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Historias

El homeless que trabaja para las mejores revistas de moda

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Una historia de precariedad y apariencias más allá de lo habitual

Luis M. Rodríguez

05 Agosto 2015 15:41

Eres joven, eres precario y mereces vivir como una rata. Esa frase podría ser la exhortación de miles de empresarios que ven medrar sus negocios a cuenta del trabajo gratuito o pobremente remunerado de becarios, trabajadores en prácticas, freelances desesperados...

La juventud es un problema de miseria, lo tenemos asumido, y por eso aceptamos las condiciones que aceptamos. Lo hacemos con la certeza de que esa es la única puerta de entrada a según qué industrias. Tragamos con la esperanza de que las cosas mejorarán con el paso del tiempo. Pero luego pasa el tiempo...

... y la estabilidad no siempre llega.

Mark Reay sabe bien que la precariedad no es sólo cosa de millennials y viejóvenes. A sus cincuentaytantos años, este neoyorquino de cabello cenizo puede exhibir un currículo y una agenda de contactos que sería la envidia de cualquier aspirante a meter la nariz en el mundo de la moda. Porque Reay es modelo, actor y fotógrafo de moda, un tipo conectado con diseñadores, empresarios y algunas de las revistas de tendencias más prestigiosas del mundo. Pero detrás de esa fachada dorada, Reay esconde un secreto.

Cuando las luces se apagan, es un sin techo.



Reay es un homeless atípico. Es un tipo articulado, apuesto y elegante al que puedes encontrarte en fiestas de modistos y entre las bambalinas de los grandes desfiles de la Semana de la Moda Nueva York. Con su atractivo maduro y su trabajo glamuroso, es el epítome del 'silver fox'.

Cualquiera que le viera enfundado en sus trajes de diseño y sus zapatos italianos paseando por Manhattan, pensaría que está ante un triunfador, pero la realidad es bien distinta: los últimos seis años los ha pasado sin casa, durmiendo a cielo descubierto, en un saco de dormir, en la azotea de un edificio de apartamentos del East Village.

Seis años sin techo. Y, salvo unos pocos amigos íntimos, nadie a su alrededor se dio cuenta de nada.


La doble vida de un hombre poco amigo de la rutina

La de Reay es una historia de sueños, despreocupación y exceso de confianza. Una historia que nos habla de apariencias y precariedad en un mundo, el de la moda, que siempre ha mantenido un abismo entre la imagen que proyecta y lo que ocurre en sus oficinas.

A principios de los 90, Reay desfiló para Versace, Moschino y Missoni en Milán y París. El trabajo no le faltaba, pero en aquellos tiempos el modelaje masculino no era una actividad tan lucrativa como podría parecer. "Sólo sacaba como unos 10.000 dólares al año, lo suficiente para mantenerme y mantener mi amor por viajar", cuenta Mark en NY Post.

La gentrificación del barrio de Chelsea durante aquellos años noventa jugó a su favor. El propietario del edificio en el que vivía le ofreció 30.000 dólares para que renunciara a su contrato de alquiler. Nuestro hombre cogió el dinero y se largó a Rio de Janeiro. Allí pasó una larga temporada disfrutando de la vida y aprendiendo los secretos de la fotografía.



De vuelta en Nueva York, empezó a recibir encargos como fotógrafo de revistas como Dazed & Confused y diseñadores como Diane von Furstenberg. Aquellos trabajos oscilaban entre lo no remunerado y los 1.500 dólares por sesión. Así fue tirando durante algunos años, pero sin ingresos regulares, Reay pronto se dio de bruces con la realidad: los encargos no le faltaban, pero el dinero que sacaba no le llegaba, ni de lejos, para pagar los alquileres disparatados que la gente estaba pagando en Manhattan.

"Fue entonces cuando recordé que tenía la llave del portal del edificio de apartamentos en el que vivía un amigo en Alphabet City, y sin que él lo supiera me colé en su azotea y pasé ahí la noche".



En un rincón de esa azotea, resguardado sólo por una lona, ha pasado buena parte de las noches de los últimos seis años. Durante ese tiempo, sus magros ingresos como profesional liberal precario los ha dedicado a pagar su seguro médico, su comida, su suscripción al gimnasio y el alquilar de unas taquillas que usa para almacenar sus cosas.

Reay usa las taquillas para guardar su ropa. Allí mismo, en los vestuarios del gimnasio se asea a diario y hasta plancha sus camisas y sus trajes.



Durante el día puede estar en un desfile de Alexander Wang disparando fotos para Dazed, o trabajando como actor secundario (ha aparecido en capítulos de Sexo en Nueva YorkThe Good Wife o en películas como Men In Black 3) o como modelo en campañas publicitarias, pero por la noche lo que le espera es la azotea.

Su fachada de puertas afuera es tan perfecta, que nadie en el mundo de la moda que frecuenta sospechó nunca de sus dificultades.

"Una de las cosas geniales de estar en Nueva York es que todo el mundo está demasiado ocupado como para notarte", cuenta en su artículo para NY Post. "Yo era un tipo blanco de mediana edad que no estaba borracho o llevaba ropas sucias, así que nadie sospechó nunca".



Hace cinco años, Reay retomó el contacto con Thomas Wirthensohn, un amigo austriaco al que había conocido en sus años como modelo. Wirthensohn, ahora dedicado al cine, estaba buscando temas para hacer un documental. Cuando Reay le habló de su doble vida, ambos decidieron colaborar para llevar su historia a la gran pantalla.

El resultado es Homme Less, un documental que plantea preguntas sobre la sociedad del trabajo 'on spec' y que nos recuerda, una vez más, que la línea que nos separa de los sin techo es más fina de lo que creemos.

"¿Cómo de lejos estamos de poder perderlo todo? ¿Con qué frecuencia nos vemos empujados a pretender que todo va bien para mantener la fachada de ser un miembro solvente de la sociedad? ¿Hasta qué punto estamos preparados para aceptar la presión financiera de llevar una vida más despreocupada, la vida que queremos llevar?", se pregunta el director.

Todos podríamos acabar en la calle.



Pocos ven lo que somos, pero todos ven lo que aparentamos



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