Historias

El neurólogo más famoso del mundo te enseña cómo afrontar la muerte

Oliver Sacks sigue mirando la vida con otros ojos

“Hace un mes sentía que tenía una buena salud, incluso diría que una salud robusta. A los 81, todavía nado un kilómetro y medio al día. Pero mi suerte se ha acabado: hace unas semanas supe que tenía múltiples metástasis en el hígado”.

Así empieza el artículo del New York Times con el que Oliver Sacks anuncia al mundo que padece un cáncer terminal. Es un texto conmovedor, que confronta la muerte de la mejor manera posible: celebrando la vida.

“Durante los últimos días, he podido ver mi vida como si estuviera a gran altura, como si fuera un paisaje, y con un profundo sentido de la conexión entre todas sus partes. Esto no significa que ya no quiera vivir más. Al contrario, me siento intensamente vivo, y quiero y espero que en el tiempo que me queda pueda profundizar mis amistades, decir adiós a aquellos que quiero, escribir más, viajar si tengo las fuerzas, alcanzar nuevos niveles de comprensión y conocimiento. (…) Dejaré de prestar atención a los políticos o las discusiones sobre el calentamiento global. Esto no es indiferencia sino desapego. Todavía me importa profundamente el Oriente Medio, el calentamiento global, la creciente desigualdad, pero estos ya no son mis problemas: pertenecen al futuro. Me regocijo cuando me cruzo con jóvenes con talento: incluso el que me hizo la biopsia y diagnosticó mi metástasis. Siento que el futuro está en buenas manos”, escribe.

Sacks despide la vida del mismo modo que la ha vivido: con extrema brillantez.

Nacido hace 81 años en Inglaterra, pero establecido en Nueva York de los sesenta, es probablemente el neurólogo más conocido del mundo. Es también uno de los autores clínicos más celebrados del siglo veinte. Conocido por sus historias de pacientes con desordenes neuronales inusuales, su prosa está en las antípodas de la frialdad clínica: en sus relatos hay humor, perspicacia y, sobretodo, toneladas de humanidad.

Una de sus obras más conocidas es Despertares, que en 1990 fue adaptada al cine. El libro, editado en 1973, relata el trabajo de Sacks con pacientes catatónicos que padecían encefalitis letárgica y los efectos beneficiosos que tenía la L-dopa -una droga que habitualmente se utiliza para tratar el parkinson- en su condición. La película convirtió a Sacks en una figura pública, en gran parte gracias a la entrañable interpretación que hizo Robin Williams de él.

Su otro gran clásico es El hombre que confundió a su mujer con un sombrero , en el que recopila más de veinte casos de pacientes con enfermedades neurológicas inauditas. Desde una mujer que sufría ataques epilépticos que la devolvían a un hombre que no reconocía a su propia pierna, pasando por el caso que da nombre al libro, que explica la historia de un hombre que sufre una forma de agnosia visual severa que le impide reconocer rostros.

El libro resume a la perfección la capacidad de Sacks de transformar lo abstracto en personal y de explicar la ciencia del cerebro desde el alma. Se trata de una obra clave para entender una de las mayores paradojas de la existencia: comprendemos el mundo a través de un órgano que todavía no acabamos de entender. Cuando uno lee el libro aprende a mirar la vida con otros ojos.

Esto es exactamente lo que sigue haciendo Sacks. Y que ahora que la muerte se empeña en cruzarse en su camino, más que nunca.

El hombre que nos enseñó a entender el cerebro desde el alma dice adiós

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