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Historias

De criminal a trans: cuando un cambio de sexo te puede salvar la vida

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El mundo violento de Zenia y su camino hacia la liberación femenina

Guiem Alba

17 Marzo 2015 13:25

Fotografías de Guillem Sartorio

"Como mujer transexual me tengo que imaginar que soy como alguien que pesa 300 kilos o que mide 2,50 metros; una persona a la que miran por la calle. Sí, me miran, pero lo importante es que me respeten. Y lo hacen".

Tiene 39 años y los dos brazos tatuados desde la muñeca hasta el hombro; se llama Zenia y es una mujer transexual lesbiana.

Antes de ser Zenia se llamaba Álex, y Álex era conductor de excavadora, militar y delincuente callejero; adicto a la droga dura y al juego. Y eso cuando no estaba encerrado en la cárcel.

Pero, cuando estaba en los límites humanos más dolorosos, mudó la piel. Hablamos con Zenia.

Etapa #1: Álex el Maquinista


Zenia, cuando aún era Álex, a punto de jurar bandera en el servicio militar obligatorio


Álex se dio cuenta de que quería ser una mujer con solo cinco años.

Fue cuando su madre le probó unos vestidos de niña que habría de heredar su hermana pequeña años más tarde. La ropa no era para él pero, desde que se la probó, quiso vestirse siempre así.

Esa fue la primera aparición de Zenia y duró muy poco: cuando su padre volvió a casa, Álex tuvo que desvestirse rápidamente y no contarle nada nunca. Pero acababa de descubrir su verdadero yo y el proceso era irreversible.


Si ahora me encontrara al típico machista, le haría enfrentarse a una mujer que es un poquito más fuerte que el resto



Su identidad femenina se convirtió en un problema cuando, de adolescente, descubrió su sexualidad. "Tenía que elegir entre ser hombre o mujer, y elegí ser hombre porque me gustaban las mujeres", cuenta.

No solo eso, sino que poco después conoció a Patricia, el amor de su vida. Se hicieron novios, y entonces las dudas se multiplicaron: si era un hombre heterosexual y estaba enamorado de una chica, ¿por qué quería ser una mujer? 

Álex estuvo luchando contra la aparición de Zenia durante la mayor parte de su vida, porque eso era lo que debía hacer si quería conservar a Patricia. Pero reprimir a Zenia solo le convertía en una persona problemática.

Consumió droga y se cegó por la violencia; estuvo metido en robos y pasó una temporada en la cárcel. "He tenido etapas muy destructivas, porque no era feliz. He tocado fondo varias veces, o sea que solo me quedaba salir de ahí o morir".

Después de pasar por el ejército, trabajó en un mundo aún más masculino si cabe: la construcción. "Yo era la Messi de la excavadora, acumulé 13.000 horas de trabajo con la máquina y la manejaba con mucha agilidad".


He tenido etapas muy destructivas y he tocado fondo varias veces, porque no era feliz



En realidad, todo era una estrategia interna para convencerse de que era más hombre que nadie, como la decisión de tatuarse completamente los dos brazos. Ahora se da cuenta: "En realidad, lo pasaba fatal con mi personaje de Álex el Maquinista".

Fue uno de esos días, mientras trabajaba en la obra, cuando su cabeza le dijo: "Mátate". No era la primera vez que tenía ese pensamiento, pero sí la primera que lo verbalizaba. Zenia había vuelto más fuerte que nunca, y había que hacer algo cuanto antes.

El movimiento brutal de la excavadora le provocó dos hernias crónicas, y se tuvo que retirar del trabajo con una pensión para no quedarse paralítica. Fue una desgracia, porque realmente le gustaba su trabajo; pero, a la vez, era el momento de replanteárselo todo.

Zenia estaba más cerca que nunca. Era la hora de ser feliz de verdad, y eso pasaba por convertirse en mujer, pero aún quedaba el principal obstáculo: perdería a Patricia, el amor de su vida.


Etapa #2: Empieza el cambio

Patricia ya conocía a Zenia: sabía que su novio solo era completamente feliz cuando se vestía de mujer, pero eso era algo que se quedaba en casa. "Sabíamos que, si lo hacíamos público, habría preguntas; y nosotros no teníamos las respuestas", cuenta Zenia. Así que empezó a buscar esas respuestas.

