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Historias

Cuando estar enfermo es un crimen

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Escupir, morder o tener relaciones sexuales con protección es suficiente para ir a la cárcel en Estados Unidos cuando eres seropositivo

María Yuste

17 Septiembre 2015 10:54

Un estadounidense, sentenciado a 35 años de cárcel por escupirle a un policía.

Esta fue la noticia que, en pleno 2012, llamó la atención de David Martin-Porras y le inspiró para realizar su corto Inside The Box.

El hombre en cuestión era portador de VIH, lo que hace que sus fluidos corporales se consideren un arma mortal en Estados Unidos, país en el que se estima que viven un millón de personas afectadas.

El corto ha sido galardonado con mas de 40 premios en diferentes festivales internacionales y se acaba de estrenar online con visionado gratuito.

Inside the Box es una historia de ficción que pone el foco en el sinsentido legal que viven los portadores e infectados de sida en EEUU. Cuenta la historia de un policía texano que decide no reportar a sus superiores una pelea en la que se involucrado y que parece motivada por un secreto de su pasado...

El trasfondo legal de la historia parte de las leyes estadounidenses que aún permiten encarcelar a portadores del VIH que han estado en contacto con personas sanas sin alertar de su condición o que las han puesto en riesgo de contagio.

Estas leyes, no obstante, no se ciñen a evidencias científicas ya que que no se ha demostrado que el virus del sida se pueda transmitir ni a través de la saliva, el sudor o las lágrimas.

El contagio solo puede producirse a través de sangre, semen, fluidos rectales, vaginales y leche materna. Sin embargo, siguen sucediendo casos como el de Nick Rhoades, un seropositivo condenado a 25 años de prisión por mantener una sola relación sexual con otro hombre con la que usó preservativo pero al que no informó de su condición de portador. O el de otro ciudadano condenado a 10 años de prisión por haber mordido a un policía en un hospital.

Las leyes en algunos estados no solo contemplan como crimen mantener una relación sexual, incluso con protección, sin haber informado a la pareja, sino también donar sangre, órganos o cualquier tejido procedente de una persona portadora o infectada.

No se ha probado que estas leyes reduzcan el riesgo de transmisión del VIH pero sí se sospecha que disuaden a muchas personas de hacerse las pruebas por miedo a ser diagnosticadas y sufrir el estigma.

En el caso del hombre que cumple condena por haberle escupido a un policía, ninguno de los agentes implicados acabó contagiándose del virus. A pesar de ello, fue juzgado como si hubiera cometido un intento de asesinato por haber atacado a un agente con un arma mortal: su saliva.

El Center for HIV Law and Policy, encargado de reducir el impacto del VIH en comunidades marginadas y de asegurar los derechos humanos de las personas afectadas en Estados Unidos, ha documentado 168 demandas a personas infectadas o portadoras entre enero de 2008 y junio de 2013.

Junto a este corto, de producción española pero rodado en Los Ángeles, se ha lanzado una campaña que busca viralizar el tema en redes mediante el hashtag #HIVisnotacrime y así dar a conocer estas leyes que en pleno siglo XXI siguen criminalizando estar enfermo.


#HIVisnotacrime




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