Historias

El espejito de internet me dice que soy una chica caliente

¿Dirá la verdad?

Suena el despertador. Linzie se despereza entre las sábanas, se hace una coleta y se dirige al baño para lavarse la cara.

Después, enciende el móvil, lo pone a la altura de su rostro y empieza a grabar: "Buenos días a todos! Son las 8.30 en Gran Bretaña y justo acabo de levantarme".

VER TAMBIÉN: "¿Necesitas dinero? Tu cuerpo (y una webcam) son tu nuevo banco"

Linzie acaba de iniciar sesión en la app Periscope, que permite emitir vídeos en streaming y leer, en tiempo real, los comentarios que los usuarios que la están viendo.

[Usuario 0] –Buenos días!

[Usuario 1] –Hola desde Malasia!!!

[Usuario 2] –Chúpamela nena

[Usuario 3] –Lol

Como cada día, Linzie bloquea al troll y a todos los trolls que la siguen. Siempre hay más, y la inmensa mayoría son anónimos. 

Periscope, propiedad de Twitter, tiene alrededor de 9 millones de usuarios en el mundo y representa una nueva generación de red social que pretende seducir a millones de internautas con la siguiente premisa: 

Escribir estados y subir fotos cansa. Es más fácil y divertido compartir momentos en directo.

Periscope, pensada también para el uso de periodistas y activistas, no es la única app que ofrece estos servicios. Meerkat o Facebook Live For Mentions también brindan la posibilidad de grabarse y leer las interacciones.

Pero tanto Periscope como Meerkat se han topado con un problema: buena parte de sus usuarias jóvenes tienen que enfrentarse a comentarios indeseados y sexistas.

Como experimentó la periodista Anne Marie-Tomchak mientras realizaba una conexión en Periscope para probar a app en BBC Trending, alguien le escribió:

–Sexxx

¿Es Periscope un streaming de comentarios sexistas?, se preguntó Tomchak. Para responder a su pregunta, habló con Tasmin Lucia Khan, una de las periscopers más influentes del mundo y presentadora de televisión, con 240.000 followers. 

Khan admite que ha bloqueado a más de 3.000 usuarios y que un "ejército" de fans la ayudan a moderar: "Pasamos un buen porcentaje del tiempo bloqueando".

La periodista de la BBC pudo comprobar que las usuarias femeninas de Periscope sufren interacciones desagradables en mucha más proporción que los hombres.

Incluso las usuarias que utilizan la app para difundir más su profesión que su vida personal se quejan de los comentarios que les piden sexo.

¿Deben las 'periscopers' grabarse de espaldas para que los hombres no les hagan comentarios sexuales?

El debate que se ha generado en torno a la aplicación es el mismo que en otros ámbitos de la vida femenina:

¿Es justo que las chicas tengan que vestir de forma más recatada para evitar comentarios indeseados de los hombres? ¿Deben las periscopers grabarse de espaldas para que los hombres no les hagan comentarios sexuales?

Hace pocos días un vídeo contra esta app se viralizó. Un actor llamado Elnur Muradov se grabó a sí mismo para lanzar este mensaje: "Periscope ha arruinado la vida de vuestras hijas".

Muradov acusa a la app de "corromper la moral de las jóvenes" de su país, Azerbayán, y a los padres de no estar percatándose de ello: "Ellas están por ahí, maquillándose delante de todos, ¡por eso hay tantos divorcios!".

Para Muradov la solución antigua es la que vale: que las chicas no utilicen esta app, que alguien se lo prohíba o que ellas mismas se repriman antes de hacerlo. Ellas pagan por el comportamiento de otros.

Para muchos internautas que le han contestado, Muradov tiene razón: "Las mujeres creen que están siendo modernas, pero en realidad están siendo prostitutas", reza un comentario en el hilo que generó su vídeo.

Para otros, Muradov está culpando a las chicas cuando quienes se comportan de forma incorrecta son los acosadores: "Ellos me ven con mis hijos y me escriben que me quite la ropa", escribió Gunel Asgerzade, una de las pocas mujeres que comentó en el hilo.

