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Historias

Lo que las gallinas felices pueden suponer para el futuro de la alimentación

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Volver atrás para un mañana mejor

Franc Sayol

02 Febrero 2016 06:00

Cada vez hay más personas que necesitan saber si una gallina es feliz antes de comerse sus huevos.

Sea por causas éticas, por postureo o por las implicaciones que ello tiene en nuestra salud, la concienciación sobre el bienestar animal ha crecido exponencialmente en los últimos años.

Internet ha viralizado las consecuencias de la explotación industrial de los animales, y nosotros hemos creído encontrar la solución en los productos animales no industriales, expiando nuestro sentimiento de culpa a través de etiquetas como “orgánico” o ecológico”.

Pero nuestra redención no será tan sencilla.

Tal y como recoge este reciente artículo de Wired, el caso de las granjas de huevos es un excelente ejemplo de ello.



I. El precio de los huevos baratos

Comer huevos de gallinas enjauladas se ha vuelto prácticamente un sacrilegio.

La sensibilización global con las condiciones de vida a las que se somete a las gallinas ha multiplicado la demanda de los huevos de gallinas criadas sin jaulas. Incluso, la mayoría de cadenas de comida rápida han empezado ha utilizarlos.

Esto último puede servir para trazar un paralelismo con la encrucijada en la que se encuentran muchos granjeros. De pronto, los consumidores quieren que se regrese a un método de producción pre-industrial pero con los costes, la seguridad y la eficiencia que se ha conseguido gracias a la industrialización.

Queremos huevos producidos como hace 50 años, pero que sigan siendo tan accesibles y baratos como los actuales

A principios del siglo pasado, todas las granjas criaban sus gallinas en libertad. Los granjeros tenían que recoger los huevos que ponían uno a uno, y limpiarlos manualmente. Ello limitaba el número de gallinas que podía poseer un granjero a unas 500, como máximo.

Existían otros problemas. A veces, eran atacadas por depredadores. A veces, se atacaban entre ellas. A veces enfermaban, y a menudo se contagiaban entre ellas. Muchas morían.

Lógicamente, los granjeros intentaron aplacar estos riesgos. Mejoraron la alimentación de los gallinas, construyeron recintos para ellas e inventaron toda clase de medicinas específicas. Incluso aprendieron cuál era el mejor grado de iluminación para favorecer la puesta de huevos.

Pero si hubo una innovación que cambió para siempre la industria de los huevos, esa fue la de meter a las gallinas en jaulas. Por un lado, los granjeros podían mantener hasta dos tercios más de gallinas en un mismo gallinero. Por el otro, ya no podían pelearse y estaban protegidas de otros animales. Otra ventaja es que, al caminar por plataformas elevadas, no se revolcaban en sus propias deposiciones, reduciendo la posibilidad de contraer enfermedades. El número de muertes, claro, cayó drásticamente.

Para bien y para mal, las jaulas cambiaron para siempre la industria de los huevos

Si actualmente los huevos son tan accesibles y baratos es, en gran parte, debido a los sistemas de jaulas. Pero la sociedad parece, al fin, haber comprendido que poder comerlos sin esperar a ser padres no justifica meter a un animal en una minúscula jaula durante toda su vida.

Basta con una búsqueda rápida por Internet para toparse con las 21 cosas que la industria huevera no quiere que veas. A veces, el escalofrío te llega directamente por WhatsApp.

Internet ha multiplicado nuestra exposición al sufrimiento animal, empujándonos a hacernos cada vez más preguntas sobre aquello que comemos.



II. Quererlo todo... y más

El pasado mes de septiembre, McDonalds anunció que, en menos de 10 años, quiere que todos los huevos que utilice sean producidos por gallinas criadas sin jaulas.

Que una compañía como McDonalds anuncie su intención de pasar a utilizar exclusivamente huevos de gallinas no enjauladas da a entender hasta qué punto ha llegado nuestra sensibilización. McDonalds compra, aproximadamente, 1.500 millones de huevos cada año solo en Estados Unidos, lo que da una idea de las implicaciones que su decisión tiene para la industria.

Los esquemas se han trastocado y han dejado sin aparente elección a los granjeros industriales: o adaptarse a la nueva realidad o perder a sus principales clientes.

Pasar a un sistema de producción de huevos sin jaulas es mucho más complicado que, simplemente, dejar libres a unas gallinas

En el caso de McDonalds, la compañía ha dado hasta 2025 a sus proveedores para que dejen atrás las jaulas. Una década puede parecer mucho tiempo para, simplemente, sacar a unas gallinas de sus jaulas, pero el proceso es mucho más complicado de lo que parece.

Tal y como explica Jennifer Chausee en su artículo de Wired, las aves que viven en jaulas no pueden ser transferidas a un entorno sin jaulas a mitad de sus vidas, ya que ello las haría demasiado vulnerables a los ataques frente a otras gallinas. Es necesario, pues, empezar con una nueva generación de gallinas.

Al ser capaces de moverse más, las gallinas tienen un mayor gasto calórico, por lo que también crecen los gastos de su nutrición. Para compensarlo los granjeros deberán buscar la mayor eficiencia dentro de las nuevas reglas, viéndose obligados a rediseñar sus graneros para asegurarse de que se aproveche hasta el último centímetro.

Aún así, es virtualmente imposible que un granero sin jaulas pueda acoger el mismo número de animales que uno con jaulas, por lo que muchos se verán obligados a construir nuevas instalaciones si quieren seguir teniendo el mismo número de animales. De la misma manera, aquellos que hayan invertido recientemente en grandes instalaciones de jaulas pueden verse obligados a desprenderse de ellas sin poder recuperar su inversión.

Es decir; ya sea por una razón o otra, el trasvase hacia la dignidad de las gallinas representará un considerable desafío económico para la industria.

La pregunta es, ¿quién lo pagará?

Nadie parece tener un respuesta concreta. Pero, lo que sí parece inevitable es que el consumidor será quién tendrá que asumir gran parte de este coste añadido.

¿Aumentarán de forma drástica los precios de los huevos en los próximos años?

O, por el contrario, ¿el hecho de que cada vez más granjas adopten sistemas sin jaulas devaluará lo que, hasta ahora, pagábamos como “premium”?

El escenario que se nos viene encima esconde un rasgo típico de nuestra generación: quererlo todo. Queremos comer huevos producidos de forma ética, pero los queremos a un precio justo con nuestras carteras. Queremos poder comer huevos cada día, pero que ninguna gallina muera exhausta por ello.

Queremos comer huevos producidos de forma ética, pero los queremos a un precio justo con nuestras carteras.

Pero, ¿es esto posible?

El reto para la industria huevera es mayúsculo. Ni más ni menos que seguir produciendo con la misma eficiencia que le han procurado los avances tecnológicos de los últimos 50 años prescindiendo del más importante de todos ellos. Pero, de superarlo con éxito, podría suponer un nuevo paradigma en la industria alimentaria animal. Lo que está en juego va mucho más allá de la felicidad de las gallinas. De lo que se trata es de demostrar que la crueldad no tiene por qué ser un peaje necesario para sostener la industria de la alimentación masiva.

[Vía Wired]





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