Historias

El día que la “peor persona de Internet” se arrepintió de lo que hacía

Así piensa un empresario del porno de venganza

Scott Breitenstein luce coleta canosa, perilla y camisetas de heavy-metal. Tiene exactamente el aspecto que te imaginas cuando piensas en un geek que hace cosas turbias en Internet. Y eso es exactamente lo que es.

Breitenstein, de 45 años, es el propietario de ComplaintsBureau.com, una página que recoge quejas de todo tipo remitidas por usuarios descontentos por algo. Ello incluye fotos y videos de de índole sexual posteados sin consentimiento, a menudo por ex-novios despechados. Es decir, porno de venganza.

Por ello le han llamado cosas como “terrorista de Internet” o “la peor persona de Internet”.

Pero, hasta hace poco, Breitenstein estaba orgulloso de lo que hacía.

I. De fontanero a magnate del porno

Breitenstein descubrió ComplaintsBureau en 2005 tras ser estafado cuando intentaba comprar una televisión por Internet. Nunca recuperó su dinero, pero le gustó tanto la idea de la página que la compró. Por entonces era un fontanero y electricista que había hecho sus pinitos arreglando ordenadores, pero aprendió HTML y PHP, rediseñó la página y se propuso hacerla crecer.

Al principio, los usuarios de ComplaintsBureau solían cargar contra grandes corporaciones como aerolíneas, negocios locales como concesionarios de coches y servicios como hospitales. Las quejas a menudo eran encendidas e incluían los nombres propios de los empleados injuriados. Pero, a diferencia de páginas como Yelp o Tripadvisor, ComplaintsBureau no permite que que los propietarios de los negocios respondan a las críticas, incluso si son difamatorias.

En la mente de Bernstein , ceder a las presiones y eliminar opiniones pondría en duda todas las reclamaciones de la página.

Un día, ComplaintsBureau recibió otro tipo de muestra de descontento. Un usuario posteó fotos de una mujer desnuda, asegurando que era su ex-novia infiel.

Bernstein ya estaba familiarizado con las denuncias de supuestas infidelidades. Además de ComplaintsBureau, es propietario ReportMyEx.com y CheatersRUs.com, dos páginas donde los usuarios denuncian a ex-parejas que supuestamente les han puesto los cuernos. Pero esas páginas solo permiten quejas por escrito. Las fotos son una historia muy distinta.

En los días que siguieron al posteo de las imágenes, Bernstein se dio cuenta de que el tráfico del hilo era inmensamente superior al del resto. Sus ingresos por anuncios de Google AdSense pasaron de 200 dólares al mes a más de 1.200.

De pronto, se vio metido de lleno en la boyante industria del porno de venganza. Y se lanzó a sacarle el máximo partido. Creó una sección llamada “Amantes Vengativos” y esperó a que llovieran los clicks.

No contento con esto, encontró otra vía de negocio a costa de las personas –en su inmensa mayoría mujeres– cuyas fotos aparecían en la sección. Y todavía fue más ruin.

A menudo, las víctimas presentaban reclamaciones de copyright por las fotos amparándose en la Digital Millennium Copyright Act, con la esperanza de que ello sirviera para que fuesen retiradas. Lo que hacía Breitenstein, entonces, era decirles que si estas peticiones de retirada no iban seguidas por el resto del proceso de queja de la DMCA –un procedimiento largo y tedioso que puede implicar tener que registrarse en la Oficina del Copyright de los Estados Unidos y aportar amplia información sobre las imágenes– les iba a demandar por 10.900 dólares en concepto de costes de “difamación”.

Por descabellado que pueda parecer que la persona que hospeda una página de porno de venganza sea quién penalice a las víctimas por difamarle a él, funcionó. Breitenstein cobró decenas de miles de dólares de acuerdos con mujeres atemorizadas de que si no pagaban les iba a mandar una empresa de cobros.

En este punto se nos plantean dos preguntas:

1) ¿Por qué no le cerraron la página?

2) ¿Cómo puede Breitenstein dormir tranquilo por las noches?

La respuesta a la primera es simple: lo que hace no es ilegal. Aunque en la mayoría de estados está prohibido postear este tipo de fotografías, hospedar una página de porno de venganza todavía es técnicamente legal. Esto es gracias a la ley que exime a las páginas de responsabilidad sobre los contenidos que comparten sus usuarios (es decir, la misma que protege a Facebook de ser denunciada cada vez que uno de sus usuarios considera que un contenido es ofensivo).

La respuesta a la segunda es un tanto más compleja.

II. Un paleto con un ordenador

Recientemente, Fusion viajó hasta Dayton, Ohio para entrevistar a Breinstein e intentar entender sus motivaciones. El resultado es un reportaje en el que se hace patente que no todo se reduce a calificarle como “la peor persona de Internet”.

Dayton es una antiguo baluarte industrial del Medio Oeste que nunca supo reinventarse tras el colapso de la industria en los años setenta. Históricamente ha tenido una de las tasas de criminalidad más altas del país. Está, por lo tanto, en las antípodas de un lugar donde esperas encontrar una historia de emprendeduría tecnológica. Aunque sea una tan pútrida como esta.

A pesar de los millones de visitas, Breinstein vive de forma cochambrosa en una casa humilde de East Dayton, uno de los barrios más conflictivos de la ciudad. En el vídeo puede observarse que su casa está llena de basura, bolsas de plástico y cajetillas de Marlboro vacías.

