Historias

Las fotografías que muestran cómo las drogas mataron el sueño hippie

Eran los jóvenes de las protestas, los besos, bailes, peleas y, sobre todo, de los montones y montones de drogas

El fotógrafo Joe Samberg llegó a Berkeley en 1969. Era un mundo aparte de lo que había visto hasta entonces en EE.UU. Había un hippie en cada esquina. "¿Hemos seguido la carretera o hemos caído en el paraíso?", le preguntó a su hermano a su llegada.

Por aquel entonces, la comunidad hippie que dos años atrás poblaba el barrio Haight-Ashbury de San Francisco ya se había trasladado a Telegraph Avenue, en Berkeley.

El estilo flower-child estaba en su punto álgido. "La gente había desarrollado mucho su estilo personal", dice Samberg a The Atlantic. "Ya no trataban de averiguar lo que significaba ser un hippie. Encontré que eso era muy estimulante. Era un gran tema para un fotógrado, a pesar de que, según todos los estándares de la clase media, esa gente vivía vidas absolutamente miserables".

Samberg, claro, decidió captarlo todo con su cámara.

A diferencia de otras ciudades en las que había vivido previamente, como Nueva York o Boston, en Berkeley nadie le juzgaba o acosaba por su larga melena. Allí era lo habitual. Por aquel entonces, compartía un piso con sus hermanos que pagaba con los 200 dólares que su madre le enviaba cada mes. Para poder salir adelante, apenas comía.

Las drogas, son unas de las grandes protagonistas de ese tiempo, como puede verse a la derecha de la imagen: dos jóvenes pasando el colocón en la calle. Otros también vivían en comunas hippies, como aparece a la izquierda, en la conocida como Telegraph Hilton.

Con el tiempo, Samberg terminó viviendo en una acera. "Casi nunca comía. Cada vez que tenía dinero mis prioridades eran las drogas, el cine y la comida". Y esta también era la realidad de muchos de aquellos niños. 

En esta instantánea los jóvenes beben Southern Comfort, botellas que según recordó Samberg desaparecían en dos minutos. "Estos jóvenes simplemente consumían todo lo que aparecía en su camino".

En Telegraph Avenue había dos clases de usuarios de drogas. Por un lado, estaban los que se pinchaban heroína sin disimulo. Por el otro, estaban los que tomaban drogas psicodélicas pero consideraban que los opiáceos eran una manera de evitar que los pobres salieran del ghetto. En un principio, algunos de los chavales intentaron ahuyentar a los vendedores y consumidores de heroína. Con el tiempo, sin embargo, casi todos acabaron consumiéndola

Era un tiempo en el que aún había esperanza para crear una nueva sociedad y encontrar una forma de vida alternativa, una vida mejor. Sin embargo, todo acabó siendo decadente.

Las cosas habían cambiado mucho desde 1964, cuando los jóvenes se reunían en los campus universitarios para defender los derechos civiles y protestar en contra la Guerra Vietnam y del apartheid.

En el tiempo de Samberg las protestas seguían pero, de alguna forma, aquellos chicos eran distintos. "No había ningún fundamento intelectual. Todos ellos eran unos hedonistas y nilhistas que solo pensaban en vivir el momento".

Samberg llegó a ver la drogas como una vía “para expandir la mente”, pero nunca tuvo el dinero suficiente para ser un adicto y tampoco estuvo dispuesto a vender su cámara. Pero con el tiempo, se dio cuenta de que el crecimiento no era posible si siempre estaban drogándose.

Mark Harris, el autor del artículo 'The Flowering of the Hippies', publicado tras el verano del amor, llegó a la misma conclusión. Las drogas atrofiaron desarrollo emocional de los 'hippies, les hizo estas al servicio de “sus ilusiones, su sinrazón, sus teorías oscuras, su falta de experiencia de la vida y sus fallos de percepción”.

Con el tiempo Samberg se casó y formó una familia pero nunca se alejó mucho de Berkeley. Y a pesar de aquel declive, el fotógrafo considera que el movimiento fue más que un colocón. Tuvo una repercusión.

Tiempo más tarde, vio que muchos de los que le habían criticado por tener el pelo largo ahora lo llevaban así. Después, a mediados de los 70, Samberg vio a Lynyrd Skynyrd cantando 'Sweet Home Alabama' en el Coliseo de Oakland, con una bandera confederada gigante de fondo, y le resultó que se parecían mucho a los hippies de Telegraph Avenue.

"Así que sí. Creo que hubo una revolución".

[Vía The Atlantic]

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