.

Según explicó Watkins, él compró8chan porque era un sitio como muchos otros "con un granpotencial y que luego desaparecía". Se defiendió explicandoque, mientras los usuarios no hicieran amenazas inminentes dehacer daño a alguien, todo lo que dijeran estaba amparado en lalibertad de emitir opiniones políticas. "Lo que hacenno es distinto a lo que Clinton, Trump o quien sea diga o haga",aseguró.


En segundo lugar, su motivaciónestá también en la que han usado otros buitres de Internet: ladefensa de la libertad de expresión. Es el argumentorecurrente de los fundadores de sitios como SilkRoad, dedicada altráfico de drogas —y al encargo de asesinatos— o deComplaintsBureau.com, dedicada a chantajear a víctimas de porno devenganza. La máxima que usan todos parece ser esta: "Yosolo pongo los medios, lo que la gente haga no es mi problema".

A pesar del contenido que aloja en8chan, Watkins declinó su responsabilidad. En la conversación,Watkins dijo que él no era un supremacista blanco porque, alvivir en Filipinas, "se pasaba días enteros sin ver a unblanco" y eso no le suponía un problema. También dijono tener problemas con las comunidades a las que había acogido en supágina: "Tendrán sus razones para sus creencias. Yo nonecesito jsutificar o explicar en lo que creen", dijo.

Cuando le preguntaron sobre campañasde acoso o de porno de venganza, se limitó a decir que noestaba seguro de qué era eso. Él solo cumplía con lassolicitudes o reclamos de la DMCA (Autoridad de Copywright) sobrecontenidos protegidos. Para él, todo lo demás, es libre, y mereceser contado.

Sin embargo, ¿no tiene responsabilidadel propietario del portaaviones desde el que pueden actuar losejércitos machistas y racistas de internet?


Al contrario que ScottBernstein, el fundador de ComplaintsBureau, Watkins no harectificado. Ni pretende hacerlo. Su desconexión con larealidad y el sufrimiento que han provocado los usuarios de su páginaes la principal razón. Detrás de una pantalla, en Filipinas, hayocéanos de distancia con los problemas reales que afectan a la gentepor culpa de 8chan. Él solo pone una plataforma y gana dinero conella.

Bernstein se dio de bruces con larealidad cuando una víctima del porno de venganza le mandó unmensaje. No le pedía que retirara sus fotos. Le habló de su dolor.Watkins, sin embargo, sigue mirando hacia otro lado. La guerra enInternet es, además cruda. No es fácil enfrentarse a alguien aquien respalda un ejército de trolls y piratas informáticos.Protegido por ellos, él solo hace oídos sordos para seguirsacando petróleo de un pozo podrido que, aún así, da mucho dinero.

Además, si no fuera él, ¿no habríaalguien que se haría cargo de la página? Seguramente sí.

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