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Historias

El verdadero sitio donde los jóvenes ejecutivos logran sus ascensos

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Ya no se pasan cocaína, pero otras cosas siguen como siempre

Rafa Martí

05 Noviembre 2015 13:44

*Para proteger la identidad de los testimonios que aparecen en la historia, sus nombres reales han sido sustituidos por otros

Esta historia no es una historia más sobre nuevos emprendedores, tampoco va sobre los ejecutivos que aún sobreviven a la cultura yuppie de los años ochenta; esta historia va sobre cómo son los nuevos cachorros de las multinacionales de servicios más grandes del mundo, o sea, las nuevas hornadas de  ejecutivos; esta historia también trata de cómo se ganan sus ascensos y de las cosas que han cambiado de ese personaje que es el ejecutivo agresivo e implacable.

1. Como un batallón de marines que tiene que tomar Iwo Jima

La escena de El Lobo de Wall Street en la que los empleados de Jordan Belfort comienzan a golpearse el pecho y a cantar su grito de guerra bien podría ser una escena propia de El señor de las moscas: salvajes con corbata en una espaciosa e iluminada oficina. Pero salvajes al fin, pertenecientes a una tribu que adora a su tótem.

Belfort, la compañía y el dinero eran las piedras angulares de sus vidas.

Al igual que en las demás organizaciones, la cultura corporativa empresarial se ha consolidado hasta el punto de que las grandes compañías ya son el centro de las vidas de los empleados.


Los empleados se sienten como batallón de marines que tiene que tomar el monte Suribachi de Iwo Jima al precio que sea


Una de las principales herramientas que tienen para conseguirlo son los corporate retreats, o retiros corporativos: jornadas de asueto en parajes idílicos, con todas las comodidades y rodeados del resto de miembros de la tribu. Su lema podría resumirse en algo así como "Agasaja al trabajador y se sentirá en deuda contigo".

Estos retiros tienen el objetivo de que los empleados se formen en dinámicas de grupo, aprendan a trabajar en equipo, sepan liderar en los momentos difíciles, se empapen del espíritu y valores de la compañía y vuelvan con ganas de darlo todo por la organización.

O dicho de una manera más clara: los retiros pretenden que los empleados se sientan parte de un batallón de marines que tiene que tomar el monte Suribachi de Iwo Jima al precio que sea. Y para llegar a dar la vida por tu bandera, por tu capitán y por tus camaradas, hay que intimar hasta lo más profundo.

2. Socios babosos y becarias acosadas



Alex tiene 28 años. Trabaja en un importante departamento de una de las empresas consultoras-auditoras más potentes del mundo y con gran presencia en España. Una de las “Big Four”. No quiere que se mencione el nombre de la empresa porque podría tener represalias.

Hace apenas unas semanas asistió a un retiro corporativo que celebraba su departamento en una finca con bungalows en El Escorial, Madrid. El curso de Alex era para celebrar los buenos resultados del departamento. Al retiro asistían desde los becarios a los socios. Eran alrededor de 100.


Primero hacíamos actividades de niños pequeños como el juego del pañuelo; luego teníamos mucha farra, y ahí era cuando se negociaban los ascensos



El retiro, de dos días, se celebraba en días laborables y era una actividad obligatoria a la que tenía que asistir todo el mundo, a no ser que lo impidiera una razón de fuerza mayor. Es decir, era tan importante como presentar una cuenta de resultados con balance positivo.

Cada uno de los empleados tenía su bungalow individual con salón y dormitorio. Estaba todo pagado.

No había clases, sino más bien sesiones de coaching, liderazgo, etc.. Luego hacíamos actividades de niños pequeños para mejorar el trabajo en equipo, como el juego del pañuelo, etcétera... Y luego teníamos mucha farra”, explica Alex.


La cocaína ya no le interesa a los nuevos ejecutivos, pero muchos comportamientos de su cultura tribal persisten



Reconoce que, en el transcurso de estos retiros, y con mucho alcohol de por medio, es cuando uno podía acercarse al socio y lograr subidas de sueldos, comentar proyectos ambiciosos o ascensos.

Y los socios también eran conscientes de su posición. “Algunos socios, casados y con hijos, se pasaban de copas y eran babosos con las becarias. Había una bastante guapa que estaba horrorizada, pero se lo tomaba con humor…”, añade Alex.

