Historias

"Quedé asustada porque el cáncer vino como un animal del sueño"

Hoy se celebra el Día Mundial contra el Cáncer, y nosotros queremos hacerle frente con la mejor de nuestras armas: la poesía, la palabra

(Imágenes de Ben Kruisdijk)

“El cáncer sigue siendo un tema raro y escandaloso en la poesía; y es inimaginable estetizar esta enfermedad”. Susan Sontag escribió esto en su ensayo La enfermedad y sus metáforas, y lo cierto es que cuando lo hizo se equivocaba.

Escribir sobre la enfermedad —desde la lírica, desde esa imaginación poderosa de la poesía — no tiene siempre como propósito el volverla estética, sino más bien hacerla visible, airearla, combatirla.

El cáncer sigue siendo un tema raro y escandaloso, sí. Un tema que oscurece no sólo nuestros cuerpos sino también nuestros ánimos, y quizá por eso precisemos de constructores de palabras y poemas para poder luchar contra él.

Hoy se celebra el Día Mundial contra el Cáncer, y para contribuir a esta batalla hemos seleccionado algunos poemas de distintos autores contemporáneos en donde la palabra cáncer es unas veces constelación, otras veces despedida, y la mayoría ese monstruo terrible ante el que sacar los dientes.

[carcinoma]

a)

Quedé asustada porque el cáncer vino como un animal del sueño y yo había dejado las toxinas, los hongos venenosos, el consumo excesivo de alcohol. Vino mientras respiraba mal. Vino cuando yo me pegaba a otras bocas para que supieran lo que era ahogarse. Y quedé expulsada pero sin saber de dónde. Tenía la lengua blanca cuando vino el cáncer y yo soñaba mal como sabiendo:

Perdería el cabello y la voz.

Me daría a la palidez y la fatiga.

 Alimentada de protones,

 sin poder dormir,

 hija del asco,

 permanecería cerca de la enfermedad para ahuyentarla.

 b)

Que el tumor no era cosa de inocentes

lo supe porque quedé incendiable y helada al mismo tiempo. Antes de dormir miraba imágenes de células escamosas que se multiplicaban dentro de mí. Hablaba sola porque quería decir mi pecado y una vez grité pero nada pareció alterarse. Quedé más turbia porque dicen que los sobrevivientes son así. Me llevaba la punta de los dedos hacia la herida para abrirla de nuevo y quería rezar pero mi voz era oscura y era como si graznara.

(Un poema de Daniela Camacho)

Eres sagrada

Tu orina huele mal

eres sagrada

Se te cae el hermoso pelo negro

eres sagrada

Las piernas no te sostienen

eres sagrada

Las heridas no cicatrizan

eres sagrada

Sin morfina no aguantas las llagas de la boca

eres sagrada

eres sagrada

y por eso mañana baja la fiebre

baja la fiebre azul

empieza el día de tu restitución

(Un poema de Jorge Riechmann)

Mi aliento intentará tropezar con su sombra

con su cuerpo -espectáculo vacío

que revienta y brota

justo donde emerge la lluvia.

Y será un árbol

la corteza endurecida manando de su costra

abriéndose para que yo entre en ella

como un niño antes de nacer.

Como un cáncer adentro.

Y aunque dirán que yo también he muerto

la torpeza de sus ramas los dejará tranquilos.

Ah

si pudieran ver como yo

el sublime espectáculo de sus pupilas al apagarse.

(Un poema de Amanda Durán. La Belleza. Amargord)

Mi madre, ese féretro de células y cáncer, yace desnuda bajo la lluvia. Su corazón es un nervio nocturno que se atora a las sombras del cuerpo. Ella sostiene entre sus manos un signo de ceniza. Mi madre, esculpida por tres dioses miserables, yace desnuda bajo la lluvia, y tiene el terrible deseo de bailar con los caballos de la luna. Yo pienso en ella, como se pensase de un colibrí congelado entre los bosques de la mente.