Zenia acudió a Enfemme, un espacio destinado a que los hombres se vistan de mujeres sin ser vistos. "Suelen ser hombres con familia: médicos, arquitectos o camioneros; gente que lleva una vida normal, pero nadie sabe que los jueves por la tarde se visten de mujer en un local. Disfrutan a escondidas, porque saben que sus mujeres no lo aceptarían".


Mis cuñados son muy hippies, pero son los únicos que no me quieren. Son los únicos raros.


Pero Zenia se dio cuenta de que su problema era muy diferente: "Ellas no querían cambiar su cuerpo, solo les gustaba sentir la feminidad sin carga de conciencia".

Así fue como descubrió que no era un cross-dresser o travesti, sino una persona transexual. Sin embargo, cuando acudió a la Unidad de Trastorno de la Identidad de Género (UTIG), la psicóloga la llamó 'travesti fetichista'. ¿La razón? Iba vestida de hombre.

"Les choca que una chica trans aún vaya vestida de chico, y entonces te preguntan por qué no llevas tacones, maquillaje y minifalda. Te llegan a preguntar que cuántas veces escuchas a tus padres hacer el amor en casa; y tú te preguntas por qué tienes que responder a esa mierda", dice. Ella nunca tuvo que responder a esas preguntas porque, cuando oyó lo de travesti fetichista, se marchó de un portazo.

Querían tratar su transexualidad como una enfermedad pero, en realidad, era justo al revés: la enfermedad era Álex, y el único remedio era Zenia.

Etapa #3: Ha llegado Zenia



Zenia necesitaba ser mujer y, cuando se puso en las manos de la asociación Trànsit, lo fue. Supo entonces que su caso no es tan raro: hay más mujeres trans a las que les gustan las mujeres, como a ella, que transexuales a las que les gustan los hombres.

Concretamente, a Zenia le gustaba Patricia; pero a Patricia le gustaban los hombres. "Patricia salió del armario", dice Zenia, y se refiere al momento en que su novia se dio cuenta de que en realidad estaba enamorada de Zenia, y no de Álex.

"Ella ha visto crecer a Zenia durante 15 años, y nuestra relación iba mucho mejor cuando yo era mujer. Al principio pensó que no podría hacerlo pero, cuando le dije que estaba decidida, me dijo que me quería. Me quería como persona, y sabía que para ser feliz necesitaba ser mujer".


Médicos, arquitectos y camioneros se visten de mujer escondidos en un local, porque saben que sus mujeres no lo aceptarían



Zenia y Patricia siguen siendo novias. También la aceptaron sus ex compañeros de la construcción e incluso algún pariente de extrema derecha. Curiosamente, sus cuñados hippies son los únicos que no la quieren ni ver.

"Son naturistas, nudistas y les gusta todo ese rollo de la ayahuasca. Lo último que sé es que van a darle abrazos a Amma, la india gurú sanadora; y yo me pregunto por qué no me abrazan a mí, que hace un año y medio que no los veo. Teníamos una relación muy intensa, pero ahora son los únicos que no me quieren. Son los únicos raros", dice.


Cuando le dije a Patricia que estaba convencida, me dijo que me quería



Ahora que ha vencido a todos los elementos, Zenia no está para tonterías. Su pasado le ha dado muchos problemas, pero también le ha dotado de una dureza que aún conserva, y la dureza puede ser muy necesaria para combatir la intolerancia.

"Estoy deseando encontrarme al típico machista para ponerle en su sitio: le haría enfrentarse a una mujer que es un poquito más fuerte que el resto de mujeres, y a ver si puede con ella". 

Zenia rompe todos los prejuicios de género: le gusta jugar al futbolín, como cuando era un hombre; porque lo realmente femenino no es un rol social, ni una manera de hablar o de vestir: la feminidad es sentirse una mujer. Y ella está dispuesta a enseñárselo a quien no lo entienda.

"Al poco tiempo de hacer el cambio, me llamaron 'maricón' por la calle. Me giré, fui andando hacia ese tío y le pregunté cuál era su problema con los maricones. Le intimidé, se asustó y entonces me fui; pero yo no puedo ir dando lecciones a base de hostias. He sido un hombre agresivo con un pronto callejero, y también soy una mujer impetuosa. La diferencia es que ahora soy feliz".


Me miran, pero lo importante es que me respeten. Y lo hacen.






Tiene 39 años y los dos brazostatuados desde la muñeca hasta el hombro; se llama Zenia y es unamujer transexual, feliz y orgullosa.

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