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Historias

Cinco humillaciones loquísimas del pasado que anticiparon la moda del ‘prank’

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Lo de molestar no es una cosa de hoy, hace tiempo que la gente se putea divinamente. Del ‘follarse a la rubia’ al aire por el recto, así es como se hacía antes

Mario G. Sinde

19 Marzo 2014 07:20

En la naturaleza humana está el deseo de humillar. El hombre no es un animal mucho más evolucionado que la cucaracha común en muchos sentidos, y de ahí que nos gusten las bromas pesadas, la escatología y las películas de los hermanos Farrelli. Siempre ha estado en nuestro ánimo jugársela al prójimo, causar el mal por el simple deleite de observar el daño -no sólo físico, sino moral-. Porque causar una lesión ya es duro, pero peor aún es dejar mella en el espíritu con vejaciones de todo tipo. Se comienza poniéndole la letra escarlata a las adúlteras y se acaba señalando a los judíos en el gueto con una estrella amarilla cuyas seis puntas indican la dirección hacia el campo de concentración más cercano. Entre medias, hay variantes más soft como las cámaras ocultas, las bromas privadas con alta carga de comportamiento orangután -poner una chincheta en la silla, empujar por las escaleras, conspirar para que tu pareja te pille en pleno adulterio, colgar un monigote en la espalda- y otro tipo de mofa, befa y escarnio.

Lo que queremos decir es que la vejación tiene una larga historia y que su variedad de formas son infinitas; como el mal, del que se deriva, tiene muchas caras. Y algunas muy pintorescas. Nos hemos tomado unos minutos para leer atentamente las aportaciones de los usuarios de ese pozo hediondo de curiosidades sin aplicación práctica que es el foro Reddit, y en concreto este hilo, para así comprender cómo en el pasado la gente se gastaba putaditas. ¿Corolario? La gente tenía muuucho tiempo libre.

1. El crecimiento inesperado y amorfo in the middle of night

En tiempos en los que no había luz eléctrica y prendas de ropa de tela basta o lana mal cardada, la broma consistía en tomar agua e hilo y coser en pequeños pliegos diversas partes de las mangas y las perneras de la ropa de alguien que estuviera durmiendo, preferiblemente un niño o un joven, de modo que la ropa se volvía automáticamente más pequeña. El cerebro nota estas cosas, de igual manera que cuando tu pareja te roba tu parte proporcional de la manta o la sábana, y en posición fetal intenta alargar los tejidos para adecuarlos a sus medidas. Cuando esto ocurre, sólo hay que mirar por el ojo de la cerradura y, en pleno trance REM, interrumpir el sueño de la persona puteada y hacerle creer que ha tenido un crecimiento isomórfico y súbito en plena durmienda. La verdad, una mierda de broma, pero antes se hacía.

2. Introducir aire por el culo

Normalmente, del recto salen cosas, no entran. Digo normalmente porque a veces sí entran objetos y miembros del cuerpo humano, pero lo raro es que entre aire -algo que sí sale con mucha frecuencia, ofreciendo a cambio una música deliciosa-. Esta práctica antigua es un poco complicada, porque requiere un culo en pompa mínimamente dilatado y desprevenido, pero en el pasado había gente que con una especie de fuelle inyectaba aire en el recto de la víctima. Se ve que al humillado le daba un cosquilleo muy intenso y ganas de matar a alguien a martillazos.

3. El burro pecador

Esto parece un cuento del Decamerón, pero al parecer era una broma real en tiempos más ingenuos. Consiste en robar un burro de un establo y llevárselo lejos, donde un compinche espera para recibir el animal. Entonces, el ladrón se vuelve a la cuadra, se ata con la cincha del burro y espera a la llegada del amo, que sorprendido al ver un hombre ahí, exclama algo tipo ‘cáspita’ o ‘rayos’. A continuación, el ladrón de asnos le explica que él era un hombre cobarde y pecador, y que por sus pecados fue convertido en burro, pero que gracias al buen trato dispensado con la alfalfa y el agua el pecado está expiado hasta la próxima, que gracias y adiós. Al día siguiente, en el mercado, se espera a que el hombre pase por ahí y vea de nuevo al burro, a la venta en un tenderete, para que enloquezca y crea que el pecador ha vuelto a hacer cosas feas y se ha convertido en burro. Si me preguntan, demasiado complejo y literario para tener una verdadera aplicación práctica.

4. Retirar las sábanas (desde otra habitación)

Parece más un truco de magia cutre: abrir un orificio en una pared que separe dos dormitorios, introducir un alambre y esperar a que la otra persona se disponga a dormir. Cuando empiece a roncar, con el alambre retirarle la sábana y esperar a que se dé cuenta de que algo va mal y sospeche que el movimiento de ropas se debe a sus ronquidos y/o estornudos. Desde el otro cubículo, partirse la caja. No tiene pinta de funcionar bien.

5. Bonus ibérico: follarse a la rubia

Esto SÍ que es una humillación de verdad. Se practicaba mucho en las residencias universitarias (en la época en la que se estilaban las novatadas) y sobre todo en el servicio militar. Consistía en llevar al novato al pasillo con mentiras del tipo “ven, que te vas a follar a una rubia”, y lo que se encontraba el pobre chaval era una moneda de una peseta (dorada, de las de entonces) que tenía que proceder a follarse hasta terminar y sin bajarse de la rubia. O sea, el tiempo que fuera preciso con la punta del pito contra el metal, frotando, rozando, empujando, hasta que culminara.

Variación: también en la mili, los veteranos se masturban en corrillo encima de una galleta, que después, riquísima con guarnición de esperma, debe comerse entera el objeto de la novatada.

Afortunadamente, la ingenuidad de la raza humana disminuye, al tiempo que su capacidad para optimizar su humor mejora. Hay esperanza.

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