Cuenta Alex que, socialmente, el socio era considerado un "cachondo". Un líder que bajaba al barro como el resto de los mortales y en el que ellos se podían ver reflejados. Uno más de ellos.

Pero esto es lo máximo que podía pasar. "La imagen del yuppie de los años 80 pasado de coca, tirando a enanos contra las paredes y rodeado de prostitutas es una imagen completamente distorsionada", dice Alex.

Si bien en las grandes compañías la cultura tribal persiste —y esto incluye abusos de poder respecto a las becarias—, dicen quienes la viven desde dentro que cierta agresividad se ha suavizado. Meterse rayas ya no es cool; marca una línea roja.

3. Ritos de iniciación en la tribu



Jorge, un exempleado de Deloitte, participó en el curso de formación de la empresa de auditoría en España. Estuvo con el resto de los cachorros recién ingresados a la compañía. Eran alrededor de 300 chicos y chicas —la mayoría recién salidos de Derecho y ADE—, e iban a pasar dos semanas en el hotel Puerta de Segovia de la ciudad castellana.

Sus jornadas se dividían en clases de formación de 9 de la mañana a 5 de la tarde. Por las tardes hacían deporte con sus compañeros, por las noches se iban de fiesta.

Los excesos de alcohol y el sexo entre los jóvenes participantes también estaban a la orden del día. Aunque las habitaciones eran dobles y dormían chicos y chicas separados, los tríos y otras escenas sexuales eran algo habitual.


La idea es trabajar con tus compañeros y tener relaciones sexuales con tus compañeras. Todo queda en la oficina



Podría interpretarse todo como una continuación de las clases: por la mañana la teoría sobre construir equipos, por la noche ponerla en práctica, creando los lazos más íntimos.

Según el testimonio de Jorge, los profesores del curso, ejecutivos con algunos años de experiencia dentro de la empresa, eran uno más con los recién llegados.

4. Una gran familia


Además de emborracharse juntos y tener sexo, otro de los puntos clave para consolidar la tribu es rodearse de los hombres de confianza. En Deloitte y otras compañías del ramo, como se ha filtrado recientemente,  el nepotismo es una práctica cotidiana

Recientemente, El Confidencial señalaba en un reportaje que en la lista de las nuevas incorporaciones de Deloitte hay una pestaña en la que están numerados los “referidos”. O lo que es lo mismo, los enchufados que cuentan con el beneplácito de alguno de los socios.

Estos enchufados son chavales con pedigrí , o con apellido. Gente de buenas familias y buenas universidades. Un estilo que la empresa sabe que no les defraudará, siempre que cumplan con los objetivos.

Javier, que trabaja en una de las empresas de cazatalentos más importantes en España, dice:


Si vienes de un buen colegio y eres un tío enrollao, das confianza a los jefes. Así no se la juega con un tío que no está cómodo en según qué ambientes



"Si vienes de un buen colegio y eres un tío enrollao eso da confianza a los jefes. Ya tiene unas referencias y no se la juega con un tío que no se sabe de dónde viene o que se sienta incómodo en un determinado ambiente social [¿Si no de qué tanta afinidad en los retiros?]. Pero, si quieres subir, de todas formas, el enchufe no te va a servir. Para estar arriba hay que currar mucho".

"Aunque tenga que ir a casa, si hay copas siempre me quedo. Y luego estoy como un clavo a las 9. Tienen que saber que te puedes ir de copas con ellos, que eres un tío divertido y que luego trabajas como un animal", explica Javier. Y no lo dice con resignación, lo dice como quien considera a la empresa su batallón de marines.


5. Epílogo: pestañas quemadas delante de un Excel

Cuando en mitad del invierno, un empleado cualquiera esté aguantándose los ojos frente a un Excel ilegible a las 3 de la madrugada, lo más normal es que quisiera abandonar. Pero, posiblemente no lo haga. Llevará algún corporate retreat a sus espaldas.

Su compañero de mesa estará ahí también con la corbata desabrochada y las mangas de la camisa remangadas.

Los dos están perdiendo sueño para que su compañía gane miles de millones de euros. Su motivación principal es un buen sueldo, pero también el sentirse parte de un batallón.

Porque ese trabajo es su vida. Al día siguiente a las 9 de la mañana el jefe iniciará el grito de guerra. Y todos se golpearán el pecho queriendo más.

Empleados fieles por follar, beber y currar


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