Historias

En tiempos de crisis, ser un superhéroe no tiene nada que ver con capas

'Hazañas de los malos tiempos' es el nuevo libro de la poeta Cristina Morano

Imagen de cabecera de Ben Zank

Cristina Morano me contesta al otro lado del teléfono con un tono divertido y alegre. Me cuenta cosas que, sin embargo, no son ni divertidas ni mucho menos alegres. Me dice que hoy ha comido un trozo de pan con lechuga y que cree que esta crisis le ha quitado lo que le quedaba de vida.

Cristina acaba de publicar su primer libro de narrativa, Hazañas de los malos tiempos (Newcastle Ediciones), aunque ella viene de la poesía y este es, en realidad, su séptimo libro. Un libro sobre la crisis escrito mientras ella misma la iba viviendo.

“De hecho, no estoy segura de haber salido de ahí. Si bajo a la calle y veo que me enfila un coche, tal vez no me apartaría”.

Hazañas de los malos tiempos es una crónica en primera persona sobre quedarse en paro y sin pareja. Aunque más que para dejar constancia del que está siendo el día a día de mucha gente en los años diez del siglo XXI, como un intento de explicarse muchas cosas que aún no tiene claras.

Cristina nació en Madrid en 1967 y, al contrario de lo que le ha pasado a todos esos jóvenes a los que les ha tocado estrenarse como adultos a partir de 2012, ella lo hizo durante los años de bonanza. Trabajó 19 años, acumuló 7.000 días trabajados (algo que dice que le suena nombre de canción o de película) y acabó teniendo que ducharse solo cuando iba a reunirse con gente.

Cuando vio que no solo las empresas españolas sino que los bares de su barrio también quebraban, le entró el pánico y, efectivamente, su vida tal y como la conocía se acabó derrumbando para siempre.

Cuando no sólo los negocios españoles, sino hasta los bares españoles empezaron a cerrar por quiebra, el pánico se instaló en mi cabeza

Javier Castro, editor de Newcastle Ediciones, destaca un pasaje en el que Cristina se pasa todo el día sentada en un tresillo sin levantarse. Sobre todo porque le parece que el libro cuenta lo que a mucha gente le da vergüenza contar y que ella, además, lo hace con un punto de humor muy necesario cuando se va a hablar de la cola del paro o de un cursillo del INEM.

Morano, sin embargo, se siente aún desorientada a la hora de hablar del libro y de las cosas que cuenta pues, en cierto modo, aún sigue inmersa en él. Aunque admite que si algo le ha dejado es que sigue sin saber qué va a pasar dentro de dos minutos, pero ya no le importa.

Extracto de 'Hazañas de los malos tiempos':

Segunda hazaña: cobrar el paro cuando Tropa, la agencia de diseño gráfico y museografía donde trabajaba, quebró y los creativos acabamos en las oficinas de empleo, rellenando papeles con nuestro nombre, con nuestra dirección, con datos y fechas que ninguno de nosotros sabíamos que poseíamos o que constaran en algún sitio. Por ejemplo, la vida laboral. Llevo 19 años trabajando, con algunos intervalos de paro. En total, según la Tesorería General de  la Seguridad Social, que es la encargada de estos cálculos, llevo 7.000 días trabajados. ¿no hay ninguna canción o película que se llame así? Debería haberla.

Ahí estabamos los ex diseñadores, en la primavera del 2012, perdidos en las oficinas del Inem, usando los dedos anteriormente deslizantes por los carísimos teclados de Macintosh, marca registrada de Apple, para rellenar formularios laborales; contestando con monosílabos a las mismas preguntas que albañiles, peones, secretarias o camareros respondían con tiradas completas de artículos y subartículos de la legislación laboral vigente.

Ahí estabamos los ex diseñadores, en la primavera del 2012, perdidos en las oficinas del Inem

Unos días después de empezar a cobrar el paro, me llamaron para reunirme con mi "tutora laboral". Me senté en una sala junto con otras mujeres de mi edad (45 años: las expulsadas del mercado laboral, demasiado viejas para el Sistema, demasiado jóvenes para obtener una jubilación). Me sorprendió ver entrar a una señora vestida con chaqueta rosa imitación chanel y maletín de ejecutivo. Clase alta, La crisis empezaba a llegar arriba.

Cuando llegó mi turno, la tutora miró mi expediente, leyó en voz alta diseño gráfico y edición, publicidad, poesía, manejo y creación de entornos multimedia y me dijo:

Mejora tu empleabilidad. Si no sabes usar Internet, te enseñaremos, es más fácil encontrar trabajo por las redes sociales virtuales. ¿Has entendido lo que te digo? Pareces un poquito... Triste.

Manzanas enteras se quedaron sin tiendas, sin agencias inmobiliarias, sin oficinas

7.000 días trabajados, cero euros obtenidos. La primera hazaña fue esa: trabajar durante 7.000 días. Algo que consistía en una resistencia, en un levantarse todos los días y obedecer.

Ternía ahorros, pero los gasté desde que la agencia dejó de pagarnos el salario. Iba por la calle y sucedían cosas como que se cerraban negocios, manzanas enteras se quedaron sin tiendas, sin agencias inmobiliarias, sin oficinas. En los bajos abandonados se acumulaba el polvo. El vacío. Eran los edificios agujeros. Cuando pasaron los meses, en esas casas vacías anidaron las palomas. Incluso creció hierba mala en las grietas. Las llagas de la ciudad son avanzadillas del bosque.

Lo vegetal infecta, entonces. Lo vegetal, inocula, enferma, progresa hacia virus.

Son escombros lo que ayer tesoros de la gente corriente

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