Historias

Se quedaron en la calle y solo encontraron consuelo en documentar su pobreza

Las mujeres de la familia Hudson nunca pensaron que fuera tan fácil quedarse sin techo... hasta que les pasó a ellas

Londres es una ciudad dura. Cambia mucho de cuando la visitas a cuando vives en ella. De un parque de atracciones puede pasar a convertirse en la casa de los horrores en un abrir y cerrar de ojos. Especialmente si no dispones de todo el dinero que la ciudad necesita para nutrirse de ti.

Porque Londres es una gran bestia que respira y se mueve rápido. Una bestia por la que tienes que dejarte tragar y después luchar constantemente para que no te escupa.

En Londres, el 20% de la población cuenta con el 60% de la riqueza

Londres es la ciudad en la que el 20 por ciento de la población cuenta con el 60 por ciento de la riqueza. La ciudad en la que la pobreza infantil se ha convertido en un problema nacional. Y es también la ciudad en la que viven los Hudson, una familia compuesta por tres mujeres: una madre y sus dos hijas adolescentes, que el 12 de julio de 2013 se vieron inesperadamente regurgitadas por la gran bestia.

Sin previo aviso, el propietario del que había sido su hogar de alquiler durante los últimos 13 años, y que resultaba ser una empresa multinacional dedicada al sector de los supermercados, vendía su casa. Ellas, incapaces de pagar los alquileres que el mercado estaba demandando entonces, no tuvieron más remedio que ir al ayuntamiento y declararse, oficialmente, personas sin hogar.

El que hasta entonces habían considerado su hogar no era un lugar perfecto pero era su refugio. El lugar en el que una madre había sacado adelante a sus hijas con el sudor de su frente. El lugar en el que habían comido huevos y patatas las semanas en las que andaban justos de dinero, pero siempre sin pasar hambre.

Había sido, en definitiva, el lugar en el que habían logrado construir una infancia feliz

Había sido y ahora solo era

Unos días antes de graduarse, Daisy-May Hudson, la hija mayor de la familia, recibió la llamada de su madre. Daisy se encontraba a punto de graduarse en Filología inglesa por la Universidad de Manchester cuando su madre le comunicó la noticia que cambiaría sus vidas para siempre.

Pocos días después, Daisy dejó Manchester para estar al lado de la familia, pero su madre ya no era la misma. Aquella mujer fuerte y luchadora se mostraba ahora completamente derrotada por la vida. Los sentimientos de culpa la estaban consumiendo y no dejaba de repetir que le había fallado a sus hijas.

Con el documental que retrata su descenso a la pobreza, la familia Hudson pretendía convertir su drama en otra cosa

Lo único que se le ocurrió entonces a Daisy para intentar paliar tanto dolor fue dejar constancia. Documentarlo todo con su cámara e intentar convertir la tragedia en otra cosa. En algo que sirviera para algo más que para destruirlas.

Era una forma de ponerle nombre y apellidos a una más de las miles de historias personales que acaban reducidas a poco más que un antiséptico porcentaje en las noticias.

Así empezó a gestarse Half Way , el documental que nació de su vagar de un lugar a otro a la espera de poder tener nuevamente un hogar.

Vídeo

El primer lugar al que fueron tras declararse sin techo fue a un gran edificio institucional con largos pasillos de hospital en el que compartían la cocina y el baño con otra familia.

Allí se dieron cuenta de los prejuicios sociales que, de manera inconsciente, pesan en nuestras cabezas. La familia Hudson se preparó para lo peor, se imaginó compartiendo estancias con gentes marginadas de la peor calaña. Sin embargo, les sorprendió encontrar a una enfermera y a su hijo. Una familia muy agradable que se encontraba atravesando exactamente por la misma situación que ellas.

La gente en el centro de acogida eran personas como ellas

De hecho, madre e hijas no tardaron en observar que todos se parecían más de lo que nunca hubieran podido imaginar. Escuchaban las mismas historias una y otra vez:

Nuestro casero vendió el piso y nos avisó solo con dos semanas de antelación”.

“Perdí mi trabajo y no podía pagar la hipoteca”.

“Me puse enferma y no pude seguir pagando el alquiler”.

Pasaron allí un par de meses hasta que las cambiaron a un hostal. La cosa no mejoraba mucho pero, al menos, tenían su propia cocina y cuarto de baño.

Al principio, la familia Hudson no quería desempaquetar sus pertenencias para recordarse que aquello era temporal. No obstante, según pasaban los meses, no les quedó más remedio que aceptar que su situación iba para largo.

A medida que Daisy grababa sus días se dio cuenta de que aquello era lo que quería hacer con su vida. No es que quisiera ser la chica sin casa: quería dedicar su vida al arte documental. Visibilizar todas aquellas cosas que han de dejar de permanecer ocultas para que, algún día, se resuelvan.

Half Way no podía acabar hasta que encontraran un nuevo hogar

Poco a poco, y a medida que las iban reubicando de un lugar a otro, la barrera entre la realidad y el documental empezó a diluirse. Llegó un momento en el que ya no tenían claro si era la vida la que marcaba el ritmo de la película o si era la película la que marcaba su vida. Aunque siempre tuvieron claro que aquel mecanismo había funcionado como clavo ardiendo al que agarrarse para mantenerse a flote.

Al final, Half Way tuvo su final. La familia Hudson encontró un nuevo hogar y el documental se pudo terminar gracias al crowdfunding.

Ahora su historia solo busca miradas. Ojos para asomarse a esta ventana sincera a una realidad de lo que nadie está a salvo. Nadie.

Vídeo

Todo lo que crees que nunca te pasará está a una llamada de distancia

Tags: ,

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar