Historias

No, los negros no son iguales a los blancos... Son una raza superior

Lo que el hombre blanco siente por el hombre negro es lo mismo que ese adolescente que se mete con otro compañero de clase porque sabe que es mejor

Imagen de Oliviero Toscani

Sé que es una opinión impopular pero no creo en la igualdad. Mira a tu alrededor, la humanidad no es un economato comunista, en sus estanterías no hay una sola marca de champú. Si tenemos que compararla con un supermercado, la humanidad sería un Carrefour enorme con dos pasillos repletos de productos para el pelo.

Tampoco os apresuréis a malinterpretarme. Una cosa es que todos esos productos merezcan y deban ser regulados con la misma normativa y, otra bien distinta, obligarse a creer que todos tienen las mismas propiedades.

Sobre todo, porque no es así y todos lo hemos experimentado en nuestro propio cuero cabelludo. Hay champús que son puro plástico, otros que van de naturales y luego está ese champú anunciado en televisión que te deja el pelo como una escoba de granjero a pesar de su precio inflado.

La humanidad es un supermercado y no un economato comunista

Aunque, claro, luego también está ese otro bote escondido en la última estantería, esa que se encuentra más cerca del suelo y en la que se colocan los productos de precios competentes que, a pesar de no haber sido vistos nunca en manos de Penélope Cruz, acaban resultando la compra del año.

Voy a ser clara. En este símil tan extraño, el champú caro pero ineficaz somos los blancos y ese subestimado champú de marca la pava que, cuando te atreves a probarlo resulta ser la hostia, son los negros.

 

Para demostrar mi teoría no necesito hablaros ni de penes fuera de lo común ni de potencia sexual, voy a hablaros de miedo

Pero esperad porque todavía puedo ser más clara aún: Lo que estoy intentando decir es que los negros son una raza superior.

Y para demostrarlo no necesito hablaros ni de penes fuera de lo común ni de potencia sexual, voy a hablaros de miedo.

El miedo que de forma ancestral ha sentido el esmirriado hombre vainilla hacia el fornido hombre chocolateado no tiene nada que ver con el desconocimiento o la desconfianza, se debe a que en esa evidente diferencia en su anatomía percibe su superioridad y sus altas probabilidades de salir perdiendo.

Para muestra una ejercicio práctico. Si viene un tío y te apunta con una pistola obligándote a apostar todos tus ahorros en una pelea a vida o muerte ¿por quién apostarías?

 

Batalla nº1: Sin conocer absolutamente ningún otro dato sobre los contrincantes más que el hecho de que están en igualdad de condiciones, ¿apostarías por un hombre blanco o por un hombre negro?

Te recuerdo que tu futuro y tus vacaciones en La Riviera Maya están en juego...

En una votación realizada de forma espontánea en la redacción de este medio, entre 10 personas de diferentes sexos y edades, el resultado ha sido contundente: 9 personas blancas como la leche han levantado la mano confiándole sus cuentas bancarias al hombre negro.

Un dato revelador que me voy a tomar la libertad de extrapolar al resto de la sociedad afirmando que, según mi estudio, el 90% del hombre blanco se consideraría más débil que el negro medio.

9 de 10 personas apostaron por el hombre negro en una batalla imaginaria

Batalla nº2: Pelea a vida o muerte en el aire entre un hombre negro y un hombre blanco. Cuidado porque el nivel de dificultad aquí es tramposo. Personalmente, apostaría por el hombre blanco, quien habría manipulado previamente el paracaídas de su oponente para que no se abriera y quitárselo de en medio sin mover un dedo. Tan típico de blanquito...

Y ya que estamos generalizando, es evidente que los negros son de una naturaleza más bondadosa como demuestran los 100 años que pasaron sometidos a la esclavitud en Estados Unidos sin organizarse para empalar al hombre blanco en sus jardines.

Incluso en 2016 siguen siendo los estadounidenses blancos los que se cargan a los negros en esos jardines. Eso sí, después de haberles copiado en todo...

El hombre blanco discrimina al hombre negro pero no deja de copiarle

Si os fijáis, la apropiación cultural siempre va de la cultura afro a la blanca y no a la inversa porque los blancos somos más sosos que una tortilla sin sal. La prueba fehaciente es que los negros no han querido de nosotros ni el ballet.

La única razón por la que un negro querría ser blanco, aún a día de hoy, son los privilegios. En lo demás, creo que no me equivoco si digo que a todos nos gustaría tener las cualidades que poseen o que, al menos le atribuimos, a la comunidad negra: fuerza, carácter, salero, buena voz, ritmo...

Imaginarse a un negro en una discoteca “bailando” con ese movimiento como de muelle pegado al culo tan característico del hombre blanco que no sabe moverse es simplemente ridículo.

Sin embargo, nosotros les hemos robado las trencitas, el twerking (Por cierto, ¿a qué hueso se supone que ha de enviar el cerebro la señal para mover el culo así?), el rap y, ya que estamos hablando de música, Elvis se lo robó absolutamente todo.

Por robar les hemos robado hasta el color de piel porque cuánto más negro consiga ponerse uno durante las vacaciones, más estatus; pero cuanto más negro sea uno en la vida real, menos tiene. Un lío...

 

A todos nos parece muy descabellado que Michael Jackson se cambiara el color de piel y pasara de negro a blanco a costa de parecerse más a un cadáver en descomposición que a un ser vivo

Además, puede que a todos nos pareciera muy descabellado que Michael Jackson se cambiara el color de piel y pasara de negro a blanco a costa de parecerse más a un cadáver en descomposición que a un ser vivo, pero el hombre blanco blanquea diariamente a actrices y cantantes de ébano como Beyoncé en fotos y portadas de revista, Photoshop mediante.

No sé, tal vez la culpa sea mía y me haya equivocado a la hora de empezar este monólogo comparando la humanidad con un supermercado y no con el pabellón de esquizofrenia de un psiquiátrico...

Aunque hay un pequeño detalle que me hace pensar que más que estar locos, nos lo estamos haciendo y es que, con todos los deportes de riesgo que al hombre blanco le encanta practicar para salir de la zona de confort en la que vive, aún no se ha atrevido a a cambiar el rafting por la patera.

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