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Historias

El hombre que destrozó su vida por su adicción a comprarse BMWs

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La obsesión de Terrance por estos vehículos le llevó a perder a su mujer, su casa y trabajo

J.C.S.

08 Mayo 2017 06:00

Terrance es un hombre de apariencia tranquila. Es contable, tiene una cara aniñada y su vida gira en torno a la iglesia. No parece que haya roto un plato en su vida. Sin embargo, es un ex convicto que perdió su dinero, su familia y su libertad por culpa de una obsesión: los coches BMW.

Cuando David Obuchowski, redactor de Jalopnik que escribió el reportaje original, fue a visitar a su vecino Terrance en 2013, se encontró con un panorama desolador. Apestando a alcohol y con mirada de cordero degollado, el  contable le abrió la puerta y le dijo lo siguiente:

“Necesito hablar de algo contigo. Mi esposa me ha dejado. Mis hijos no me hablan. He perdido mi trabajo. He malversado casi medio millón de dólares porque soy adicto a los BMW, y lo he estado escondiendo por todo el estado. Probablemente iré a la cárcel pronto”.

Vía Jalopnik - David Obuchowski

Terrance no recuerda exactamente cuándo comenzó su obsesión por los BMW, pero sabe que fue durante los 90, cuando adquirió su primer coche de la marca alemana:

“Yo vivía una vida bastante responsable. Cuando mis hijos eran pequeños, iba a verlos en todas sus actividades. Fui líder scout durante un montón de años, enseñé en la escuela dominical e iba a la iglesia cada domingo. La gente me miraba y veía a una persona responsable y trabajadora”.

Así que, a sabiendas de que estaba comenzando a obsesionarse, llevó a cabo todo tipo de artimañas para ocultárselo a sus allegados. Comenzó comprando unos pocos coches de segunda mano, pero terminó teniendo 50 coches. Y su esposa solo sabía que tenía ocho de ellos. Comenzaba a sospechar que su marido tenía un problema con estos vehículos, pero a un nivel en el que todavía no era preocupante.

Para esconder el resto, utilizaba el almacén de un amigo, en el que tenía 30 coches aparcados. Los 12 sobrantes, los aparcaba en el parking de la empresa en la que trabajaba: QuickBooks.

Vía Doral Chamber of Commerce

Pese a que los primeros consiguió pagarlos, el problema llegó cuando se gastó muchísimo más dinero del que tenía para hacerse con los BMW. Según sus declaraciones, robó 320.000 dólares a su empresa mediante la emisión de 125 cheques de pago diferido. Es decir, cheques emitidos en una fecha para ser cobrados posteriormente.

Cuando Byron Chrisman, el jefe de Terrance, descubrió que había discrepancias enormes en las finanzas de QuickBooks, le despidió de inmediato. Sin embargo, mantuvo la mentira en su familia varios meses, momentos en los cuales contempló el suicidio para quitarse de en medio.

Pero su esposa, que ya sospechaba de Terrance, acabó descubriendo lo ocurrido. Al instante, le pidió el divorcio, puso su casa a la venta y le acusó en el juzgado penal de robo.

Vía Jalopnik

Entre la denuncia de su mujer y la de su jefe, la vida de Terrance parecía condenada al abismo. Aun así, la sentencia que le cayó no fue demasiado dura: 20 años de libertad condicional. Podía intentar recuperar su vida con esta condición, pero se sentía tan arrepentido de lo que hizo que rechazó esta idea.

“Quería una oportunidad de pagar mi deuda con la sociedad, y de alguna manera seguir adelante y tener esperanza”, comenta. Pero al juez no le gustó nada su negativa, así que decretó seis años de prisión y tres de libertad condicional.

Finalmente, solo tuvo que cumplir 72 meses de su condena total.

Ahora ha vuelto a su vida pacífica, asistiendo a la Iglesia para recibir asesoramiento y realizando seminarios cristianos en los que explica su experiencia. Eso sí, ahora prefiere caminar o coger el transporte público.

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