Historias

Confesiones íntimas de una mujer menstruante y trabajadora

Crónica de un día infernal en una oficina cualquiera

Pinturas de Kazuhiro Hori

#1

Martes, 11.34h. El baño de la oficina o el lugar de las preguntas sin respuesta.

Mierda, mierda, mierda y mierda. ¿Ya ha pasado un mes otra vez? ¿Cómo me puede pillar siempre desprevenida? ¿Cómo es posible que siempre tenga que suceder en mitad de una oficina plagada de hombres y sin-un-solo-tampax en el bolso?

Siento que la vida me trata mal, muy mal.

#2

Martes, 11.37h. En busca de una dealer discreta.

La chica de administración podrá prestarme uno. Ahí está, junto a la máquina del café. Rodeada de gente.

– Hey, hola. Perdona, ¿no tendrás un…?

­– ¿Cómo?

– Sí, esto… Mira, que me ha bajado la… ¿No tendrás un…?

– Lo siento, no te entiendo.

­– Que si tienes un… que me ha bajado la…

– Ah, es eso. Claro. Pásate por mi mesa en dos minutos y lo resolvemos.

#3

Martes, 11.39h. Tyrannosaurus Rex. 

Agarro la mercancía, la escondo en mi puño cerrado y enfilo el pasillo que lleva al baño preguntándome por qué las chicas, en estas situaciones, nos comportamos como si estuviéramos traficando con pequeñas cantidades de droga. Por qué tenemos que escondernos y hablar en código cifrado. Por qué hay que disimularlo. Me pregunto por qué demonios estoy sonriendo al jefe de departamento ahora mismo, si en realidad siento como si un Tyrannosaurus Rex se hubiera instalado en mi vientre.

 

#4

Martes, 11.41h. Soy un ninja.

En fin, no hay tiempo para lamentos. Hay que operar rápido y de manera silenciosa, ser como un ninja. ¿Quién habría decidido que el baño sería unisex y que estaría tan cerca del despacho del jefe? Abro el plastiquito silenciosamente… vaya, qué ruido hace. Ya está. Eh… ¿dónde demonios han escondido la papelera? Uf, está ahí detrás. Microinfarto. No deben quedar pistas. Todo bien disimulado bajo metros de papel higiénico. Si alguna vez cometo un asesinato múltiple, lo que menos me preocupará será cómo quede la escena del crimen. No hay duda de que tengo práctica en no dejar rastro.

 

#5 

Martes, 17.46h. Diálogo de sordos.

Se acerca mi jefe. Mejor disimulo. O mejor no, qué estoy diciendo. Él es un tipo moderno.

– Tienes mala cara, ¿te encuentras bien?

– Bueno, la verdad es que me duele bastante la tripa.

– Vaya, seguro que ha sido la comida, a mí también me ha sentado mal.

– No, que va. No es eso.

– Sí, sí. Seguro que sí. Te tomas una manzanilla y como nueva. A seguir trabajando.

– No, que no es eso. Es que… mira, la verdad es que me ha venido la regla y me encuentro fatal.

­– (Rictus facial, sonrojo evidente). Oye, a mí no me cuentes tu vida. Yo no voy por ahí comentándole a la gente mis cosas íntimas.

– ...

Vámonos a casa, mi pequeño Tyrannosaurus. Nadie nos entiende.

Soy una traficante, soy una ninja, soy… una mujer trabajadora

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