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Historias

La matrona que mató a 100 bebés por piedad

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Gracias a ella, se legalizó el aborto por motivos económicos

Luis M. Rodríguez

07 Mayo 2015 06:10

Japón, años 40.

Viajamos en nuestra máquina del tiempo hasta el hospital Kotobuki en Tokio.

Allí tiene lugar esta historia terrible de maternidad y de muerte, una fábula macabra sobre cómo las buenas intenciones se pueden transformar en barbarie.

Como telón de fondo, el amor en tiempos de guerra, el sexo y sus repercusiones sociales, la vida digna y la muerte digna.

De eso va esta historia.

Una profesional de la salud y la muerte

En la década de los 40, Miyuki Ishikawa ejercía como directora del ala de maternidad del hospital Kotobuki, lugar donde trabajaba asistiendo partos.

Nuestra protagonista había llegado allí por necesidad antes que por vocación: casada con Takeshi Ishikawa, su matrimonio no produjo hijos, no tenía experiencia ni formación reglada en relación a la práctica hospitalaria. Simplemente, necesitaba un trabajo.

A lo largo de cuatro años, Miyuki Ishikawa provocó la muerte a más de un centenar de bebés

En Japón, aquellos eran días difíciles. La Segunda Guerra Mundial había extendido sus miserias. Sin embargo, coincidiendo con el final del conflicto, el país había experimentado un notable 'baby boom' que Ishikawa vivió muy de cerca.

El número de bebés no paraba de aumentar en el hospital Kotobuki. Como parte de sus funciones, Ishikawa era la encargada de revisar los reportes hechos sobre los futuros padres. Fue así, revisando papeles sobre el perfil de los progenitores, como la matrona fue cobrando conciencia de una realidad demasiado amarga. Una realidad marcada a fuego por la pobreza.

Muchos de aquellos padres no contaban con recursos suficientes como para mantener a los bebés sin sufrir grandes padecimientos económicos. Ishikawa quiso ayudar.

Para Ishikawa, dejar morir a aquellos recién nacidos era una forma de librarlos de un futuro miserable

En un primer momento, la matrona se dirigió a diversas instituciones y organizaciones sociales con el fin de conseguir articular algún tipo de ayuda económica para las familias necesitadas. Sin embargo, no tuvo éxito. Ishikawa se encontró entonces frente a un dilema moral.

¿Tenía sentido traer niños al mundo, si esos niños no iban a poder gozar de una vida mínimamente digna?

Acuciada por ese dilema, la comadrona Ishikawa se decantó por una solución perturbadora.

La infanticida con buenas intenciones

Entre 1944 y 1948, Miyuki Ishikawa provocó la muerte a más de un centenar de bebés.

Su modo de obrar era negar todo cuidado a los recién nacidos hasta que estos morían desnutridos, enfermos, o sofocados tras días de desatenciones.

A ojos de Ishikawa, los hijos de la gente pobre no tenían ninguna oportunidad en este mundo. Para ella, dejarlos morir era librarlos de un futuro de miseria y sufrimiento asegurado.

En el juicio, Miyuki defendió sus acciones, dirigiendo la atención hacia los padres de sus víctimas, a quienes consideraba los verdaderos culpables por su irresponsabilidad


                 Miyuki Ishikawa saliendo de la estación de policía de Waseda

Las matronas del hospital Kotobuki reaccionaron a las prácticas terribles de Miyuki presentando su renuncia. Sin embargo, ella no se detuvo.

En connivencia con su marido y otros cómplices como el doctor Shiro Nakayama (encargado de firmar los certificados de defunción), Ishikawa acabó transformando su macabra ley moral en negocio: a cambio de 4000 yenes, se ofrecía a liberar a cualquier padre de la pesada carga que suponía tener que mantener a un niño no deseado.

Es decir, si alguien no quería el niño que iban a tener y pagaban, ella se ocupaba de que no saliera vivo del hospital.

A pesar de la brutalidad de los hechos, el caso de Miyuki tuvo consecuencias positivas para el conjunto de la sociedad japonesa

La carrera criminal de Miyuki Ishikawa llegó a su fin en enero de 1948.

El trabajador de una funeraria acabó dirigiendo a la policía hacia la maternidad del hospital Kotobuki. Las autopsias que siguieron concluyeron que la muerte de los bebés había sido intencional.

Cuando la ley es cómplice del delito

Hasta el día de hoy se desconoce el número exacto de muertes provocadas por la comadrona asesina de Kotobuki. Los casos confirmados indican que Miyuki asesinó por lo menos a 103 recién nacidos, aunque algunas estimaciones elevan la cifra a 169.

En el juicio, Miyuki defendió sus acciones, dirigiendo la atención hacia los padres de sus víctimas, a quienes consideraba los verdaderos culpables por su irresponsabilidad. Sorprendentemente, parte de la opinión pública se mostró de acuerdo con ese punto de vista.


                   Takeshi Ishikawa declarando en el juicio contra su esposa

Las autoridades calificaron las acciones de Miyuki como delitos de omisión. Por esa razón fue sentenciada a sólo 8 años de prisión, pena que quedó posteriormente reducida a la mitad.

El caso de Miyuki llevó al establecimiento de un sistema nacional de exámenes para matronas


A pesar de la brutalidad de los hechos, el caso de Miyuki tuvo consecuencias positivas.

Las autoridades entendieron que aquella cadena de acontecimientos estaba directamente relacionada con una limitación legal: la ilegalidad del aborto.

La pregunta que se había hecho Ishikawa en su día volvía a flotar en el ambiente, pero con un nuevo matiz:

¿Resulta ético forzar a una madre a seguir adelante con un embarazo no deseado, cuando no se le van a poder ofrecer al niño unas condiciones de vida dignas?

¿Puede el estado decidir sobre el cuerpo y el futuro de una mujer?

A raíz de ese debate, el 24 de junio de 1949 el aborto por razones económicas fue legalizado en Japón de acuerdo a la Ley de protección contra el cuerpo de la madre.

Paradojas del destino, la salud reproductiva de todas las mujeres de Japón le debe mucho a Miyuki Ishikawa, la mayor asesina en serie en la historia del país.


Ilustración de Yeyei Gómez para el proyecto Wombastic.


El crimen como motor del cambio social. La muerte como garante del derecho a una maternidad libre

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