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Historias

El insólito truco de Bután para ser uno de los países más felices del mundo

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"Es mejor que cualquier antidepresivo"

alba losada

07 Julio 2016 14:31

La muerte: lo último que en lo que la mayoría de nosotros quiere pensar. Su connotación negativa, y el miedo que nos evoca hace que sea un tema tabú, del que generalmente no hablamos a no ser que sea estrictamente necesario.

Pero hay lugares, como Bután, en los que la visión de este concepto es muy distinta. Se trata de uno de lo países más felices del mundo y su clave para serlo es, precisamente, tener una relación con la muerte radicalmente opuesta a la que tenemos la mayoría. Ahí la muerte está presente constantemente. De hecho, sus habitantes piensan en ella cinco veces al día.

Así lo descubrió un viajero llamado Eric Weiner en una visita a Tjimphu, la capital del país. Estaba sentado con el director del Centro de Estudios de Bután, Karma Ura, cuando sufrió un ataque de pánico.

Después de esta crisis, Weiner quiso entender qué le había sucedido:

- "¿Por qué ahora? – mi vida va inusualmente bien – ¿Qué puedo hacer al respecto?"

- "Hay que pensar en la muerte cinco minutos todos los días. Se te va a curar", contestó Ura.

- "¿Cómo?"

- "Es esta cosa, este miedo a la muerte, el miedo a morir antes de que hayamos logrado lo que queremos o hayamos visto crecer a nuestros hijos. Esto es lo que te está generando problemas".

- "Pero, por qué iba a querer pensar en algo tan deprimente?"

- "Hay gente rica en Occidente que no ha tocado cadáveres, heridas frescas, ni cosas podridas. Y esto es un problema. Es la condición humana, y tenemos que estar preparados para el momento en el que dejemos de existir".

"Es esta cosa, este miedo a la muerte, el miedo a morir antes de que hayamos logrado lo que queremos o hayamos visto crecer a nuestros hijos. Y esto es lo que te está generando problemas"

A diferencia de muchos, los butaneses son capaces de recordar constantemente que la muerte forma parte de la vida, nos guste o no. Y, desde su parecer, omitir esta realidad puede suponer una carga psicológica pesada.

En Occidente es frecuente secuestrar y omitir a la muerte, apartarla del mundo de los vivos y así hacer como si no existiera. En cambio, en Bután hay imágenes de ella en todas partes. También hay danzas rituales que la recrean. Nadie está exento de contemplarla. Ni siquiera los niños.

De hecho, cuando alguien muere, hay un período de luto de 49 días que implica rituales minuciosamente orquestados. "Es mejor que cualquier antidepresivo", le aseguró a Weiner un actor del país llamado Tshewang Dendup.

Pero, ¿por qué tiene Bután esta singular actitud respecto a la muerte?

Es simple: la muerte ronda a sus habitantes constantemente. A pesar de su reducido tamaño, el país ofrece muchas maneras de morir: desaparecer o caer por caminos traicioneros, ser mutilado por un oso, comer setas venenosas o morir de frío.

Otro factor, sin duda, es la reencarnación. Cuando uno está convencido de que después de esta vida viene otra, es más sencillo no temer la llegada del día final.

En Bután hay imágenes de la muerte en todas partes y también hay danzas rituales que la ensalzan. Ni los niños, ni nadie está exento de mirarla

El efecto beneficioso de esta práctica también se ha confirmado lejos del país. Los psicólogos Nathan DeWall y Roy Baumesiter, hicieron un estudio en la Universidad de Kentucky, EE. UU., que demuestra que probablemente los butaneses tienen razón.

Dividieron a varias decenas de estudiantes en dos grupos: a uno se le pidió que pensaran en una visita al dentista y al otro en la muerte.

Después de aquello, se les instó a que dijeran palabras clave y lo que se evidenció es que los que habían estado pensando al estilo de Bután, era mucho más probable que dijeran palabras positivas, como "alegría".

Por ello, la conclusión de los investigadores del estudio fue que "la muerte es un hecho psicológicamente amenazante, pero cuando la gente la contempla, al parecer, el sistema empieza a buscar pensamientos felices de forma automática".

Y es que a veces, por raro que nos parezca, de lo peor puede brotar lo mejor. No olvidemos que en los mejores cuentos el bien y el mal nacen del mismo río.


[Vía BBC]

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