 (Un fragmento de un poema de David Meza)

Hogar dulce Hogar

el cáncer

la muerte no sería tan mala

si se pudiera traer a casa

si no hubiera que levantarse

si no hubiera que salir de la cama

si no hubiera que subirse a una ambulancia

si no hubiera que vivir en un hospital

si no hubiera que vivir entre desconocidos

si no hubiera que prescindir de las frazadas

del color de las frazadas de la casa

de la temperatura del color de las frazadas de la casa.

morir no sería tan malo si todo pasara en la casa

y con los de la casa

si uno tuviera la suerte de tener una casa

lo peor del cáncer y de la muerte son la burocracia y el ajetreo

de los cambios de ropa y el frío de los pasillos y el frío de

las miradas de los extraños (de los que no sufren porque tú sufres

de los que no sufren porque tú vas a morir)

y la indiferencia de las calles y de los muros de las calles

y la indiferencia mortal del hospital y de todo lo que lame

y cubre por dentro a un hospital.

morir no sería tan malo

sufrir no sería tan malo

si se sufriera en la casa

si se supiera que nada ni nadie nos sacará

-en caso de morir o sufrir-

de la casa

(Un poema de Claudio Bertoni)

MI PADRE

Mi padre murió en invierno 

sólo sé que al fin descansó en la estrecha 

cama de todos los días. 

Ya no hay ruido, ni ceremonias, 

ni pañuelos, ni rosas blancas. 

Al fin, dije yo, descansó de las deudas, 

de los vicios, de la burocracia. 

Mi padre murió en una pequeña alcoba

donde sólo quedan reme

dios, jeringuillas, 

alcohol, drogas,

sus manos frías, abiertas 

y vacías que me tocan con ternura. 

Unos ojos blancos y amarillos 

inyectados de muerte. 

Un cáncer que no silencia 

su victoria de sangre, de carne, 

de vejez inconclusa. 

Todos los relojes dan la misma hora 

y retroceden el tiempo, 

cuando mi padre no era mi padre

y simplemente era un hombre 

lleno de energía

que se abría paso ante esta vida. 

Mi padre murió en una alcoba de hielo

y su cuerpo cada vez se adelgaza, 

se empequeñece, se evapora, 

se disuelve en el aire vacío de la nada,

la lámpara de la alcoba

juega con la materia de su piel. 

Sus dientes amarillos

llenos de cáncer me sonríen 

yo le sonrío 

temblando de miedo

aunque de a poco 

se convierta en polvo fugaz.

Mi padre murió en invierno 

solo sé que al fin descansó en la estrecha 

cama de todos los días.

(Un poema de Augusto Rodríguez)

como

párpado

cuerpo

abre-cierra

crespo

los calambres

sobre ma

una ola y

otra ola y

otra ola

beben

bebes

de luciérnagas

morfina

lo más cándido

del sueño

(Un poema de Alba Ceres)

Un hombre a mi lado intenta dormir

Pero no duerme, me observa

Mira lo que hago, lo que escribo

En su mente estoy yo, lo sé, pero no sé cómo

Hemos hecho el amor y leído mi libro

Un libro negro y delgado con poemas de violencia y de viento

Qué lejana la violencia del agua del viento del mar

Qué olvidados los animales los ríos

Hacia el pasado, la indiferencia

Hacia el pasado, el hielo inmenso recogido en un tren

Hoy mamá tiene cáncer

Y tengo su cáncer en el alma

Tengo la ausencia de sus senos en los míos

No tengo sus senos                                                                                                             

Sus pezones

No tengo su rostro

Pero hay algo que he recordado en el amor con este hombre

Mientras me tocaba y yo cerraba los ojos:

Una verde lejanía donde algo puede perderse

Mi madre que puede alejarse

Algo que no puedo mirar

En la belleza, mi madre se mueve

Respira, camina, come una fruta

Suave, mi madre se encamina hacia algún leve destino

Leve como las costuras y los tejidos

Como las flores y la ropa interior

La pequeña ropa interior de mi madre

La lavo hoy y mañana

La lavo para que mamá se pierda en la belleza y permanezca una cosa:

La imagen de mis manos blancas

Masajeando su vestido en el agua

(Un poema de Myra Jara Toledo)

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