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Historias

El desafío de ser gay en el mundo árabe

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Retrato de una contrasociedad subterránea

Luis M. Rodríguez

04 Marzo 2015 11:32

"Esto es un café muy desterritorializado. Estamos en Jordania, pero podríamos estar en cualquier otro lugar de Oriente Próximo. La gente pasa por aquí cuando no tiene hogar. Todo el mundo sueña con Beirut, Dubái o Estambul".

Madian al-Jazerah habla de su Books@Café, un local anticonvencional situado en Ammán, un oasis 'gay friendly' en tierra de islam al que Frédéric Martel dedica generosos párrafos en el prólogo de su ensayo Global Gay, sobre cómo la revolución gay está cambiando el mundo.

¿Puede un bar como este cambiar una ciudad?, ¿o un país?, ¿o incluso el mundo árabe?, se pregunta Martel en su libro, aún a sabiendas de que aquello que ve es poco más que una excepción, un espejismo.

"Sé hasta qué punto, desde este oasis privilegiado y cosmopolita, estamos lejos de la realidad gay del mundo árabe", se responde el francés. "Más que un tabú, la homosexualidad en ese mundo es un delito, y a veces, un crimen. Conduce a la cárcel, e incluso a la pena de muerte. Madian tal vez esté abriendo camino, pero a la liberación gay en el islam todavía le queda un gran trecho".

La fotógrafa palestina Laura Boushnak, interesada desde siempre en la reforma cultural en el mundo árabe, conoce bien ese trecho y sabe que son más quienes están abriendo camino.

En su serie Out of Beirut's Closet, nos invita a viajar hasta la realidad LGBT de la capital del Líbano, uno de esos destinos soñados a los que se alude en el libro de Martel. Y es que Beirut es probablemente la única ciudad del mundo árabe donde la homosexualidad se discute de forma abierta... hasta cierto punto.

Beirut es la excepción. En el barrio de Hamra conviven los bares de 'ambiente' con aquellos otros de aspecto familiar para parejas 'hetero'. La sociedad libanesa y los medios de comunicación han evolucionado mucho en los últimos años, pero la represión y la legislación punitiva contra la homosexualidad existen. "Aunque Líbano es más liberal que otros países árabes, los gays y grupos relacionados todavía sufren discriminación, amenazas y acoso", cuenta Boushnak en la presentación de su serie.

Contra esa situación de discriminación luchan entidades como Helem ('sueño' en arábe), la primera organización del mundo árabe dedicada a la lucha contra la homofobia.



Helem enarboló por vez primera la bandera del arcoiris durante las manifestaciones contra la guerra de Iraq, en 2003, y desde entonces no han parado de trabajar. Su objetivo principal es la retractación del artículo 543 del Código Penal libanés, que describe "relaciones sexuales contra natura" como un crimen que puede ser castigado con la cárcel.

De la mano de los activistas de Helem, la cámara de Boushnak nos acerca a la contrasociedad más o menos subterránea de gays, lesbianas, bisexuales y transexuales en Beirut, aquellos que disfrutan de la libertad relativa que les ofrece la ciudad mientras buscan espacios para seguir soñando y desarrolando su identidad.



En cierto modo, ellos son unos privilegiados. Y aún así, muchos de los retratados insistieron en que no querían que sus rostros se vieran.

Según los informes de Amnistía Internacional y la Internacional de Lesbianas y Gays, las prácticas homosexuales aún son perseguidas en casi todos los países árabes. No hay más que recordar que países del entorno de Líbano, como Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Irán, Sudán del Norte o Yemen, aún mantienen la pena de muerte para homosexuales en su legislación.

¿Hasta cuándo?



Hacia una Primavera Rosa

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