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Historias

Fue la primera mujer fotoperiodista de América, y murió sola, indigente y olvidada por la historia

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La afilada curiosidad social de una auténtica pionera

Luis M. Rodríguez

25 Febrero 2015 16:29

Cada vez que como mujer disparas una foto, cada vez que retratas tu entorno o fijas con tu cámara la realidad social que se respira en las calles, estás un poco en deuda con Jessie Tarbox Beals. Ella fue la primera mujer fotoperiodista de América, y como en tantas otras historias de pioneras, su vida no tuvo el mejor final.

El azar puede cambiar el curso de una vida. El azar y una voluntad perseverante, en el caso que nos ocupa. Porque Beals tuvo que agarrarse a un deseo y defenderlo contra viento y marea, consciente de que todas las convenciones sociales de su época jugaban en su contra por el simple hecho de ser mujer.

En 1888, con 17 años, la suerte quiso que Jessie ganara una cámara fotográfica por vender una suscripción a una revista de la época. Se trataba de una cámara pequeña y rudimentaria, pero aquel obsequió acabaría marcando el resto de su vida.

"Empecé a fotografiar cuando era maestra en Massachusetts, con una cámara pequeña que me había costado 1,75 dólares", rememoraba Beals en una vieja entrevista con The New York Times. "En una semana la había reemplazado por una cámara mayor, y en cinco semanas esa segunda cámara me había hecho ganar 10 dólares".

Beals pronto recibió su primera encomienda por parte de un periódico. Tenía que acudir a retratar la prisión estatal de Massachusetts. Y allí se plantó ella, con sus gafas redondas, con su lazo perfecto adornando su cuello, su falda hasta los tobillos y uno de sus llamativos sombreros, cargando con más de 30 kilos de equipo.

En aquella época, las pocas mujeres que practicaban la fotografía lo hacían desde la seguridad del estudio. Beals era distinta: a ella lo que le atraía era la calle, salir con su cámara a retratar el mundo, su gente, sus penurias y sus sucesos.

Cuando fue contratada como fotógrafa de plantilla de dos diarios de la época, Jessie Tarbox Beals se convirtió en la primer mujer fotoperiodista profesional de Norteamérica.

Sirvan estas palabras suyas, sacadas de una entrevista fechada en 1904, como ejemplo de lo inusual que era su figura entonces:

"La fotografía para periódicos como vocación de mujeres tiene mucho de innovación, pero es una práctica que ofrece grandes incentivos en la forma de intereses y también de beneficios. Si uno es poseedor de salud y fortaleza, tiene un buen instinto por las noticias... un equipo fotográfico adecuado, y la habilidad para buscarse la vida, persuadir y chanchullar, que es la cualificación más necesaria, entonces uno puede ser un fotógrafo de noticias".

Con el tiempo fue orientando su objetivo hacia los temas que le eran de más interés, a menudo causas sociales que demandaban reformas: la educación y la pobreza infantil, el problema de la vivienda, los primeros albores de espontaneidad feminista. También la vida bohemia del Greenwich Village neoyorquino, barrio donde llegó a regentar un salón de té y una pequeña galería de arte, y al que dedicó centenares de fotos que hablan de un despertar para la mujer.

Los últimos años fueron duros para Beals. Toda una vida de trabajo precario, siempre cargando con cámaras pesadas, la dejaron rota y casi indigente. Acabó postrada en la cama, sin apenas poder moverse. En sus últimos días fue acogida en el ala de caridad del Bellevue Hospital de Nueva York, donde murió sola en 1942.

Su mirada siempre fue de mujer. La de una mujer atrevida, infinitamente curiosa, que nunca achantó ante los obstáculos de género de la época que le tocó vivir. Muchas de sus mejores fotos acabaron perdidas para siempre (en su última etapa, Beals simplemente se vio demasiado pobre como para poder seguir almacenándolas), pero nadie podrá negarle su lugar en la historia. 

Diana in the snow, ca. 1915.

A true house that Jack built, 1926.

Four young children loading rocks into a wagon while a smaller child sits on the ground playing with his toy ponycart, ca. 1915.

The sitting-out bag used in open air schools in New York and elsewhere, ca. 1910.

Edna St. Vincent Millay and husband Eugen Jan Boissevain in front of house at 75-1/2 Bedford Street, New York.


Four young children loading rocks into a wagon while a smaller child sits on the ground playing with his toy ponycart, ca. 1915.

Physically Defective Children, ca. 1910

Slum children, ca. 1910

Old Woman and Three Children in a Tenement, ca. 1910

Milligan Place, ca. 1910

Airshaft with garbage, ca.1900

Family in Airshaft, ca. 1910

Tenement Home, ca. 1900-1905

Grace Godwin’s Garret, Greenwich Village, ca. 1917

Getting ready fo a viallage revel at Liberal Club, ca. 1916-1918

Elyzabeth Koenig and Romayne Benjamin outside Treasure Box, ca. 1916

Edith Unger of the Mad Hatter Tea Room, 1916

Down The Rabbit Hole, ca. 1908-1916

Kitty Morton at door of Will o' the Wisp Tea Room, ca. 1912-1925

Sufrage parade, ca. 1915-1918

Louise Elisworth dress in a heavy fur coat and a hat, ca. 1925-1935

Lin in her shop, 167 West 4th Street, ca. 1916-1920

Ellas abrieron las puertas para que tú puedas ser un poco más libre



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