Su “despacho” consiste de un PC y una pantalla desde donde puede observarse lo que captan las numerosas cámaras de seguridad que rodean la casa. Según explica, en una ocasión recibió un disparo de un una víctima de ComplaintsBureau. De ahí su cautela.

Al mostrarle el funcionamiento de la página al reportero, Bernstein parece orgulloso de su trabajo. En todo caso, un tanto hastiado por la rutina. Lee el post sobre una maestra de escuela cuyas fotos desnuda han sido posteadas con la impavidez con la que un vendedor de colchones te explica sus características.

“Hay una foto de su escuela y la dirección de su casa”, dice sin parecer demasiado consciente de las implicaciones que todo ello tiene. Solo se le escapa una risa nerviosa cuando dice la cifra de visitas que tiene el post en voz alta. Es como si no se acabase de creer que cerca de un millón de personas han visto las fotos íntimas de esa mujer.

Bernstein ofrece una plataforma para que el resentimiento destroce vidas en Internet. Y hace negocio con ello. Pero no solo no se avergüenza de lo que hace, sino que lo presenta como un servicio a la sociedad.

Él entiende el porno de venganza una cruzada ética. Cómo una defensa del honor de aquellos que han sido engañados. Su argumentación es de una simpleza sonrojante. Viene a decir es que si una mujer adultera ha posado desnuda para un hombre, los otros hombres tienen derecho a saberlo puesto que es una señal de que es mala persona.

Es como si todo lo redujera a un choque entre “buenos” y “malos y él se ubicara en el bando equivocado.

Para cualquier persona con principios éticos, Bernstein es un tipo despreciable. El problema es que no parece ser demasiado consciente de lo que realmente hace. Habla de su trabajo con resignación, sin tener en cuenta todas las implicaciones sociales que tiene. Para él, los correos de las víctimas del porno de venganza que cada día llenan su buzón de entrada pidiendo la retirada de sus fotos no son más que tareas engorrosas de su trabajo, no el lamento de personas que lo están pasando realmente mal.

Es como si Internet cavara un foso insalvable entre él y las personas que aparecen en su página.

Lo que le ocurre a Bernstein no es demasiado distinto a lo que nos ocurre a la mayoría de nosotros en Internet. Todo lo que pasa en la red parece regido por un código moral distinto, siempre más laxo. Todo se vuelve ligero y distante. Damos por sentado que lo binario despliega una capa de inmunidad sobre nosotros y los demás. Y que por mucha mierda que lancemos al aire –ya sea dirigida a los otros o destinada a cubrirnos a nosotros– nadie se manchará. En Internet todo puede justificarse por el abismo emocional que nos genera actuar a través de una pantalla.

Pero no parece que Bernstein haya reflexionado demasiado sobre ello. En cierto modo, y sin que ello le justifique, no es más que un paleto con un ordenador que encontró su manera de sobrevivir en el rincón más hediondo de la red.

Quizá por ello, algo cambió dentro de Bernstein el día que se topó de frente con la realidad. Aunque, irónicamente, también fuese a través de una pantalla.

En un momento de la entrevista, el reportero de Fusion le pide si puede enseñarle algo. Es un mensaje de Annmarie Chiarini, directora de servicios a víctimas de la Iniciativa por los Derechos Civiles Cibernéticos y víctima del porno de venganza ella misma. Es decir, alguien capaz de hacerle ver a Bernstein lo que verdaderamente supone aparecer en su página.

“El coste que afliges en la sociedad va más allá de las víctimas. Puede que lo que hagas no sea ilegal, pero éticamente es corrupto. Cualquiera que proporciona un lugar para que gente se convierta en el entretenimiento sexual de otros es un depredador sexual peligroso”, dice Chiarini en el vídeo.

Tal y como percibirse en el reportaje, el vídeo de Chiarini le afecta. Y no es una actuación ante las cámaras.

Dos semanas después de la visita del reportero, Bernstein eliminó la sección “Revenge Lovers” de su página, borrando todas las fotos de los centenares de personas que aparecían en ella.

Esto no le redime de ninguna manera. Ni siquiera sirve para curar las heridas provocadas por su página. Pero es un gesto especialmente significativo viniendo de alguien que, a pesar de haber recibido incontables demandas y órdenes judiciales, a pesar de haber sido perseguido por Anonymous y la Agencia de Seguridad Nacional, y a pesar de ser consciente de que una de las mujeres que aparecieron en su página acabó suicidándose a raíz de la depresión que le provocó la humillación, siempre se había negado a descolgar ningún contenido.

Las amenazas nunca habían funcionado. Solo el choque con la realidad.

“Estaba mirando al portátil y [Chiarini] hacía ciertas preguntas. La gente nunca me había hecho este tipo de preguntas antes. Y hay cosas de las que dijo que se quedaron en mi cabeza”, explicaba unos días después a Fusion.

Probablemente, si la primera vez que alguien posteó fotos de una mujer desnuda en su página web Bernstein hubiese hablado cara a cara con la víctima nunca hubiese creado una sección para amantes despechados.

Ello no ha de servir para justificar ni perdonar sus actos. Pero su historia va más allá del retrato de “la peor persona de Internet”. Es una fábula sobre como Internet nos inmuniza ante la empatía.

Loading the player...                      

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar