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Historias

17 cosas que solo tienen sentido cuando estás borracho

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5. Tener charlas motivacionales con uno mismo frente al espejo

Luis M. Rodríguez

29 Abril 2015 06:36

1.

Tuitear de manera descontrolada.

El paso de la elocuencia al absurdo, y del absurdo al más espantoso ridículo, es directamente proporcional al número de chupitos que tragas. Reconócelo: aquel chiste grueso sobre violar a la hermana monja de tu jefa no fue una buena idea. 

2.

Insistir en bailar por encima de nuestras posibilidades.

Puede que te creas el rey del mambo, pero a ojos de los demás eres más como el hermano espástico de un mal imitador de Travolta en sus horas más bajas. Confórmate con un vaivén corto de caderas, un pequeño meneo de hombros, y olvídate de intentar encajar en esas coreografías bobas que inventan tus amigos, porque en tu caso... menos es más. Pide a alguien que te grabe con el móvil y lo entenderás.

3.

Sentir una inusitada libertad financiera que nos lleva a invitar a diestro y siniestro.

Te sientes bien y quieres que los demás te sigan en tu escalada alcohólica. ¿Que alguien anda corto de pasta? No importa: casualmente aún llevas en el bolsillo el dinero que sacaste ayer para pagar tu parte del alquiler. El casero puede esperar. La noche nunca espera.  

4.

No saber decir que no a nada.

Después de cinco copas, tu voluntad se afloja como una goma gastada. Sabes que vas probar cualquier cosa que te ofrezcan. ¿Opio y pacharanes? ¿Xanax con cava? ¿Red Bull y rohipnoles? ¿Daiquiri de fresa espolvoreado de molly? You name it.  

5.

Tener charlas motivacionales con uno mismo frente al espejo

Entre orín y orín, el baño del bar de turno a menudo se convierte en un espacio improvisado para el 'auto-coaching'. Sólo cuida que el "Hoy no hay quien te pare" no se acabe convirtiendo en un malencarado "Are you talking to me?". 

6.

Inventar cosas falsas sobre nosotros para sentirnos relevantes.

La vez que acabaste de fiesta bailando encocado sobre el sofá de aquel cantautor famoso, la actriz extranjera con la que te has encamado gracias a Tinder... Cualquier cosa antes de reconocer que has tenido otra semana de mierda. 

7.

Tener discusiones intensas sobre las cosas más triviales.

Y que la discusión acabe escalando hasta romper una amistad que duraba más de una década.

8.

Revelar nuestros secretos más íntimos a cualquier extraño.

Nadie necesita conocer tus peores miserias, ni aquella vez que tu novia te engañó con tu padre, ni cuando cogiste la sífilis después de intentar follarte a tu gato.

9.

Besar a personas a las que nunca besaríamos sobrio.

Igual si hubiera más luz en este antro asqueroso...

10.

Mandarle mensajes de texto llorones a la ex novia.

Eres el colmo del patetismo y lo sabes, pero aún la echas de menos.

11.

Decir cosas que preferiríamos no haber dicho nunca.

Los labios del borracho expresan los pensamientos del sobrio. Nada como una noche alcohólica mal llevada entre amigos para acabar nadando entre reproches históricos y críticas implacables sobre cosas que ni siquiera sabíamos que nos importaban. Si no hubieras tomado aquella quinta margarita, igual ahora no le deberías una disculpa a nadie.

12.

Quedarse a una "última ronda" demasiadas veces.

Tienes que levantarte temprano. Has quedado con tu novia para ir a visitar a sus padres. Sabes que tienes que estar fresco. Y, sin embargo, ahí sigues: cinco de la mañana y sin decir no a una última copa. En realidad ni hablas: te cuesta demasiado articular palabra. Da igual, piensas. "Los últimos serán los primeros". 

13.

Comprometernos a hacer cosas estúpidas.

"¿Y si quemamos nuestros DNIs y nos vamos a recorrer el mundo en delfín?". "Sí tío, hay que hacerlo".

14.

Acabar en la cama de alguien a quien despreciamos.

Tu nivel de exigencia sexual es inversamente proporcional a tu ceguera alcohólica. En mitad de un after oscuro, hasta aquella ex compañera de clase a la que tanto menospreciabas puede ser una buena opción de cama. Dicen que en la noche todos los gatos son pardos. Ya habrá tiempo de arrepentirse por la mañana.

15.

Acabar durmiendo en plena calle.

Después de un zigzageo beodo de veinte minutos por las calles del centro, cualquier rincón mínimamente recogido empieza a parecerte el lugar más cómodo del mundo. Buscas un escalón alto donde sentarte, dejas caer el cuerpo hacia delante, y a dormir. Lo único que pides es que ningún perro confunda tus piernas con un árbol.

16.

Llenarnos el estómago de guarradas.

El concepto 'comida basura' adquiere una dimensión especial cuando llegas a casa después de una noche de borrachera. ¿Galletas con Nesquik? ¿Sandwich de nutella con ketchup? Todo lo que puedas imaginar es poco.

17.

Probar cosas asquerosas para combatir la resaca.

¿El ibuprofeno ya no funciona? Búsqueda rápida en Google y a probar remedios... peculiares. ¿Sopa de tripas? ¿Un limón en la axila? ¿Zumo de tomate y ojos? Acabar con ese dolor de cabeza se merece cualquier riesgo.

Beberse la vida no era esto

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