Historias

La juventud también puede ser asquerosa

El artista británico Mitch Griffiths disecciona la sociedad contemporánea y nos muestra este mundo de contradicciones con sus pinceles

Nos prometieron que seríamos divinos, y durante un tiempo lo creímos. El mundo era tan nuestro como el alcohol, como las drogas, como la juventud o el amor. ¿Cómo no íbamos a creernos excelentes?

Repetíamos los esquemas y las formas de nuestros iconos. Éramos un dios pequeño, un dios divertido y nadapoderoso que engullía todo cuanto pasaba a su alrededor. Un día, sin embargo, despertamos en la cama de la madurez, y nos dimos cuenta de que todo por lo que habíamos luchado era humo.

Tragad vuestras mentiras, nos dijeron.

Empapaos en vuestra mediocridad, nos dijeron.

Algunos sobrevivimos, otros, sin embargo, nos perdimos en el temblor de una pastilla, en la anorexia de un miedo, en los huesudos huesos de nuestras pasiones.

Nos llamaron inútiles, y nosotros les retamos. ¿De verdad iban a atreverse a criticar nuestros rostros?

Nos llamaron ineptos y nos dieron de comer relojes basura, el tiempo se consumía en nuestro estómago como un trozo de cristal erosionado por las olas.

Comprad, nos dijeron.

Tragad, nos dijeron.

Drogaos, nos dijeron.

Y como nadie nos había enseñado a vivir, tuvimos que envenenarnos.

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