Historias

20 maneras finas de llamar puta a una mujer

Eso Lo Será Tu Madre es la biblia del insulto en español y nos recuerda lo machistas y misóginos que somos a la hora de ofender

El insulto es lo más parecido al gruñido, al ladrido que nos queda de nuestra animalidad. Lo dice María Irazusta en la introducción de Eso Lo Será Tu Madre (Espasa), y su afirmación queda refrendada por una observación de raíz neurológica: existen casos de pacientes que, después de haber perdido la capacidad del habla, siguen siendo capaces de proferir insultos.

Desde que el hombre es hombre —y desde que la mujer es mujer—, somos más proclives a la ofensa que al encomio. Eso Lo Será Tu Madre ofrece un recorrido ameno y desenfadado por todas las facetas de ese ingente lenguaje del agravio, "el que se escupe con el propósito de lacerar y humillar al contrario", sin piedad.

La obra recoge más de 2.000 denuestos, que van de la sentencia más gruesa a los vituperios más sofisticados, las injurias y las delicatessen irónicas. Y por el camino nos recuerda que el mundo del insulto, como el del habla corriente, puede y suele ser tremendamente sexista.

A eso dedica Irazusta uno de los breves capítulos del libro, al 'insultante sexismo' de nuestra lengua, una realidad que ilustra con ejemplos tan palmarios como estos:

— Mientras los genitales masculinos tienen connotaciones positivas («esto es cojonudo», «esto es acojonante», «esto es la polla»...), los genitales femeninos suelen sugerir asociaciones negativas («menudo coñazo»).

— Mientras que un gallo es un hombre fuerte y valiente, un gallina es una persona cobarde, pusilánime y tímida.

— Mientras que un verdulero es una persona que vende frutas, una verdulera es una mujer descarriada y ordinaria.

— Mientras que un portero es el encargado de la vigilancia y limpieza de un edificio, una portera es una persona demasiado cotilla

— Mientras el lenguaje coloquial se refiere a un zorro para pintar a un hombre astuto y taimado, zorra suele ser sinónimo de promiscua y puta.

— Mientras que un hombre público es el que tiene presencia e influjo en la vida social, la mujer pública es, de nuevo, una prostituta.

— Mientras que un perdido es alguien que no tiene o no lleva destino determinado, una perdida es, adivinen, una prostituta.

— Mientras que un fulano es una persona indeterminada o imaginaria, una fulana es, sí, una prostituta.

— Mientras que un golfo puede ser un pillo alegre, un pícaro juerguista, una golfa es, claro, una prostituta.

— Mientras que un cortesano es alguien cortés, o que se comporta con cortesanía, una dama cortesana es una ramera de calidad.

— Mientras que "un cualquiera" es una persona indeterminada, un pobre don nadie, ser "una cualquiera" es ser una mujer de mala vida.

— Mientras que un pupilo es un huérfano menor de edad al cuidado de su tutor, una pupila es —sorpresa—una prostituta.

— Mientras a un hombre se le dice lobo para señalarle como un hombre sensualmente atractivo o especialmente astuto, a una mujer se la tilda de loba para tacharla de devoradora de hombres, con una connotación cercana a la de buscona.

— Y para rematar, cuando se quiere acentuar que algo no es sólo malo, sino malísimo, deplorable, pésimo, la mierda se convierte en «puta mierda» o «puta pena».

La autora podría haber hablado también de perros (un hombre tenaz, firme y constante, según una de sus acepciones) y perras (prostituta), de zurrones (una bolsa grande de cuero) y zurronas (mujer perdida y estafadora), de gamberros (libertino, grosero) y gamberras (prostitutas), de pirujos (que no cumple con sus deberes religiosos) y pirujas (mujer joven, libre y desenvuelta, o puta), de lagartos (hombre pícaro, taimado) y lagartas (mujer taimada, prostituta)...

Las palabras no son inocentes, pero Irazusta pide cautela ante los excesos. Y lo hace con humor: «A todos se nos atragantan los insultos cromañones, aunque no lleguemos a los desvaríos de las más acérrimas defensoras del lenguaje de género, que alcanzan a ver una clara cosificación discriminatoria entre el impresor (persona que imprime) y la impresora (máquina que imprime)».

El diccionario como culpable

El feminismo y la gramática española no se llevan bien, y la tensión viene de antiguo. Como decía la filóloga Pilar Careaga en El libro del buen hablar. Una apuesta por un lenguaje no sexista, "el lenguaje está creado por el hombre, para el hombre y tiene como objeto al hombre".

Eso Lo Será Tu Madre invita, desde su mismo título, a reabrir ese debate en torno al sexismo lingüístico, una polémica que en los últimos tiempos ha puesto a la RAE en el ojo del huracán feminista.

La propia RAE reconocía su parte de culpa el año pasado al anunciar que haría desaparecer algunas de las acepciones más denostadas por su sesgo machista en la última versión de su Diccionario de la Real Academia Española. Ya no será más huérfano quien pierda al padre que quien pierda a la madre, lo femenino no equivaldrá a débil y endeble, ni lo masculino a varonil y enérgico, avisaban desde la RAE.

Puede que esas y otras acepciones agraviantes hayan desaparecido de la versión impresa de su diccionario, pero siguen apareciendo en su versión online. Y además, como bien se encargan de señalar iniciativas como #GolondrinasalaRAE, son más los errores que habría que enmendar.

El académico y catedrático de Lengua española Pedro Álvarez de Miranda aseguraba entonces en declaraciones a El País que el objetivo de aquellas correcciones era "que el Diccionario sea mejor, no menos machista. Lo que no se puede pretender es cambiar la realidad a través del Diccionario. Si la sociedad es machista, el Diccionario la reflejará. Cuando cambia la sociedad, cambia el Diccionario".

¿Contribuyen las palabras a definir nuestra forma de ver el mundo, o es nuestra forma de ver el mundo la que determina las palabras que usamos para reflejarlo? ¿Han quedado realmente superadas en el imaginario colectivo esas definiciones que pecan de machismo o misoginia o más bien desearíamos que así fuera?

El androcentrismo y el sexismo son tópicos reales, que contravienen la realidad. Carguemos, pues, la responsabilidad de las expresiones machistas sobre cada uno de nosotros, para que el Diccionario cambie.

Las palabras son la configuración acústica de las ideas. Tu vocabulario es política

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