Pero no es tan sencillo.

Hay dos argumentos que los internautas, tanto mujeres como hombres, están utilizando de forma expresa e implícita para normalizar esos ataques sexistas en internet.

En primer lugar, acusan a las mujeres de posar frente a la cámara, de buscar comentarios aduladores. Por lo tanto, cuando los comentarios anónimos no se ajustan a sus gustos (como "Quiero ver tu coño" o "guarra, guarra, guarra"), deben conformarse.

Pero, cuando subimos una foto nuestra a Facebook o a Instagram, ¿no mostramos nuestro lado más favorecido? ¿No esperamos comentarios positivos y que nos suban la autoestima? ¿Por qué deberíamos esperar que nos insultaran o que nos propusieran sexo?

En segundo lugar, otro factor importante es que hay un sector de usuarias de estas aplicaciones que buscan estimular estos comentarios. Son mujeres que viven de comercializar su imagen y contenidos eróticos: las camers.

A pesar de que las condiciones de uso y privacidad de Periscope y Meerkat prohíben hacer negocio, muchas están aprovechando la transmisión en directo para mostrar sus cuerpos, contenido erótico o escenas de sexo explícito. Es su trabajo y estas apps son herramientas útiles para promocionarse.

Nora Segura, por ejemplo, anuncia sus sesiones de cam en Twitter.

También es cierto que, como ha ocurrido con Vine (en menor medida) o Chatroulette, muchos usuarios y usuarias no han podido resistir utilizar la app como un medio para el juego sexual.

Y los que se exhiben, y los voyeurs, empiezan a poblarla.

Entonces, ¿son las camers y los "usuarios carnales" responsables de confundir a tantos hombres?

¿Acaso son incapaces de discernir quién está exhibiendo un contenido sexual de quien está, simplemente, transmitiendo un vídeo personal?

¿Debemos esperar que los pervertidos y acosadores se frenen ante la transmisión de una adolescente desde su cuarto? (registrarse en estas apps es tan fácil como mentir y afirmar que tienes más de 18 años y que aceptas las condiciones de privacidad).

Quienes acusan a internet de traer el "pecado" y la superficialidad a nuestras vidas, se equivocan. El trabajo sexual siempre ha existido; el físico siempre ha tenido mucho peso en la popularidad social, sobre todo entre los más jóvenes.

Con las herramientas que ofrece la red, eso sí, es más fácil conectar con trolls y acosadores. Los referentes estéticos se multiplican y la autoexigencia puede aumentar.

Como descubrió la activista feminista Louise Orwin en su proyecto Pretty Ugly, para las adolescentes que se graban y preguntan a Youtube "¿Soy guapa o soy fea?", puede resultar destructivo. La misoginia, y el troleo más cruel, campa a sus anchas en la red.

Lo preocupante es que internet se convierta, de forma inconsciente, en un espejo de la verdad

En internet, la sexualización como método para gustar a los demás se perpetúa. Todos sabemos que una foto más sexy se llevará más likes.

Lo preocupante es que Internet se convierta, de forma inconsciente, en un espejo de la verdad. Y que sus consecuencias (y comentarios) no deseados se normalicen.

Las mujeres no deben dejar de grabarse, no deben sentir vergüenza o miedo. Del mismo modo que la seguridad en las calles está mejorando para las mujeres, el mundo del vídeo, de internet, también nos necesitan para mejorar. Internet es la gente, es la sociedad, y el sexo también es social y puede cambiar sus códigos. 

Tampoco nos queda otra opción: desde el mismo momento en que, siendo niñas, nuestros cuerpos se llenan de curvas, el mundo nos dice que nos reprimamos. Que algo nos puede pasar, que los hombres acechan.

Pues bien, no es posible salir de nuestros cuerpos, no tenemos cremallera. Así que será mejor que sean ellos quienes cambien su traje por otro más elegante.

Espejito, espejito, no me das miedo

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