Historias

LSD Flashbacks: el gran 'pope' psicodélico se confiesa

De viaje por la historia lisérgica del siglo XX

The Pope Of Dope. El científico humanista convertido en profeta de la liberación mental. El psiconauta que nos enseñó a abrir las puertas de la percepción. El alto sacerdote del LSD. Y también, y por eso, el hombre más peligroso de Norteamérica, según el poder de entonces.

Timothy Leary fue muchas cosas, pero se le recuerda sobre todo por una: él fue el gran gurú psicodélico, el portavoz de la revolución ácida, el proponente de los Ocho Circuitos de la Conciencia y de la migración espacial. Lo que muchas veces olvidamos es que su interés por las drogas psicoactivas nació de una preocupación clínica.

Leary fue, ante todo, un investigador utópico, un agente del progreso. Un psicólogo frustrado con su profesión que se propuso darle un vuelco a su disciplina, y con ella a nuestras vidas.

Así lo cuenta el propio Leary en LSD Flashbacks, un vibrante libro autobiográfico que ahora publica Alpha Decay en nuestro país y del que hoy os ofrecemos uno de sus capítulos a modo de aperitivo.

A finales de los años cincuenta, nuestro hombre no era más que «un empleado institucional anónimo que conducía hasta el trabajo cada mañana como parte de una larga línea de coches y conducía de vuelta a casa cada tarde y bebía martinis». Tan solo una gota de agua en el centro de un océano de «muchos millones de robots de la clase media, liberal e intelectual». Todo cambió a raíz de la muerte, por suicidio, de su esposa.

«Salí corriendo. El garaje estaba cerrado, pero dentro se oía el motor en marcha. Abrí la puerta por la fuerza y olí el rancio aliento del tubo de escape. Marianna reposaba en el asiento delantero, relajada y fría».

Metamorfosis: el final de lo viejo

Primavera de 1959. Florencia, Italia. «Estaba casi en la ruina y las perspectivas de empleo eran inciertas. Hasta el año anterior había sido un psicólogo de éxito, autor de numerosos artículos científicos y dos libros bien acogidos sobre el diagnóstico de la personalidad. Después de dieciséis años de investigación y docencia había renunciado a mi cargo de Director de Investigación Psicológica en el Kaiser Foundation Hospital de Oakland, California, porque me sentía desconcertado ante mi profesión (...) Pese a todos sus esfuerzos, la psicología todavía no había desarrollado un modo de cambiar de forma significativa y predecible la conducta humana. Me descubrí practicando una profesión que parecía no funcionar».

Descubrí que la consciencia normal es una gota en un océano de inteligencia. Que la consciencia y la inteligencia pueden expandirse de manera sistemática. Que puede reprogramarse el cerebro

Leary se sentía frustrado. En 1958 dejó su posición cómoda en EEUU y puso rumbo a Europa con sus hijos gracias a una magra beca de investigación. Quería escribir la "gran novela americana", pero la inspiración no terminó de llegar y la ciencia volvió a cruzarse en su camino.

« No quería aceptar el hecho aparente de que los humanos fueran incapaces de resolver los problemas de la naturaleza humana: infidelidad, estupidez y conflicto. Ese malestar personal se hacía extensible a la guerra fría y la bomba atómica. Desde Hiroshima nada había ido bien del todo».

Aprendí más sobre la mente humana en cuatro horas (de hongos) junto a la piscina de Cuernavaca de lo que había descubierto en los quince años anteriores como diligente psicólogo

Lo que veía a su alrededor le defraudaba. La terapia conversacional de escuela freudiana le parecía una quimera. Hacía falta algo distinto. Leary se lanzó a visionar nuevos métodos humanísticos para cambiar la conducta: creía conocer la manera en que los humanos podían dirigir su evolución personal. Había redactado esos principios en The Existencial Transaction. Sólo necesitaba un lugar donde poner a prueba sus ideas.

Un profético encuentro en Florencia con David McClelland, director del Centro de Investigación de la Personalidad de Harvard, le abrió las puertas de la institución.

«Lo que sugieres en este libro es un cambio drástico en el papel del científico, profesor y terapeuta. En lugar de ocuparnos de sujetos, estudiantes y pacientes según criterios uniformes y reconocidos deberíamos adoptar un enfoque igualitario o de intercambio de información. ¿No es eso?».

Estados alterados vs. estados controlados

La historia de Leary desde su llegada a Harvard es de sobra conocida. Sus primeras experiencias con los hongos sagrados durante un verano en México le abrieron los ojos. Luego llegaría la puesta en marcha del Harvard Psilocybin Project, su descubrimiento del ácido, su expulsión de Harvard, la fundación de La Liga para el Descubrimiento Espiritual, las experiencias colectivas en la mansión de Millbrook, y también sus frecuentes encontronazos con la ley, la ilegalización del LSD, sus detenciones por decenas...

LSD Flasbacks es el recuento en primera persona de una vida enormemente singular que ha dejado huella en el imaginario popular del siglo XX. Escrito a principios de los años 80, el libro nos lleva a transitar por una porción de la historia que conecta a los beatniks y los hippies de los 60 con los modernos utopistas cibernéticos. Y es que, sin las experiencias de Leary y su familia de viajeros ácidos, sin sus inquietudes transhumanistas, puede que cosas como la realidad virtual jamás se hubieran intentado.

Allí afuera (¿allí dentro?) había un océano de posibilidades, otras realidades, un abanico infinito de programas para otros futuros

El valor fundamental de las más de 600 páginas del libro reside en la oportunidad que nos brinda de acceder al discurso de Leary sin mediación, sin intérpretes. Al discurso y a sus motivaciones. Porque su interés siempre fue científico y espiritual, y pocas veces meramente recreativo.

«Puesto que las drogas psicodélicas nos exponen a diferentes niveles de percepción y experiencia, su uso es en definitiva una empresa filosófica, que nos obliga a afrontar la naturaleza de la realidad y la naturaleza de nuestros frágiles y subjetivos sistemas de creencias», escribe.

« El contraste es que dispara la risa, el terror. Descubrimos de sopetón que durante largos años hemos estado programados, que todo lo que aceptamos como realidad es sólo una invención social».

Al final de la lectura de Flashbacks sobrevuela una pregunta: ¿y si Leary hubiera estado siempre en lo cierto? ¿Y si lleváramos cuatro décadas negándonos el potencial clínico y espiritual de una droga que puede traer más beneficios que daños? ¿Y si Burroughs tuviera razón cuando se refiere a Leary como un auténtico pionero en la carrera de la evolución humana?

Los jóvenes están preparados para Enchufar los circuitos superiores de sus cerebros, Sintonizar con la fuerza formidable de su número y Encargarse de la evolución

Lo único que sabemos es de que después de dos décadas de comercialización del LSD como sustancia apta para diversos usos psiquiátricos, el poder llegó con su prohibición. Los mismos que quieren gobernar tu mente.

Ya lo anticipaba Robert Anton Wilson en su libro Sex, Drugs and Magick: A Journey Beyond Limits:

«El hereje del siglo XXI podría ser, no aquel hombre que toma una droga que el gobierno prohibe, sino el hombre que rechaza una droga que el gobierno ordena».

El derecho de acceso del individuo a su propio cerebro es una cuestión política.

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