Historias

Estas jóvenes redefinen la moda que viene

La ropa que querrás llevar este otoño no se ha visto aún en pasarela

Lo sabemos. Sabemos que la industria textil es una de las grandes causantes de los males de este mundo.

Pero Lourdes sabe una cosa más: el mundo necesita soluciones.

Ella hace ropa y se ha decidido a plantarle cara a un sistema de producción injusto. ¿Su producto? Unos zapatos que comercializa bajo una marca que rinde homenaje a los apellidos de sus padres: Chicco Ruiz. Lourdes Chicco Ruiz solo hace 6 pares por modelo.

Para hacerlos, utiliza piel de la zona de Santiago del Estero (Argentina) donde vive. Cueros curtidos en casas del monte, objetos únicos hechos para durar.

Su idea es tan simple como revolucionaria: que esos zapatos los hereden tus hijas, y que no estén de moda porque nunca lo estarán. Con su trabajo, Lourdes reivindica la vuelta de lo artesanal, ese cariño tan necesario para hacer cosas que valgan la pena.

Nada más lejos de la realidad de los macro-talleres que esclavizan a miles de mujeres en el gran Sur del mundo. En ellos, la vida vale poco más de 50 euros al mes, el salario medio que cobraba Shila Begum en Bangladesh hasta que su edificio se vino abajo matando a 1.130 personas hace 2 años.

Ella es otra de estas mujeres luchadoras que no se resignan a que vestirse cada día sea un lujo o una maldición para nadie. Shila tiene 26 años y es viuda con un hijo a su cargo. Pasó casi un año recuperándose de las secuelas que el accidente le dejó. Al útero que tuvieron que extirparle se suma el recuerdo de haber permanecido atrapada horas entre escombros y compañeras a las que no volvería a ver más.

Ahora viaja por Occidente advirtiendo sobre los peligros de una industria textil que pasa por encima de los derechos del eslabón más débil de la cadena.

Como Shila, algunas víctimas —sí, la gran mayoría eran mujeres— habían denunciado días antes grietas en el edificio, pero simplemente la producción no podía detenerse. Ella se pregunta en voz alta "¿cuánto valen nuestras vidas para las marcas para las que trabajamos?", y se promete a sí misma no volver a trabajar jamás en el textil.

Prendas firmadas

Día a día adquirimos productos de usar y tirar y bloqueamos mentalmente las condiciones en las que estos se han producido: es simple supervivencia. Sin embargo, por más que cerremos los ojos, hay historias detrás de cada prenda que nos ponemos cada mañana

Este es una de las razones de ser de Aravore, una empresa de ropa infantil en la que cada prenda va firmada por la persona que las ha hecho.

Alba y Blanca son dos expertas tejedoras del taller que la marca tiene en Asunción, Paraguay. La aguja y la lana no tienen ningún secreto para ellas.

Estas son las manos de Alba:

Es madre de una niña, tiene 34 años y lleva casi 10 haciendo piezas para Aravore. Su madre, como en el caso de muchas mujeres paraguayas, fue quien la enseñó a hacer ganchillo.

Sin conocimiento previo, Blanca, aprendió en el taller de Aravore, donde entró para ocuparse de labores de limpieza, todo lo que ahora sabe sobre costura. Ahora, esta mujer de 41 años es la jefa de esta sección.

Ni Alba ni Blanca son parte de una maquinaria en la que ellas solo hacen parte de un proceso, a la manera de una cadena de montaje. No: ellas hacen la prenda entera. Sus ideas y su talento son fundamentales para el resultado final.

Tanto Lourdes como Shila, Alba y Blanca luchan a diario dentro de una industria que, si ya de por sí es hostil al medio ambiente o a las condiciones laborales de sus trabajadores, no podemos pasar por alto que penaliza de especialmente a las mujeres. En muchas zonas del mundo, ellas están abocadas a esta actividad como único medio de vida. 

Son ellas las que sufren en primera persona la tiranía de la moda y de su demencial producción.

Son ellas, también, las que están cambiando eso.

La ropa no va a cambiar el mundo. Las mujeres que la fabrican, sí

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