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Historias

Para estas mujeres, enamorarse es un crimen y morir es un deber

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De cómo un grupo de mujeres desafía las costumbres milenarias de los hombres cosiendo en comunidad

Guiem Alba

02 Marzo 2015 06:00

"Una noche oscura, cuando tenía 16 años, tres niños pequeños se me acercaron y me dijeron al oído que mi amiga había sido asesinada".

Así fue el primer contacto de Khalida Brohi con una costumbre milenaria de su país: los crímenes de honor. En una TED Talk difundida hace unos días, Khalida explica cómo consiguió convertir la costura, una tradición aparentemente inocua, en la principal arma para la liberación femenina.

En las comunidades rurales de Pakistán, las mujeres bordan telas mientras ven la vida pasar por la ventana. Viven secuestradas por un hombre que les asignaron al nacer, y tienen prohibido enamorarse de otra persona. Abandonar a su marido es una deshonra para su familia que se castiga con la muerte.

No las mata un tribunal militar, sino su propio padre, hermano o marido. Es una tradición asesina, pero no deja de ser una tradición, y las tradiciones se respetan y punto. Especialmente en una comunidad rural.

Por eso, la primera estrategia que adoptó Khalida fracasó. Pero este primer fracaso inspiró una segunda estrategia, que consiguió enseñar a las mujeres a luchar por sus propias libertades.

Así es como lo hicieron. Así es como lo hacen.

Método #1. Ganar el apoyo internacional con un mensaje claro y protestar en la calle contra las autoridades.

Al nacer, la familia de Khalida decidió enviarla a la escuela en lugar de asignarle un marido y condenarla al analfabetismo. Fue educada con los mismos derechos de un hombre, pero la mayoría de chicas de su comunidad nunca tuvo tanta suerte.

Ese fue el caso de su amiga: se enamoró de un hombre distinto al que le asignaron, abandonó el hogar y fue asesinada. Cuando Khalida se enteró de su muerte, la ira la llevó a llamar puerta por puerta a las mujeres de su comunidad. Denunció los crímenes de honor y trató de concienciar a las mujeres sobre la injusticia a la que estaban sometidas, pero no funcionó.

Pronto dejó de llamar a las puertas y lanzó una campaña en internet bajo el lema "Levántate contra los crímenes de honor". Consiguió un gran apoyo internacional y protestó en las calles, convertida en líder de la liberación femenina. ¿Funcionó? No, más bien al contrario.


Para muchas mujeres, los crímenes de honor son una tradición tan normal como bordar



Empezaron a lanzar piedras contra su casa, advirtieron a su padre de los peligros que acarreaba educar a una mujer y, finalmente, llegaron las amenazas de muerte. Tuvo que exiliarse y abandonar toda acción política. Se sentía fracasada pero, después, reflexionó:

"Nuestra campaña fracasó por dos razones: primero, nos enfrentábamos a los valores esenciales de nuestra gente; segundo, no estábamos incluyendo en el cambio a las verdaderas heroínas, las que deberían luchar por su propio bien".

Había que cambiar de estrategia.

Método #2. Crear un tejido asociativo para romper el aislamiento de las mujeres.

Los crímenes de honor son una barbarie a ojos del mundo Occidental, y también lo eran para Khalida, que nunca vivió secuestrada por un marido que no eligió. Pero, para la mayoría de mujeres del Pakistan rural, esta situación era tan normal como bordar.

Así pues, Khalida volvió a su comunidad y se disculpó por haber ofendido las tradiciones.

Aquí empezaba su segunda estrategia: creó un centro social donde las mujeres acudirían a bordar, pero ya no de manera aislada, sino como colectivo. Allí, las víctimas del abuso masculino encontraron un lugar donde intercambiar ideas sin la supervisión de sus maridos. Así nació el proyecto Sughar.


El objeto que mejor representa el esfuerzo de la mujer pakistaní es la tela que borda



Las mujeres del Pakistán rural no poseen ningún bien material. Más bien, ellas son un bien material que pertenece al marido, junto con propiedades como la tierra o la casa.

¿Cuál es el objeto que representa el esfuerzo de una mujer pakistaní? Solo hay uno, pero resultó ser muy poderoso: la tela que borda.

"En realidad, en el Islam se supone que las mujeres deben luchar junto a los hombres. Tienen un estatus que nadie ha escuchado", dice Khalida.

Entre todas, debatieron sobre el Islam, sobre sus derechos y sobre la educación básica; también sobre cómo ganar dinero para ganar independencia. Este último tema fue crucial cuando los maridos de algunas mujeres empezaron a prohibir que acudieran a bordar al centro social.

Y así fue como las mujeres crearon Sughar Nomads, la primera marca de ropa tribal, y la llevaron a las pasarelas de moda de Pakistan. "Las mujeres empezaron a ganar dinero y a llevar ese dinero a casa, así que los hombres tuvieron que pensárselo dos veces antes de negarles la asistencia a nuestros centros", cuenta Khalida.

Con menos de 30 años, Khalida es ya una activista a nivel global que se sienta en foros de debate internacionales, pero sigue viviendo en su comunidad natal. Su labor social no se detiene, y su objetivo es ayudar a un millón de mujeres en los próximos diez años.

Hace unos meses, Khalida se casó con el hombre que ella había elegido. Su historia es la de una verdadera líder porque, gracias a ella, el resto de mujeres han actuado como líderes.



De bordar solas en casa a bordar, entre todas, sus libertades






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