Historias

Los jóvenes con VIH no tienen miedo

Son el sector social donde más aumentan las infecciones. Los adolescentes se olvidaron del virus, pero muchos lo afrontan de una forma distinta

“El tío estaba limpio, había estado con pocas chicas. Pero después sospeché: le había hecho una felación. Seguramente eso no era suficiente, ¿verdad? Una enfermera me dijo que el virus está presente en el líquido pre seminal. Ah. No sabía eso”.

El 28 de junio de 2012, Lucie, una joven francesa de 20 años, fue al médico a recoger unos análisis previos para una operación. Fue entonces cuando se enteró de que se había infectado con el virus del VIH. “Recuerdo la única lágrima que descendió por mi mejilla. Primero pensé ‘mi vida va a cambiar’, después ¿por qué a mí?”. 

Nadie sabe su nombre real, aunque miles de internautas ya conocen su historia. Hace una semana, Lucie publicó una carta abierta en la revista digital Konbini: en ella explica cómo ha cambiado su vida desde que sabe que es seropositiva. 

Lo peor fue decírselo a su madre, quien tuvo una reacción comprensiva y dura al mismo tiempo: “Ese es uno de los peligros de la vida. Hay jóvenes que mueren en la carretera cuando van a devolver un DVD, otros tienen cáncer. Hay muchos jóvenes afectados por enfermedades que no llegan a los 20”.

Las hermanas de Lucie gritaron cuando tuvo que explicarles lo que contenía su nueva caja de medicinas: “Las dos lloraban. Me llamaron estúpida, me dijeron que yo conocía los riesgos. Los conocía”. Los últimos en saberlo fueron su padre y su hermana pequeña.

El verano de 2012, Lucie empezó una terapia triple con antirretrovirales: tres pastillas “cada día, para el resto de mi vida”. Dos años después, no ha notado muchos efectos secundarios, excepto que sus ojos amarillean: “La gente me pregunta si tengo problemas en el hígado […] La mayoría de las veces no se nota: depende del día y de la distancia”.

Volver al sexo

“Pasé semanas sin ver a un chico, pero un día vi una película en casa con un amigo. Cuando terminó, empezamos a besarnos. Me gustaba y me sentía bien con él”. Para Lucie, llegó el momento de decírselo: “Espera, antes de que vayamos a más”. Se quedó callada, o eso cree recordar. “Pero dime”, dijo él. “Soy seropositiva”.

Lloró y él la abrazó: "Estuvimos así unos 5 minutos. Me pidió que le diera algunos días para pensar en ello”. Más tarde empezaron a salir, y al principio el virus era “como otro miembro de la pareja”. Después, consiguieron hablar con libertad: “Eso no impidió que pasara días sin dormir antes de hacerse la prueba”.

Con 22 años, Lucie se desvive para que sus amigos utilicen preservativo cada vez que tienen sexo esporádico, y para que pidan a sus parejas un test de VIH. Sabe que en su país, por ejemplo, más de un tercio de los estudiantes admite que no usa condón: “Un amigo gay aún tiene sexo sin protección, y sabe lo mío desde el principio. Un día discutimos en la calle, dijo que tenía que hacerse el test porque se había arriesgado. ‘De todas maneras, si lo cojo está bien, tú pareces estar bien’, me dijo”.

Sin miedo a nada

Los adolescentes han olvidado el sida, les queda demasiado lejos. No han visto este síndrome representado en películas, en campañas institucionales de prevención que poblaron los años siguientes a 1981, cuando se descubrieron los primeros casos en Los Ángeles, Estados Unidos. Simplemente, no es una de las lacras que represente el momento en el que viven.

Sin embargo, el virus del VIH sigue presente en la actualidad, y precisamente los jóvenes son el grupo social más vulnerable a la infección: según la OMS, unos 2.500 adolescentes de entre 10 y 19 años contraen la enfermedad cada día, y unos dos millones que conviven con ella.

En diciembre de 2013, la OMS habló de fracaso con los adolescentes: las muertes por enfermedades asociadas con el sida se han incrementado un 50% en esta franja de edad. Además, lo ha hecho cuando la población general ha experimentado una reducción del 30% en los casos registrados entre 2005 y 2012.

Muchos de estos jóvenes adquirieron el VIH a través de sus madres, pero también son el colectivo que más juega con el sexo y cometen más imprudencias. Eso les sucedió en 2009 a Juan y Tania (nombres ficticios), dos españoles de 20 años residentes en Baleares: "Siempre usaba preservativo, siempre, pero basta con que una vez te dé pereza para que el sida te pueda pasar a ti. El deseo carnal hace que te olvides de todo", contó Juan a El Mundo.

Nuevas perspectivas

Si uno escribe "sida" o "vih" en Reddit, uno de los foros virtuales más utilizados por jóvenes en el mundo, las primeras entradas que aparecen están relacionades con los avances médicos y las "vacunas" contra esta enfermedad. También la carta de Lucie. 

Desde que dejó de ser una sentencia de muerte, las actitudes machistas y homófobas también han aumentado con respecto al sida: casi una cuarta parte de los comentarios sobre el VIH en Twitter son despectivos con la enfermedad o bromean con ella.

Sin embargo, no todo es despreocupación y frivolidad. Numerosos proyectos sobre adolescentes con VIH visibilizan a sus portadores y fomentan una actitud positiva y abierta. Sobre todo, dejan que sean ellos quienes cuenten su realidad.

Es el caso de Body & Soul, una iniciativa surgida en un hospital homeopático de Londres donde muchos seropositivos complementan sus tratamientos. En su web se pueden encontrar testimonios de adolescentes de 13 a 19 años. La misma organización produjo el documental Life in My Shoes: Undefeated, que versa sobre este tema. 

En su carta, Lucie escribió de que jamás volverá a confiar en nadie que diga que no tiene el virus: "¿Y si está mientiendo?". También rechaza que la sociedad la victimice: "Me tienen lástima y me ven como una víctima. Una pobre niña que no ha tenido suerte [...] A veces me gustaría que la gente imaginase que yo he tenido la culpa [...] No he tenido mala suerte. Matuve relaciones sexuales sin protección con un chico que afirmó estar limpio. Me expuse al VIH y otras enfermedades de trasmisión sexual".

Los jóvenes piden que no se les victimice y que nadie hable por ellos. Su vida sexual empieza, casi siempre, cuando ellos lo deciden. Por eso deben tener un mayor acceso a condones gratuitos. Numerosos expertos recomiendan que se facilite los tests de VIH a este sector de la población, y que no sea necesario el permiso de los progenitores.

Como Lucie, Luke Alexander, un joven británico seropositivo de 19 años, también representa la voz de una nueva generación respecto al sida: en mayo del año pasado, Alexander se hizo famoso por escribir una carta al secretario de educación británico, Michael Glove.

Le pidió que el virus del VIH volviese a formar parte de la educación sobre salud, ya que él creció sin saber nada acerca de esta enfermedad: "La mayoría de los jóvenes saben poco o nada sobre el VIH. Creo firmemente que si hubiera aprendido sobre el virus, podría haber evitado mi contagio con tan sólo 18 años".

Apenas conocen el virus que sacudió los 80, pero tienen nuevas formas de afrontarlo.

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