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Historias

Cuando comer es un deporte: los 7 estómagos humanos más increíbles del mundo

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¿Por qué no considerar las competiciones de comida como cualquier otro deporte de resistencia extrema?

Natxo Medina

12 Junio 2014 13:40

En un episodio de “Man VS. Food” Jeremy Payne le dice a Adam Richman: “Come. Tú solo come. No respires, no pierdas el ritmo”. Payne le está dando consejos para acabar con la Sasquatch, una hamburguesa gigante. Cuenta con solo una hora para comerse 3,5 kg de carne con guarnición. En la historia del restaurante, sólo cuatro personas lo han conseguido. Adam lo intenta, pero no lo consigue.

El programa de televisión “Man Vs Food” es una de las muchas representaciones audiovisuales de esa fascinación que nos produce ver a gente forzando al máximo sus límites físicos, un arte que llega a su más grotesca expresión en los concursos de comida que se organizan por todo el mundo desde que en 1972 un par de relaciones públicas decidieran montar el primer Nathan's Hot Dog Eating Contest en Coney Island. Hoy el circuito de competiciones de comida ha dado pie a una liga internacional. También se ha convertido en un negocio televisivo millonario.

Si tienen una gran audiencia, una estructura oficial de federaciones, patrocinios de miles de euros y participantes que llevan a cabo duras rutinas de entrenamiento, ¿por qué no considerar las competiciones de comida como cualquier otro deporte de resistencia extrema? ¿Acaso no es la misma fascinación ver a un tipo masticar 10 kilos de alitas de pollo que observar como Kilian Jornet se hace cuatro ochomiles corriendo y sin pestañear? Tal vez no sea tan poético, pero los profesionales de la competición de comida no dejan de repetir que lo más importante en su disciplina es la fortaleza mental. Hasta el punto de que algunos de los más pros se han llegado a someter a sesiones de hipnosis para mejorar su rendimiento.

Viendo este tipo de desafíos nos preguntamos, ¿podrá ese tío realmente hacerlo? Las competiciones brutales también nos gustan porque las entendemos de forma instintiva. Hoy, con los emprendedores y los triatletas como figuras heroicas, todos tenemos que esforzarnos al máximo cada día. Luego está el marketing omnipresente, el lenguaje de la publicidad y el máximo impacto llevado al terreno del exceso y el deporte espectacular, que, como dice George Shea, presentador del Nathan's , “no tiene ningún valor intrínseco pero es muy poderoso”. Como poderosos son los estómagos de estos superhéroes de la pitanza. Atentos.

Joey Chestnutt

Es el jefazo indiscutible de los tragones mundiales. Y uno de los pocos que puede vivir holgadamente con los 150.000 euros al año que se saca entre premios de competiciones y apariciones estelares. Desde que derrotó al gran Kobayashi en 2007 ha ganado cinco años seguidos el Nathan's Hot Dog Eating Contest, y es su indiscutible favorito. Sus hazañas son legendarias: comerse 103 hamburguesas en 8 minutos, 141 huevos duros en 10 minutos, un pastel de 4 kilos en 10 minutos, 70 bratwurst en 10 minutos... O toda una comida de Acción de Gracias para el sólo.

Tim “Eater X”

El auténtico Último Guerrero de la comida nació Tim Janus, pero cuando se pone su máscara se convierte en el temible Eater X. Una bestia capaz de romper el record mundial de comer tamales, con la friolera de 71 en 12 minutos. También ostenta el récord mundial de comer tiramisú, y los medios oficiales lo señalan como “el futuro de la competición de comida, por estilo, actitud y habilidad”.

Takeru Kobayashi

Como todos los deportes, en la competición de comer también hay historias trágicas. Kobayashi, que durante muchos años fue campeón imbatible de comer perritos calientes y batió numerosos records mundiales, entre ellos 6 Guinness, se vio envuelto en una disputa contractual con los organizadores del Nathan's en 2010. El conflicto le valió un arresto y la pérdida de patrocinadores cayeron. Desde entonces Kobayashi no levanta cabeza, pero nadie le quitará haber inventado el “Kobayashi Shake”, una técnica para forzar la comida a través del esófago y que llegue más compactada al estómago.

Matt Stonie

Segundo en el ranking oficial mundial con sólo 22 años, Stonie es el más joven dentro de las grandes ligas, lo que no ha impedido que “Megatoad” se haya hecho un hueco desde su residencia en San Diego. Engullir un pastel de 3 kilos para celebrar su 21 cumpleaños o 268 gyozas en la Nisei Week de Los Ángeles el pasado agosto no son gestas tan llamativas como las que se marca en su canal de Youtube o el hecho de que el tipo esté tan delgado como está.

Juliet Lee

Nacida en China, cuando era pequeña sólo comía lo que podía pescar en su pequeña aldea costera. Aún así, su familia le decía que “una dama no debía comer tanto”. Después de instalarse en Estados Unidos y convertirse en profesora de universidad, se acabó desquitando de las restricciones familiares. También se convirtió en una de las pocas mujeres que a día de hoy han conseguido mantener el tipo en el circuito internacional, eminentemente masculino.

Crazy Legs Conti

Más brillante como entertainer que como competidor, aunque también con un apetito voraz, Crazy Legs ejemplifica la pasión por la comida de competición. Después de muchos años como fan, casi por casualidad empezó a competir después de una Super Bowl en la que consumió 34 docenas de ostras. Hoy tiene su propio documental “Crazy Legs Conti: Zen and The Art Of Competitive Eating”, y ha aparecido en Letterman haciendo lo que más le gusta, comer.

Eric “Badlands” Booker

Otro que también ha sabido moverse dentro de la industria del entretenimiento es este nativo de Coney Island, cuya apariencia es la única de la lista que se asemeja a la imagen mental que uno tendría de un comedor brutal: un tiparraco enorme. Booker completa los ingresos de las competiciones con un trabajo a tiempo completo como conductor de metro. También es rapero a tiempo parcial. “Es como ser un superhéroe”, contaba a The Atlantic. “De día eres Peter Parker, pero cada cierto tiempo te pones el disfraz de Spiderman, y haces tu movida”.

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