Historias

Si me amas, pégame

Placeres prohibidos en el París de 1900

Paris, 1920.

Mi querido Robert,

Mi cuerpo te añora como una rosa que busca la mordedura fresca del agua. Lo sé porque mi piel ha vuelto a amanecer fría. Pero todo mi ser espera tu llegada con la ilusión intacta.

Sé que en pocos meses volveremos a estar juntos.

Sueño con nuestra reunión cada hora del día.

Sueño con tus manos fuertes y con tu voz cuando susurras. Con tu andar aparatoso y tu cara mientras ríes.

Pero Robert...

He de confesarte algo.

Hace poco he conocido a un hombre. Un hombre que me ha abierto la puerta a un mundo que no conocía. Un mundo del que quiero hacerte partícipe.

No es lo que tú piensas.

No hay amor entre nosotros. Sólo juego y fantasía.

Hay tantas cosas que necesito contarte...

Mi vida en París se ha llenado de sorpresa. Y con sorpresa he descubierto deseos que no puedo ignorar.

Deseos que me obligan a pensar en ti, en nosotros, de una manera distinta.

Has de saber que he empezado a trabajar.

En la pensión me hablaron de un fotógrafo que necesitaba chicas, y sabes que me gusta posar. Además, ¿a qué otra cosa puede aspirar una muchacha inglesa que sólo sabe decir... deux baguettes, s'il vous plaît?

Trabajo para Jacques Biederer. Él y su hermano vienen de Chequia. Llegaron a París hace unos años y juntos dirigen su estudio de fotografía.

Sus fotos son... distintas.

Cuando estamos en el estudio posamos de maneras divertidas.

Nos disfrazamos y escenificamos juegos que... muchos ven escandalosos.

Robert, quiero jugar a esos juegos contigo.

Necesito saber que estás preparado para seguirme en este viaje.

Mi cama sin ti era un océano helado. Ahora soy una masa caliente de deseo. Un pecho inseminado de fuego y preguntas.

Son tantos mis anhelos y tantos mis ardores en este momento...

Yo era incrédula. Pasiva. Humilde. Hoy me enseño a ser salvaje y distinta. Me niego a volver al momento en el que dejas de probar las cosas por culpa de la anorexia del miedo.

He posado desnuda y he besado a mujeres. He disfrutado entregando mi voluntad a otras personas.  

Ahora quiero asomarme contigo al lado más salvaje del amor físico.

Quiero que tú quieras asomarte conmigo.

Látigos que encienden el picor de la pasión.

Nudos que abren puertas a placeres distintos.

Golpes que aún siendo de dolor reclaman el querer.

¡Son tantas las cosas que quiero enseñarte!

A partir de ahora soy tuya. Puedes atarme, castigarme, anular mis sentidos.

Sólo aspiro a ser digna de un amor distinto.

Un amor violento.

A veces, sentir dolor es la única manera de lograr sentir algo

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