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Historias

De geek apaleado a estafador de geeks: auge y caída del gran capo de Bitcoin

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Mark Karpelès se convirtió, de manera accidental, en el gran emperador de la moneda digital bitcoin. Hoy está detrás del robo online más importante de la Historia

Luis M. Rodríguez

03 Septiembre 2015 06:00

Bitcoin es una moneda —virtual, sí, pero moneda al fin y al cabo—, y donde hay dinero, hay crimen e intrigas. Siempre. Y si bitcoin tiene un villano, ese es Mark Karpelès.

Dentro del agitado mundo del "pelotazo tecnológico", cuesta encontrar a personas con menos carisma que Karpelès. Si los productores de The Big Bang Theory decidieran incorporar un nuevo personaje cenizo y techie a la serie, este joven francés exiliado en Tokio podría encajar a la perfección como el nuevo amigo encogido y rechoncho de Sheldon, Leonard y compañía. Y sería él, Karpelès, el que se llevara todas las pullas.

Al menos, hasta que decidiera sacar la cartera...



Un friki en busca de respeto

Hacer un repaso a la vida de Karpelès es como releer el manual del perfecto geek. Por un lado, cerebro. Tipo listo y con facilidad para aprender. Por otro, un inadaptado social que algunos de quienes le han frecuentado tachan de slacker, de persona sin ética de trabajo. Como tercer vértice del triángulo, unas aficiones que van del manga al modelismo ferroviario. Y en medio de todo eso, una moral dudosa siempre conectada a su destreza tecnológica.

Hijo de madre soltera y con escasas habilidades sociales, Karpelès pronto encontró evasión en la pantalla de su ordenador. A los 10 años ya estaba aprendiendo a programar por su cuenta. Cuando poco después fue enviado a un internado, el chico pasaba sus tardes devorando comics japoneses y garabateando líneas de código en una libreta (allí no tenía ordenador a mano) mientras los compañeros de clase le sometían a todo tipo de perrerías.

"No fue fácil adaptarse", comenta Karpeles en Rolling Stone. Sin embargo, él tenía un plan: ganarse el respeto de todos, y de paso la fama, a través de la programación. "Quería escribir un software que fuera tan útil que todo el mundo quisiera usarlo". Ese era su sueño.

Tras acabar la educación secundaria y mudarse con su madre a París, el pequeño Mark comenzó a poner a prueba sus destrezas informáticas. ¿Cómo? Hackeando tiendas online para conseguir productos gratis.


Karpeles encontró la manera de comprar cosas online sin desembolsar un sólo céntimo. Conseguir consolas o smartphones gratis para sus compañeros de clase se convirtió en su manera de hacer amigos


El chaval se regaló lo que quiso, pero además pronto empezó a saborear el nuevo poder social que le procuraba su destreza para el hacking.

Aquellos chicos que antes le excluían, aquellos que le insultaban en los recreos, pronto se convirtieron en aliados. Conseguir consolas o smartphones gratis para sus compañeros de clase se convirtió en una manera de hacer amigos. "Un montón de gente me empezó a respetar por aquello", rememora Karpelès. "En cierto modo, me sentía importante. Si necesitaba algo, apretaba un botón y lo tenía".


                                                                                  Mark Karpeles en 2008


Sus correrías duraron dos años. Justo hasta que la policía se presentó en la puerta de su casa con una orden de arresto por fraude.

Como menor de edad que era, se libró de ir a la cárcel, pero la experiencia coincidió con el comienzo de una adolescencia tremendamente tormentosa.

En los años siguientes, Karpelès trató de distanciarse de la falda materna y probó a vivir en las calles de París (duró una semana), cayó en la depresión e incluso tonteó con la idea del suicidio. En sus peores días llegó a preparar un lazo corredizo con un cable de red que guardaba en su habitación. Nunca llegó a utilizarlo.

El poder sobrevenido

Su suerte empezó a cambiar con su mudanza a Japón en 2009. Karpelès no tardó en aprender el idioma de su nuevo país de adopción, un lugar que le había fascinado desde siempre. Allí lanzó su primer negocio legal, una compañía de alojamiento web que le brindó su primer contacto con las divisas virtuales: un cliente que estaba teniendo problemas con sus tarjetas de crédito le preguntó si podía pagar con bitcoins. Era la primera vez que oía aquella palabra.

Karpeles se quedó con la copla y se lanzó a investigar sobre bitcoin. Intrigado con el concepto, empezó a utilizar la divisa y a trabar contacto con otros adoptadores tempranos. Así conoció a Jed McCaleb, un joven norteamericano que acababa de reconvertir Mt. Gox, un portal originalmemte diseñado para intercambiar cartas de Magic, en un sitio dedicado al corretaje de bitcoins.


