Historias

Nuestra falta de sueño podría ser un mito

¿Y si no fuera verdad que dormimos demasiado poco?

Cada vez dormimos menos y peor, y ello está afectando nuestra salud. Esta es, al menos, la teoría imperante en la actualidad. Ya sea a través de estudios o de opiniones de la comunidad médica, constantemente se nos dice que dormimos menos que las generaciones anteriores, y que por ello somos menos productivos, estamos más gordos, tenemos más enfermedades, somos más infelices y morimos antes.

Inquietante, por supuesto. Pero, probablemente, falso.

La realidad es que hasta hace pocas décadas los datos sobre el sueño eran prácticamente inexistentes. A las generaciones anteriores, el sueño –o la falta de él–, les preocupaba más bien poco, por lo que resulta complicado saber cuánto y cómo dormían nuestros antecesores. Y cuando investigadores se han molestado en comparar los pocos datos que se tienen sobre el tema, la conclusión a la que han llegado es que asegurar que dormimos menos que antes es, como mínimo, aventurado.

Cuestión de objetividad

Los efectos de la falta de sueño en la salud empezaron a estudiarse en la década de los ochenta. Desde entonces, se han realizado multitud de estudios. El problema es que muchos de ellos han arrojado resultados contradictorios.

Entre 2005 y 2007, por ejemplo, el Centers for Disease Control de los Estados Unidos llevó a cabo una investigación que concluyó que más de 30 por ciento de adultos americanos dormía menos de seis horas al día. Paralelamente, una encuesta de la National Sleep Foundation en 2009 indicaba que el porcentaje de personas que dormía menos de seis horas había aumentado en un 8 por ciento desde 1998.

En 2010, sin embargo, una investigación publicada en la revista académica Sleep arrojó datos muy distintos. El estudio había utilizado encuestas realizadas entre 1975 y 2006 e indicaba que, en realidad, la proporción de personas con deficiencias de sueño (que dormían menos de seis horas diarias) prácticamente no había cambiado en los últimos 30 años. Y que, de hecho, en 2006 dicha proporción solo era del 9,3 por ciento.

Cada dormimos menos y peor, y ello está afectando nuestra salud. Esta es, al menos, la teoría imperante en la actualidad

Probablemente, la disparidad de resultados deba achacarse al componente subjetivo de las preguntas que suelen hacerse en este tipo de estudios. Cuando preguntas a alguien directamente por las horas que duerme, es fácil que su respuesta sea sesgada, ya sea de forma consciente o inconsciente. Dormir poco, por ejemplo, se asocia a las personas altamente productivas, por lo que es posible que mucha gente afirme dormir menos de lo en realidad duerme para quedar bien. Las personas que padecen insomnio, por otro lado, tienden a subestimar las horas que realmente duermen.

Es por ello que Shawn Youngstedt, un investigador del sueño de la Arizona State University, quiso recopilar aquellos estudios que únicamente hubiesen sido realizados a partir de datos objetivos. Es decir, que se hubiesen registrado utilizando instrumentos de monitorización del sueño o a través de observadores mientras los participantes dormían en un laboratorio.

Youngstedt y su equipo recogieron 168 estudios realizados con datos objetivos entre 1960 y 2013 en 15 países distintos. Una vez examinados los resultados, concluyeron que, el total de horas que dormimos no había cambiado demasiado a lo largo de ese periodo. Los datos mostraron que mayoría de nosotros duerme entre siete y nueve horas, y que la proporción de aquellos que duermen menos de seis horas no ha aumentado en los últimos cincuenta años.

La pandemia fantasma

Aunque organismos como la CDC sigan considerando la falta de sueño como una pandemia, Youngstedt cree que no hay motivo para ello. “Para referirse a algo como una pandemia necesitas una cantidad de datos extraordinaria que apoye el argumento. Pero los datos simplemente no parecen mostrar eso”, dice Youngstedt a Quartz.

Probablemente, esta percepción se deba más a una combinación de convenciones sociales que a datos estrictamente científicos. Por lo general, dormir se considera como una actividad de ocio, y nuestro acelerado ritmo de puede crearnos la ilusión de que no tenemos tiempo para descansar. Por otro lado, los casos de gente exitosa, especialmente en el mundo empresarial, conocida por dormir menos de la media, también ayudan a alimentar el mito.

También existe la percepción de que el progreso tecnológico ha resultado perjudicial para nuestro descanso. Pero, aunque sea cierto que la invención de la bombilla cambió nuestros hábitos de sueño, no modificó el total de horas que dormimos. Antes del siglo XVIII, los patrones de sueño fragmentado eran habituales; la gente dormía cuatro horas, se despertaba durante una o dos horas y luego volvía a dormir unas cuatro horas más.

Hasta ese momento, preocuparse en exceso por nuestra falta de sueño no es más que otra manera absurda de perderlo

Pero, debido a que, por entonces, el sueño estaba lejos de ser considerado una parte esencial de una buena salud –de hecho, sabios como el propios Thomas Edison creían que dormir en exceso era poco saludable– y que, por ello, no se hicieran estudios relevantes al respecto, es posible que nunca sepamos con certeza cuales eran exactamente los hábitos de sueño de la gente en el pasado. Para calibrar si la generación actual duerme menos de lo que necesita, pues, nos falta perspectiva.

Ahora que sí sabemos lo importante que es para la salud y que disponemos de los instrumentos necesarios para cuantificar todos aquellos datos interés cada vez estaremos más cerca de obtener conclusiones. Pero, hasta ese momento, preocuparse en exceso por nuestra falta de sueño no es más que otra manera absurda de perderlo.

[Vía Quartz]

Tags:

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar