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Historias

Nómadas del siglo XXI: tras la pista del hipster original

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"Tenemos la obligación de evitar que nos impongan su modo de vida" (Jack Kerouac)

Luis M. Rodríguez

03 Junio 2015 13:55

Antes de que todo el mundo hablara de hipsters, Anatole Broyard ya describió con precisión y elegancia las claves psicológicas del hipsterismo original. Sucedió hace más de seis décadas, y ya entonces Broyard se refería a aquello como algo muerto y neutralizado, lo que nos lleva a preguntarnos: 

¿Puede 'lo moderno' de hoy ser simplemente un residuo desactivado de lo que no supo concretarse en el pasado?

"Como hijo ilegítimo de la Generación Perdida, el hipster estaba realmente en ninguna parte. Y, como los amputados que parecen localizar sus sensaciones más fuertes en su miembro perdido, el hipster anhela, desde el principio, estar en alguna parte".


El hipster original siempre llevaba unas gafas negras porque "la luz normal ofendía sus ojos"



Así comienza Retrato de un Hipster, un texto publicado en 1948 que ahora recupera La uÑa RoTa como anexo de la edición española de Cuando Kafka hacía furor, un libro de memorias en el que Broyard nos retrotrae a sus años mozos en el Greenwich Village de medidos del siglo pasado.

En mitad de aquel paisaje irrepetible, Broyard se fijó en los especímenes que merodeaban por los márgenes. Y allí estaba el hipster con su mirada fría, con su perfil estirado "como un poste implacable", siempre algo apartado del grupo, siempre protegido por unas gafas negras porque "la luz normal ofendía sus ojos".

Entre copas, drogas y clubes de jazz, el hipster se dedicó a desarrollar su particular lenguaje a partir del jive, su filosofía del somewhereness. "El hipster alivió su ansiedad desarticulándose a sí mismo", escribe Broyard. "Portando su lenguaje y su nueva filosofía como armas ocultas, el hipster se lanzó a la conquista del mundo. Se colocó en su esquina y empezó a dirigir el tráfico humano". O al menos a intentarlo.

El hipster original se erigió como custodio de enigmas, exegeta para todo y pedagogo de la ironía. Justo como el hipster moderno. Pero la atención le convirtió en víctima de su propia postura.


El hipster original fue acogido por los intelectuales frustrados. Fue llevado al zoo y dejado allí



"Como no se le había permitido concebirse a sí mismo funcional o socialmente, el hipster se concibió a sí mismo dramáticamente", escribe Broyard. Fue entonces cuando "los intelectuales frustrados, los barómetros desesperados de la sociedad, le acogieron en su seno. Revolviendo en busca de significados, admirando la insurgencia, le atribuyeron al hipster toda clase de heroísmos". Aquello fue el comienzo del fin.

"El hipster —en su día un individualista empedernido, un poeta subterráneo, una guerrilla— se convirtió en un pretencioso poeta laureado. Su viejo impulso subversivo, su ferocidad, era ahora tan manifiestamente retórico como inofensivo. Fue llevado al zoo y dejado allí. Estaba, por fin, en algún lugar".

Cambia a los intelectuales de ayer por las fuerzas del mercado, y tendrás una radiografía del mismo proceso de neutralización aplicado al hipsterismo contemporáneo. Es decir, un impulso nacido como mecanismo de aserción de la distinción, que con el tiempo y la dramatización acaba convertido en fuerza homogenizadora amparada por el mercado; en una forma de falso elitismo al alcance de todos.

Es la paradoja de parecerse para ser, o sentirse, distinto. Pero no todos comulgan con esas ruedas de molino, ni ahora ni entonces.

Hipsters y beats

En el mismo año y en el mismo lugar que Broyard escribía su Retrato de un Hipster, dos jóvenes escritores, John Clellon Holmes y Jack Kerouac, bautizaban a la Generación Beat. Los beatniks alternaron con sus hermanos hipsters, compartieron copas, cigarros y noches de jazz. Anhelaban, como aquellos, estar en alguna parte, pero su postura vital siempre fue distinta, más febril, más holística, más experiencial.

"Tenemos la obligación de evitar que nos impongan su modo de vida", escribía Kerouac en En el camino. El antídoto contra el anquilosamiento y el asedio de las pretensiones estaba en la carretera.

Frente al "hipster de visa y escaparate", el beatnik moderno sigue viviendo en la carretera, viajando de polizón en trenes de mercancías, buscando trabajos ocasionales de un lado a otro del país, como muchos de aquellos hijos ilegítimos de la Gran Depresión con los que convivió Broyard.

A ellos dedica Michael Joseph su serie Lost and Found, retratos de una comunidad traveller que ha hecho del mundo su casa, y que nos lleva a preguntarnos si no será aquí, en esta juventud perdida, donde reside la esencia contemporánea de aquella filosofía del somewhereness que Broyard describió en su retrato del hipster original.

"Tenemos secretos sobre viajar que no creerías", aseguran. "Y sólo los compartimos con nuestros iguales".



Tienen tiempo para descubrir quiénes son, antes de que el mundo les diga lo que deben ser

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