Según estimaciones de The Wall Street Journal, en su momento álgido Mt. Gox llegó a procesar el 80 por ciento de todas las transacciones con bitcoins realizadas en el mundo


Mt. Gox pronto se convirtió en el primer destino online dedicado a procesar compras y ventas de bitcoins. Como si fuera un banco en la nube, también almacenaba el dinero virtual de sus clientes.

Su primer susto llegó en marzo de 2011: un hacker consiguió acceder a su sistema y robar bitcoins por valor de 45.000 dólares. Poco después de aquello, McCaleb sintió que aquel no era negocio para él. Decidió desvincularse y, como quien dice, le regaló la plataforma a Karpelès a cambio de una participación en los beneficios futuros. Ahí empezó su reinado, y sus verdaderos problemas.

La riqueza evaporada

A pesar de la mala prensa que le reportó la gestión de sus primeras crisis —en junio de 2011, su sistema volvió a ser hackeado, provocando un desplome en el precio de bitcoin—, Mt. Gox logró crecer a buen ritmo en la estela de la creciente presencia mediática de la divisa virtual. La plantilla se multiplicó, la empresa se mudó a las viejas oficinas de Google en Tokio y —dicen quienes trabajaron con él— Karpelès empezó a sufrir la borrachera del éxito.

Su camino se empezó a torcer cuando el FBI sospechó que su mano estaba detrás de Silk Road. Los investigadores encontraron signos de que Mt. Gox estaba "lavando bitcoins" procedentes de las transacciones ilegales de Silk Road, e incluso llegó a sospechar de Karpelès como el cerebro en la sombra del que fue el mayor mercado negro de la deep web.



El tiempo probó que aquello no tenía fundamento, pero la investigación supuso la paralización temporal de las operaciones bancarias de Mt. Gox, con el consiguiente enfado de sus clientes.

Con la reputación cada vez más tocada, la verdadera catástrofe llegó a principios de 2014. El 7 de febrero, Mt. Gox anunciaba la suspensión de todas las retiradas de dinero, sin explicar las causas de su decisión. El anuncio causó pánico entre sus usuarios.

Dos semanas después, todo aquel que trataba de acceder al portal se encontraba con una página en blanco. "Se ha tomado la decisión de cerrar todas las transacciones", se avisaba desde una escueta nota. ¿La razón? Cientos de millones de dólares en bitcoin se habían esfumado.


El saqueo de Mt. Gox podría ascender a los 650 millones de dólares. Se trata del robo online más importante de la Historia


Según Karpelès, la causa había sido una "maleabilidad en las transacciones". Es decir, un fallo en el software de la plataforma que había permitido a gente anónima manipular la cadena de transacciones y robar bitcoins del sitio. ¿Cuántos bitcoins? Según la estimación del propio Karpelès, unos 650 millones de dólares al cambio. Aún hoy, nadie sabe dónde está ese dinero.



Usuarios enojados volaron hasta Tokio desde todos los rincones del mundo para reclamar su dinero a las puertas de Mt. Gox. Karpelès recibió hasta amenazas de muerte. "Necesitamos organización para encontrar y torturar y matar a Mark Karpelès", se llegó a leer en un post anónimo dejado en un foro de usuarios de bitcoin.

De la noche a la mañana, el "gran banquero" de bitcoins, el geek medrado a millonario casi sin querer, se había convertido en el hombre más odiado.

Según Karpelès, alguien había metido mano en su sistema. Otros, incluidos algunos de sus extrabajadores, sospechan que la mano indecente fue la del propio Karpeles.

"Teníamos un chiste privado entre nosotros: 'Llévale pizza a Mark cuando esté en la cárcel'", le contaba Ashley Barr, primer empleado de Mt. Gox, al periodista norteamericano David Kushner. "Siempre dimos por supuesto que acabaría ahí".


Tras el robo, el examen de las bases de datos de Mt. Gox reveló evidencias de fallos de seguridad, registros desaparecidos y errores de contabilidad interna. Karpelès ha reconocido que estaba al tanto de algunas de esas vulnerabilidades desde 2011


A principios del pasado agosto, la policía tokiota procedía a la detención de Karpelès en su domicilio en una zona residencial de la ciudad. Se la acusa de haber engordado artificialmente su cuenta digital por valor de 1 millón de dólares a base de bitcoins falsos y de haber robado 8,9 millones de dólares adicionales de las carteras virtuales de otros usuarios de Mt. Gox. Su implicación, si la tuviera, en la desaparición del resto del dinero, está siendo investigada.

Nadie duda de la incompetencia de Karpelès a la hora de manejar Mt. Gox, pero su honorabilidad —o su falta de honorabilidad— aún está por probar. Tras seis meses de investigación, la policía japonesa ha concluido que el robo fue, al menos parcialmente, un "inside job". Karpelès niega su culpabilidad.

"Mucha gente parece creer que alguien en Mt. Gox fue malo. Yo sé que no he robado nada. Quiero decir, si tuviera esos 650 millones en bitcoins, o incluso una fracción de eso, no estaría aquí".


¿Cerebro o víctima?

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