Historias

Estas habitaciones encierran todas las contradicciones de hacerse mayor

Fotografías de otro tiempo para jugar a encontrar las discordancias entre la aspiración adulta y los residuos de una infancia agotada

Dicen que la mirada es el espejo del alma. En realidad, nuestras habitaciones son el espejo más poderoso de quiénes somos y cómo sentimos. Esa concha de ladrillos, cemento y pósters que nos protege del mundo exterior y en la que podemos dar rienda suelta a nuestras ideas y deseos más ocultos.

Sobre todo en la adolescencia, nuestras habitaciones florecen en una mezcla de un pasado que se va quedando atrás y un futuro que se abre camino. Un lugar en el que cada recoveco cuenta nuestra historia y refleja nuestra identidad mejor de lo que podrían hacerlo las palabras.

Las décadas pueden cambiar, el estilo y la forma de ser niños también, pero la habitación de un adolescente siempre será su búnker.

Por eso, en los años noventa, la fotógrafa estadounidense Adrienne Salinger se dedicó a retratar los cuartos de chicos y chicas que conocía en centros comerciales, restaurantes o a través de amigos.

Se sentía fascinada por la riqueza de la información visual que muestra las contradicciones de hacerse mayor.

Los adolescentes que retrataba estaban al borde de un cambio inminente. Se encontraban en los últimos momentos de convivencia con sus padres, en una habitación que aún contenía las posesiones de toda su vida.  

El contraste entre objetos pertenecientes a edades tan diferentes como peluches y maquillaje, impacta y encoge el corazón.

Mirar 20 años después estas fotos añade, además, una capa extra de nostalgia que hace imposible no compararlas con las de los adolescentes de hoy. O incluso pensar que se trata de la habitación de unos hipsters actuales amigos de lo retro.

Y vosotros, ¿todavía recordáis cómo era la habitación en la que soñasteis con ser adultos?

Tags:

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar