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Historias

El enmascarado que cambió el rumbo de la homosexualidad

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El Doctor Anónimo desencadenó un cambio de mentalidad en los psiquiatras de todo el mundo. Gracias a él la homosexualidad dejó de ser considerada una enfermedad mental

Rafa Martí

30 Diciembre 2015 14:35

En la convención de la Asociación de Psiquiatría Americana (APA por sus siglas en inglés) de 1972 se produjo un hecho inusual: un hombre vestido con una máscara de látex del presidente Nixon, de nombre Doctor Anónimo, y con la voz distorsionada se levantó y fue invitado a intervenir.

Sus primeras palabras fueron: “Soy homosexual. Soy psiquiatra”.



El Doctor Anónimo, o John Fryer, como se supo en 1994, más de 20 años después, comenzó así un discurso que cambiaría la vida de millones de homosexuales. Primero en EEUU, y luego en el resto del mundo.

En aquella intervención, Fryer clamó por que los psiquiatras dejaran de estigmatizar a los gais como enfermos mentales. Un año después, la APA retiró la homosexualidad de su catálogo de enfermedades



Antes de que esto se produjera, entre el 95% y el 99% de los psiquiatras en EEUU consideraban la homosexualidad como una enfermedad. Como un desorden mental o una depravación sexual. Esta definición la suscribían incluso los psiquiatras homosexuales, sometidos a la presión del círculo médico y social.

Los activistas gais de finales de los 60 habían declarado la guerra a la comunidad psiquiátrica. Era un reducto difícil de conquistar. Después de haberse hecho visibles en espacios públicos en ciudades como San Francisco, la comunidad psiquiátrica era un escollo casi insalvable pero al que había que enfrentarse.

Para ellos, aquel colectivo médico estaba negando cualquier humanidad y dignidad a las personas homosexuales. Los homosexuales, de hecho, eran considerados ciudadanos de segunda solo por esa injusta y desinformada clasificación científica.


A principios de los 70, entre el 95% y el 99% de los psiquiatras en EEUU consideraban la homosexualidad como un desorden mental que se podía curar



Las tensiones entre el colectivo gay y el de los psiquiatras no dejaron de aumentar. Parecía imposible llegar a un punto de entendimiento, y mucho menos que la APA dejase de considerar a los gays personas enfermas.

Fryer estaba en una encrucijada. Por un lado, no participaba del activismo gay combativo. Por otro, no compartía los prejuicios de su entorno profesional hacia los que eran como él, y que le habían costado un trabajo. Solo por ser gay.


Si no dejamos de considerar la homosexualidad como una enfermedad, estamos perdiendo nuestra humanidad honesta, y es una pérdida que lleva aquellos a nuestro alrededor a perder un poco de su humanidad también (Dr. H Anonymous)


Todo cambió con una llamada. Barbara Gittings, una activista lesbiana, vio que era necesario un puente que terminase con el conflicto y que pudiera cambiar la mentalidad de la psiquiatría oficial. Gittings propuso a Fryer moderar un panel sobre homosexualidad en la convención de la APA. Fryer, que siempre había estado en un segundo plano, aceptó la propuesta.

La intervención de Fryer fue breve. Pero sobre todo señaló a los demás psiquiatras gais para que ellos mismos dejasen de avergonzarse de vivir su condición sexual. Y que explicasen a las personas homosexuales que trataban que, como ellos, no estaban enfermos.

“Esta es nuestra gran pérdida, nuestra humanidad honesta, y esa pérdida lleva a todos aquellos a nuestro alrededor a perder un poco de su humanidad también. Porque si ellos estuvieran cómodos viviendo su homosexualidad, nosotros podríamos estarlo con la nuestra. Debemos usar nuestras capacidades y sabiduría para ayudarles y para crecer conviviendo con esta pequeña pieza de la humanidad llamada homosexualidad”.



Después del discurso, Fryer recibió una gran ovación. Para Ain Gordon, artista e historiador que siguió la evolución de los derechos de los homosexuales en EEUU, el discurso de Fryer consiguió romper el el hermetismo que había entre la comunidad gay y la comunidad psiquiátrica.

A partir de entonces comenzaron las conversaciones en la APA para desclasificar la homosexualidad como enfermedad, que culminó un año después. El resto del mundo seguiría ese camino 18 años después, en 1990, cuando la OMS también quitó la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales.

Fryer murió en 2003. La Asociación de Psiquiatras Gais y Lesbianas de EEUU da todos los años un premio en su nombre para reconocer la labor de los médicos por la protección de la salud de las minorías sexuales.

[Vía The Daily Beast]

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