Historias

La inspiración que se lleva en la piel

La tinta como discurso motivacional

Todos lo hemos hecho alguna vez: pintarnos el cuerpo para recordar algo importante. Usar las manos como agenda para anotar el nombre de esa persona a la que debemos escribir sin falta, o ese número de teléfono que no queremos olvidar por nada del mundo.

Es como programar una alarma en la piel: cada vez que suena al contacto con los ojos, volvemos a cobrar conciencia de lo que tenemos que hacer.

Eleva ahora esa escena al conjunto de una vida y cambia el rotulador por la tinta indeleble.

¿Cuál es ese mensaje que querrías recordar sin falta durante toda la vida?

La juventud es confusión y pasión voluble, una vorágine de ideas, impulsos, apetitos y miedos que cada uno explora y resuelve a su manera, como mejor puede.

En medio de ese tumulto es fácil perder el rumbo, es fácil que fallen las fuerzas, sentir que se deforman las razones o la confianza propia. Por eso necesitamos alarmas, signos reconstituyentes, mensajes de ánimo, guías a las que agarrarnos...

Imagina que tus tatuajes fueran esa guía, ese recordatorio constante de lo que verdaderamente importa.

Imagina que cada vez que te sintieras confuso, esos tatuajes brillaran como una luz parpadeante que te señala el camino.

Imagina que incluso quemaran en tu costado, apartándote de los pensamientos malos, o de esos derroteros perversos a los que te ha llevado la inercia.

Los tatuajes del español nómada Eterno son un poco eso. Son una forma de retar al olvido, y también un acicate, un estímulo para vivir de acuerdo al credo propio, sin concesiones.

En sus manos, trazos simples, muy marcados, y una aguja cargada de convicciones.

Al otro lado, la piel como agenda ineludible. La piel como manifiesto vital y como discurso motivacional.

Su tinta es como ese amigo capaz de devolvernos el ánimo cuando empezamos a no ver salida. Es esa inyección de conciencia y confianza que nos vuelve poderosos y airados. Esa postal llegada desde lejos que nos recuerda que hay orgullo y placer más allá del dinero y del trabajo.

Somos libres. Somos fuertes. O al menos podemos aspirar a serlo.

Hasta el día que perdamos el pulso con la mano huesuda que nos anuncia la muerte.

Tu libertad empieza en tu piel

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